soy

Viernes, 11 de julio de 2014

De culo al mundial

Ahora que Brasil quedó afuera del Mundial, se puede hablar de otra cosa. Leandro Colling, doctor por la Universidad Federal de Bahía, coordina el proyecto de investigación de Cultura y Sexualidad, CUS, que en portugués significa “culo”. Con ese concepto como divisa analiza con SOY la situación en Brasil.

 Por Magdalena De Santo

En Brasilia, el culo redondo de Higuaín se mantiene sostenido por la mano firme de Mascherano que lo eleva por los aires. Mientras tanto, en Bahía un grupo de investigación en el seno de la Universidad Federal se abre de cantos y se afirma con un nombre polémico: CUS –en portugués culo–, siglas que abrevian la investigación en Cultura y Sexualidad del colectivo fundado en el 2007 que coordina Leandro Colling.

Culocultura

Evidentemente, si la palabra “culo” se mantiene impresa en los formularios de acreditación académica, algo parece indicar que la transformación cultural, al menos, en la universidad brasileña está empezando. En efecto: “Hay un verdadero boom de estas temáticas. A los encuentros o congresos de diversidad sexual van quinientas o mil personas. Esto se debe a que hay una verdadera ampliación de la universidad que se observa en el ingreso de personas lesbianas, gay y trans”, continúa Leandro Colling. La misma integración estaría ocurriendo con el fenómeno mundialista. “La Copa del Mundo no fue el desastre que algunos habían anunciado. Las protestas fueron mucho más pequeñas de lo imaginado. La comunidad lgbt aprovecha el Mundial, en cierta medida, al igual que el resto de la población, a pesar de que el fútbol sea visto como exclusivamente heterosexual, lo cual no es cierto. Gays, lesbianas y trans van a los estadios y, en particular, disfrutan de las fiestas en las calles del país.”

Sin embargo, aun cuando el reconocimiento de nuestras identidades empieza a esbozarse, la homofobia persiste. De eso da cuenta el alto número de crímenes de odio que tiene Brasil. En esta coyuntura, Colling no considera suficiente –aunque sí necesaria– la transformación legal. “Encuentro que actualmente el desafío para erradicar la homofobia, lesbofobia, transfobia se presenta desde el plano de la cultura. No bastan las leyes, ni combatir la opresión institucional, sino que parece necesaria una transformación cultural. Y el activismo de disidencia sexual es muy productivo para pensar las opresiones del campo cultural. No solamente porque trabajan con productos culturales como el cine y la literatura, sino porque trabajan con acciones directas en la calle, de confrontación con el pensamiento habitual de las personas que produce debate y reflexión.”

¿Qué tipo de acciones creés que pueden generar cambios culturales?

–Por ejemplo, tomando el activismo disidente de los últimos tiempos, en Chile, una bandera de la CUDS con un feto y la leyenda “el feto no es un ser humano”, o en Portugal, la acción de Las Panteras Rosas que pintaron de rojo un laboratorio porque la sangre de los gays no es incluida, me parecen acciones directas que impactan mucho sobre la subjetividad de las personas. Esto hoy lo encuentro muy importante.

¿Y qué eficacia política tiene ese tipo de intervenciones?

–Una acusación común a los estudios queer es que sólo sirven para pensar la cultura pero que no tienen incidencia en la política estatal. Yo no acuerdo en nada con esto.

Por eso pregunto ¿cómo afecta una perspectiva queer sobre la política estatal?

–Por ejemplo, que el culo sea tratado como órgano sexual por los profesionales de la salud es una necesidad que provino de los estudios queer. Esta política sexual no sólo es micropolítica, sino que se traduce en una macropolítica: se espera que el culo ya no sea considerado por la institución médica como órgano excretor, siendo que para muchas personas es el principal órgano sexual.

¿Vos te inclinás por acciones más bien pequeñas más que por cambios legales?

–Hay que entender que la micropolítica no es una cosa pequeña. Deleuze y Guattari lo dicen claro, no se trata de un impacto sobre una o dos personas, sino que es “micro” porque impacta en la subjetividad de las personas. En ese sentido se habla de “micro”, porque toca directamente a la singularidad de todxs lxs participantes.

Y yendo al nivel macro, de la política con mayúscula. ¿Cómo son las leyes brasileñas para la población lgbt?

–El matrimonio sólo es posible mediante el fallo del Poder Judicial, no hay ley, ni ninguna ley antidiscriminación de género y diversidad sexual. Hay una ley muy dura contra el racismo, pero de diversidad, nada. Vivimos en un momento muy difícil para la diversidad. Existía un plan nacional para personas lgbt. Ahí se juntaban muchísimas personas en Brasilia para definir políticas públicas que, lamentablemente, nunca se implementaron. Por ejemplo, Dilma quitó un proyecto de materiales didácticos contra la homofobia. Se detuvo porque lo acusaban de hacer “propaganda”. Y, sin embargo, era liviano, no representaba una verdadera disidencia. Pero por lo menos era algo... Esta decisión fue tomada por la presidenta bajo la presión que ejercen los diputados evangélicos del Congreso Nacional.

¿Eso se traduce concretamente en violencia física para nuestra comunidad?

–Sí, la Secretaría de Derechos Humanos de la República dejó disponibles las cifras: cada semana hay 5 o 6 personas asesinadas por crímenes de odio, sobre todo personas trans. El otro día un padre mató a su propio hijo porque no se comportaba como un verdadero hombre. Asesinó al chico por esto.

¿Entonces la tasa de crímenes de odio está en aumento simultáneamente con el boom de la temática lgbt en las universidades?

–Efectivamente, hay un verdadero aumento de la homofobia y gran parte del movimiento activista LGBT, vinculada con el partido del poder, no hace las denuncias suficientes. Esta es mi mayor crítica al activismo brasileño: están silenciando en gran medida lo que ocurre. Yo no conozco ninguna denuncia en las cortes internacionales por estos crímenes de odio, ni tampoco en la Corte Interamericana de DD.HH. (como fue el caso de la chica trans en Ecuador a la que se le negó su cambio en el documento por razones religiosas). Y la violencia religiosa está creciendo mucho.

Ya sabemos que los evangélicos patologizan la homosexualidad, pero en candomblé ¿cómo es?

–El candomblé es una religión en la que no hay Vaticano, no hay una doctrina, no hay una biblia. Esto hace que el candomblé sea muy diverso. No se puede decir “El candomblé es” porque sería muy totalizante. Es una religión organizada por casas y cada una es autónoma. No hay una estructura jerárquica entre las distintas casas, sí en el interior, porque cada casa tienen su mai o pai, que son las personas más importantes. Y hay casas donde la diversidad de género y sexual es muy respetada.

¿Hay personas abiertamente homosexuales que son mai o pai?

–Sí, sí, sí, ¡hay muchos! Hay casas donde la mayoría son personas trans. En los suburbios, sobre todo. Hay casas de Salvador en las que hay muchas travestis. Incluso hay un lenguaje específico de las travestis: el vocabulario que ellas usan muchas veces proviene del yorubá, que es la lengua hegemónica del candomblé, una lengua africana. Y, por ejemplo, para decir “ahí está la policía”, las chicas trans dicen “alibá”.

Compartir: 

Twitter
 

Imagen: Sebastián Freire
 
SOY
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.