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Viernes, 1 de agosto de 2014

ENTREVISTA

MUSEO DEL CHISME

Sergio Company hoy es panelista de La jaula de la moda. Fue también parte de Intrusos, de Indomables con Roberto Pettinato, de Rumores con Carlos Monti y Susana Roccasalvo y de tantos programas que apenas puede recordarlos a todos. En conversación con Soy, hace un paneo del mundo de la moda visto por un mosquetero del chisme, un análisis desde adentro del puterío.

 Por Adrián Melo

Es eléctrico, lleno de energía. Apenas me ve, me dice que cree conocerme (“Cuando veo una cara, jamás la olvido”). Al fotógrafo le dice que si tiene esa cara de c... no piensa posar (“El que ataca primero, ataca mejor”, aclara). Mientras posa, pide que le retoquen las fotos “si no, parezco Ante Garmaz en el ’98”. Luego me amenaza burlonamente con una carta documento si publico alguna mala palabra. Detrás del personaje, Sergio Company se emociona (“no lloré, es mentira señora, es una basurita que me entró en el ojo”), se confiesa hombre de grandes amores (“Se tendría que ir medio país si hablo. ¿Ya estás grabando? ¡Qué h... de p...!”), y que hizo de todo: viajó por el mundo, se tiró desde una catarata, anduvo en helicóptero, se codeó con Geraldine Chaplin, fue a un cumpleaños de Gloria Swanson, conoció a Katharine Hepburn y hasta se dejó crecer el pelo y vivió dos años en un bosque como un hippy, en donde se hizo amigo de una comadreja. En definitiva, confiesa que ha vivido.

La moda siempre ha sido un espacio paradigmático en donde los gays desplegaron y pudieron manifestar –aun en épocas difíciles– sus deseos, sus esperanzas, su brillo y su glamour, sus ganas de ser otro y su admiración por las divas. De moda se trata el último proyecto en que se encuentra Company.

Y hoy, en La jaula de la moda, ¿cómo es la experiencia de incursionar, de opinar y de criticar el mundo de la moda?

Es una hijaputez, así te lo digo. Los de la moda me van a matar, yo te voy a decir algo: todos dicen que el mundo del espectáculo es cruel. No, se equivocan. El mundo de la moda es diez veces más cruel. Porque en el mundo del espectáculo las vedettes se pelean, se tiran de los pelos, se hacen zancadillas. En el mundo de la moda todo es por atrás... sonó rara la frase, ¿no? (risas). Nadie habla de frente, son todos muy sonrientes. Es un ambiente muy glamoroso porque hay gente divina, pero cuando te das vuelta 87 cuchillos pueden caer sobre tu espalda.

¿Y cómo te defendés de un medio tan hostil?

Como hace años que estoy en el medio, a todos les conozco el ojal. Llevo 22, 23 años en esto. Yo no miento y no me interesa mostrar nada que no sea. En la moda existe eso. Y como les conozco el ojal, cuando me ven a muchos se les frunce el ruedo. Además me preparé: hice dos cursos sobre diseños de moda porque quiero utilizar el vocabulario específico. Siempre hay que ponerse en autos sobre las cosas de las que va hablar. Si hay que criticar, hay que tener una base desde la cual criticar. Si no, es una crítica vacía. Yo vengo y te puteo y eso no significa nada, ya ni siquiera prensa. Ahora yo te puteo y te justifico esa puteada, ahí hay que escuchar.

Se puede decir que sos histórico en los programas de chimentos. Trabajaste con todas y con todos. Hagamos un recorrido por tu trayectoria.

Uy, trae mucho café y dos camas (risas). Empecé en Utilísima en un programa que se llamaba La casa que conducía María Muñoz, que ya no está. En esa época estudiaba teatro, estudiaba arquitectura, estudiaba escenografía. Hice muchas cosas en la vida. Cursos de arte en París, de antigüedades en Montevideo. No son títulos, no son carreras. Yo no hago las cosas para dedicarme a ellas. Si estudio carpintería, no es para ser carpintero sino para saber qué cosas se pueden hacer con la madera. Luego empecé Intrusos, soy del Intrusos original. Con Viviana Canosa, Luis Ventura, Marcela Coronel y yo. Estuve un año y unos meses. Después el programa devino en otra cosa...

¿Por qué te fuiste de Intrusos? Se habló mucho en su momento...

A mí el chimento por el chimento en sí nunca me divirtió. Me divierte el chimento del estilo “uh se cayó por la escalera”, “va a hacer un viaje”, “se compró un coche”, “va a tener un hijo”. Ese chimento me divierte. En general con el que todo el mundo tiene prejuicios es con quién c... éste, con quien g... el otro. Y yo no tengo esos prejuicios, y como no me importa, no me interesa, no me resulta agradable saberlo. No me mueve interesarme por la vida íntima de las personas famosas, ni de la mía, ni la de los demás. Cada uno tiene la que tiene y punto. Ese morbo no lo entendí nunca. Como el programa derivó hacia la vida íntima de los famosos, Jorge dijo que yo no entraba en el esquema y me fui. Se dijo que nos habíamos peleado, pero no es cierto.

¿Cómo conciliaste esta forma diferente de hacer periodismo con una concepción diferente de la intimidad que parecen manejar los programas de chimentos?

Mirá, si vos me hacés una nota, preguntame lo que quieras. Pautar una nota es de gente insegura. Todos tienen el derecho de decir “no tengo ganas de contestar”. Y no pasa nada. En los programas de TV, ¿dará menos rating contestar así? Puede ser, pero no veo que nadie lo intente. Todos contestan o se enojan.

Fuiste durante muchos años el escenógrafo de Mirtha. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con ella?

Antes de ser el escenógrafo de Mirtha hice la escenografía de una obra de teatro que se llamaba Gay.com, mirá qué divertido para la revista. Ventura me llamó. De Mirtha se han dicho tantas cosas. Y yo estuve 18 años trabajando con ella, pero la conozco de antes. Cuando me llamó para trabajar casi me desmayo. ¿Qué va a querer, cómo es trabajando? Porque hay grandes leyendas sobre Mirtha. No soy el más adecuado para hablar de la leyenda de ella, porque si es por mi experiencia, son todas mentiras. Porque se dice: “Ella mandó a echar”, y nunca en 18 años escuché que ella le dijera a alguien “échelo”. Sí escuché a productores decir: “Ella no te quiere”. La única vez que me pidió fue la primera vez que trabajé con ella y que quería un decorado rosa, que era su color favorito porque es uno de los que mejor fotografiaban en la época del blanco y negro. Celeste y rosa dan distintos matices de negros y de grises. Quería un decorado rosa que Tinayre nunca le había hecho. El decorado tenía un chiste y una mentira. Ella lo veía rosa, pero al aire salía lila por un tema de lucecitas. Nunca se enteró y espero que no se entere ahora. Chiquita: no leas esta nota. Y siempre me decía: “La gente lo ve lila por la tele”. “Ay, no sé por qué”, le contestaba. Y vos ibas al piso y se veía rosa. Yo no quería que se viera rosa. Creo que justamente para eso uno estudia. La gente en la TV ve cartón pintado. El punto es qué cartón pintado.

Creo que voy a hacerte llorar otra vez. Condujiste parte del último desfile sobre Jorge Ibáñez, Desde el cielo; era tu compañero de trabajo en La jaula. Si tuvieras que elegir un recuerdo entrañable sobre tu amistad con él, ¿cuál sería?

(No puede contener el llanto. Solloza largos minutos) A Jorge lo conocí hace 23 años. No es un amigo del ambiente. Era un amigo de la vida. Jorge era amigo de mucha gente. Con Jorge me reí, viví millones de cosas, imaginate... 23 años. Y nunca pensé que iba a tener que hablar de él así, nunca pensé que iba a tener que escribir cosas de él, ni ir a su último desfile (se quiebra). Y no lo puedo superar y hay cosas que me lo recuerdan constantemente, y a mí me gusta negarlo porque siempre pienso que va a volver a entrar por esa puerta y me va a decir una esas frases recurrentes como las que decía él: “El amor pasa, pero Gucci es para siempre”, y me voy a seguir riendo. No lo puedo superar. Jorge era... (vuelve a quebrarse) teníamos una concepción de la vida muy parecida, con él siempre todo era fantástico, ir a comer, todo. Era una luz, juntos éramos dos bobinas de energía. Tengo una anécdota muy linda con Jorge. Yo tenía un amigo de años, un día se lo presenté a Jorge. Y al cabo de un tiempo ellos se hicieron amigos y les dije: “Me encanta que sean amigos porque se llevan mejor ustedes dos que yo por separado con cada uno de ustedes”, y siempre nos acordamos de eso. “¿Me cambiaste por Jorge?”, le decía en broma a mi amigo. Por favor, siempre éramos tres.

Creo que sos uno de los más adecuados para enumerar dos o tres chismes históricos del espectáculo.

Chismes históricos... ay, siempre con preguntas complicadas vos. Hay versiones, mentiras y chimentos, e información privada sobre las personas públicas. El cachetazo de Libertad Lamarque a Eva Duarte, que muchos afirman que existió y ella lo negó. El escape en el baúl del auto de Susana de Cacho Castaña, que ninguno negó. ¿Cómo cayó Alejandra Pradón del balcón, fue del primero o del séptimo? ¡Misterio eterno! Creo que un momento muy escandaloso en televisión fue cuando ese chico (Alex Freire) desafió a Mirtha diciéndole: “Tengo sida, tomá de mi vaso”.

La jaula de la moda. De lunes a viernes de 14.30 a 16, por Magazine

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