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Viernes, 23 de octubre de 2015

LAS CHICAS SOLO QUIEREN DIVERTIRSE

Este año, aprovechando que se cumplen 30 de la aparición de las muñecas más glamorosas y rockeras de los 80 hasta hoy, se lanzó una nueva versión en formato comic de Jem and the Holograms. Esta vez la libertad que caracterizaba a estos personajes desde los peinados raros hasta sus gustos musicales se extiende a la diversidad de siluetas, al modo en que se encaran amores lésbicos, entre otros hallazgos. Una de sus autoras, la historietista Sophie Campbell, con amplia trayectoria en producciones queer, hizo pública su transexualidad en íntima relación con la historia que transcurre en la ficción.

 Por Maia Debowicz

Cuando la empresa de juguetes Mattel confiaba en que las niñas jugarían hasta el fin de los tiempos con Barbie, Hasbro, su principal competidora, lanzó en 1985 las primeras muñecas rockeras de la historia: Jem and the Holograms. Las chicas de plástico que coloreaban sus cabellos como si fueran cupcakes no buscaban casarse con un príncipe; lo único que querían era triunfar en el mercado de la música. Mientras Barbie se hacía baños de crema para tener su pelo más suave, Jem y sus compañeras de banda lo batían con peines de cotillón. Melenas violetas, turquesas y verdes: colores que la clásica muñeca estadounidense nunca se animaría a usar. Joe Hyland (director de marketing de Hasbro), su mujer –la escritora Barbara Hyland– y el director de arte Bill Sanders, los encargados de conquistar ese nuevo mercado, no se conformaron con que los packaging de Jem and the Holograms incluyan guitarras y baterías como accesorios en vez de zapatos y carteras, también buscaron diferenciarlas fabricándolas más grandes. Esa pulgada extra impedían que las muñecas de Hasbro pudieran pedirle prestada la ropa a Barbie. Otra novedad fue la inclusión en los estantes de la juguetería de las rivales de Jem: The Misfits. Un grupo de rockeras más pesadas que sembraban el caos arriba y abajo del escenario. Así como también un muñeco varón que tenía el pelo largo hasta la cintura. El slogan para promocionar a lxs rockerxs era: “Con el tremendo crecimiento de los videos musicales y su enorme influencia en la juventud de hoy, Hasbro ha desarrollado a Jem: una nueva muñeca siempre a la moda, una despampanante rockstar”. Pero nada era suficiente para competirle a Barbie: en esa época el segundo publicitario televisivo era tan caro que a las empresas les convenía más producir una serie de animación de 22 minutos que un spot publicitario de 3. Lo que comenzó como una estrategia comercial derivó en un éxito artístico gracias al talento de la guionista Christy Marx, a la diseñadora Paula La Fond y al productor y director de los videoclips Will Meugniot. Los personajes que vivían en las jugueterías dejan de ser solamente nombres y peinados raros para revelarse como personajes atravesados por el drama: la orfandad, las responsabilidades de la vida adulta, los obstáculos en el camino profesional, la competencia feroz en el mundo de la música (retratada en el enfrentamiento entre The Holograms y The Misfits). Pero el melodrama también se permitía la fantasía: Jerrica (la protagonista de la serie) contaba con Synergy, un hada madrina computadora, que transformaba a la chica tímida en la rockstar Jem. Los 65 capítulos, que duraron en pantalla 3 temporadas, profundizaban el espíritu rockero que prometían las muñecas dentro de las cajas: si bien el amor de pareja era importante en las vidas de las protagonistas de la serie, la profesión siempre estaba primero. Las giras, los recitales, las grabaciones en estudios, los compromisos sociales y las firmas de autógrafos no contemplaban ninguna distracción. Como buena hija de la generación MTV, la serie contaba con la novedad de incluir vídeo clips musicales. Provocando que los niños no solo siguieran las aventuras diarias de Jem and the Holograms y The Misfits, sino también las carreras artísticas de ambas bandas. Ante el éxito de Jem, los dueños de Barbie no se quedaron de brazos cruzados y le dieron a la rubia su propia banda de rock: Barbie and the Rockers, y una película de dibujados animados. Pero lo que Jem llevaba en las venas, para Barbie era solo una pose. No dejaba de ser la misma muñeca de siempre intentando ajustarse a la moda. A pesar de las batallas perdidas, Mattel finalmente logró su objetivo: en 1988 la serie de animación Jem and the Holograms se despidió del aire en su pico álgido de popularidad como consecuencia de la cancelación de la línea de muñecas. Uno de los motivos, reconocidos por la empresa,reside en que Jem no podía compartir la ropa con Barbie por ser una pulgada más grandes. El triunfo de Barbie no fue absoluto, Jem nunca colgó la guitarra porque siguió cosechando fanáticos. Las antiguas muñecas cotizan cada vez más en el mercado coleccionista, la edición en dvd de la serie completa se ha vuelto un artículo muy buscado, y el lanzamiento en 2012 de una serie limitada de nuevas muñecas que se agotaron en el acto, son buenos ejemplos de que Jem se convirtió en leyenda. 

En su cumpleaños número treinta, Jem and the Holograms resucita como Boris Karloff en La momia, en forma de película e historieta. De la adaptación cinematográfica que se estrena en breve poco hay para decir: un director con poca imaginación como Jon M. Chu, un encare ultra conservador en donde Jem es simplemente una aspirante a popstar, y la exclusión deliberada de cualquier elemento glamoroso y fantástico. La ausencia de Synergy en el reparto confirma que el único interés de los productores se reduce a explotar una franquicia. Distinto es el caso de la historieta creada por Kelly Thompson y Sophie Campbell. La obra que debutó en abril de este año es fiel al espíritu de la serie animada (la rivalidad entre las dos bandas sigue intacta y la presencia de la fantasía es tan fundamental como la de los video clips) y sorprende por su mirada provocativa y desprejuiciada para la industria del cómic estadounidense. En los siete números que fueron publicados por la editorial independiente IDW presentan a las integrantes de Jem and the Holograms y The Misfits como nunca las vimos antes: mientras en la serie las siluetas de los personajes eran talle único, en esta nueva versión van del small al XXL. La historieta no solo es diversa en etnias y anatomías, sino también en la sexualidad de las chicas rockeras. Las autoras salen del modelo clásico “chica busca chico” para proponer uno de “chica encuentra chica”. La historia lésbica está protagonizada por una integrante de The Holograms, Kimber, y por una integrante de The Misfits, Stormer. Las estrellas de rock se besan a escondidas entre recitales y peleas con la compañía discográfica Starlight Music. Lo más llamativo es que el motivo que las fuerza a mantener su historia de amor bajo llave nada tiene que ver con el hecho de que sean lesbianas. El tono melodramático reside en que las bandas se odian tanto como las familias Montesco y Capuleto, pero en este caso no hay ningún Romeo. Es en ese punto donde la nueva generación de las cantantes cobra doble valor: la diversidad sexual no está manifestada como un tema a ser discutido, sino que está naturalizada como parte de la vida cotidiana. No existen los anuncios con pancartas, las charlas íntimas donde el personaje pide permiso para amar a una chica en vez de a un macho. Mientras que Kimber es apoyada por sus compañeras de banda, Stormer padece las críticas y prohibiciones de Pizzazz, la líder de The Misfits. La película y la historieta basadas en Jem and the Holograms, ambas dirigidas para el público infantil y adolescente, no solo no se asemejan en nada, sino que están paradas estética e ideológicamente en veredas opuestas: como lo estaban Barbie y Jem. 

El planeta de los 1000 cuerpos

Este tipo de personajes femeninos no nacieron de un repollo, una larga tradición de mujeres con carácter las respalda. En los años 40, la Mujer Maravilla, superheroína que duplicaba el vigor de un hombre, peleó contra toda clase de villanos, incluyendo a Hitler y Mussolini. Su belleza era clásica, pero su actitud era de vanguardia, teniendo en cuenta que habitaba un producto mainstream. La historieta de la Mujer Maravilla fue la primera historieta queer, ya que la dama musculosa vivía en una sociedad formada exclusivamente por mujeres (las amazonas), donde sogas, látigos y fustas eran utilizados en alegres juegos sexuales. Tres décadas después, Jack Kirby le dio vida a una superheroína muy distinta a la curvilínea Mujer Maravilla: Stompa, tenía un cuerpo cuadrado, gigante; con piernas de elefante que es adicto al gimnasio. La justiciera no estaba diseñada para calentar a los lectores masculinos que soñaban con tener a Batichica entre sus sábanas. La temible Stompa no solo le quebraba los huesos a los malhechores, también rompía los parámetros de belleza convencionales. Ponía en crisis el rol de la mujer dentro de la historieta como lo hizo William Moulton Marston al crear la Mujer Maravilla, pero proponiendo, además, una nueva construcción de lindura. Lo mismo ocurre con sus compañeras: las Female Furies (las Furias Femeninas). Integrado por la enorme y poderosa Big Barda, que ostentaba el honor poco habitual de ser más fuerte que su marido superhéroe. Lashina, envuelta en látigos de cuero negro, y Mad Harriet, una mujer madura poseída por un frenesí mortal. Una década más tarde, los hermanos Hernandez tomaron la posta cuando invadieron su historieta Love and Rockets de muchachas punks rellenitas y de pelo corto. Todas estas mujeres, de personalidades fuertes e independientes, y siluetas variadas y exuberantes, construyeron los cimientos de papel sobre los que Sophie edificó sus personajes femeninos. Jem and the Holograms, como sus anteriores historietas, presenta a un surtido de anatomías: gordas, pulposas, petisas, morrudas, pero también flacas, altas, y de abdomen rígido. La autora estadounidense esquiva el fetichismo llenando la página de tantos tipos de cuerpos como colores en una bolsa de papel picado. Si en las historietas de Jack Kirby las mujeres de belleza exótica funcionaban como una anomalía, en las de Sophie pasan desapercibidas porque ella logra romper con la excepción para hacerlas reglas en su universo. En ese universo conviven no solo distintas clases de cuerpos, sino también diferentes etnias: un arco iris de tonos de piel. Pero no solo dinamitó el canon de belleza en la ficción, también lo hizo en la vida real: los disfraces de los cosplayers ya no se reducen a talles pequeños, a delinear cinturas de avispas. Están dirigidos a chicxs con colas acolchadas; con glúteos que se sacuden y bailan al caminar. Una tela que no intenta esconder los pliegos que produce la piel cuando el cuerpo es generoso de grasa, sino que la exhibe con orgullo. Así como no hay límite de talle, tampoco hay límite de género a la hora de usar el traje de tu personaje favorito: un fanático varón de la historieta de Jem se caracterizó en la última Comic-Con de Nueva York como Pizzazz, el personaje preferido de Sophie, usando una peluca verde, y tiñendo su barba del mismo color. La autora expresa su entusiasmo retwitteando las fotos que les mandan los cosplayers, transmitiendo a través de las redes sociales cómo un simple disfraz nos puede hacer sentir como un imbatible superhéroe. 

Mirarse en el papel

La historieta de Jem and the Holograms marcó un antes y un después en la vida personal y profesional de Sophie Campbell. Las aventuras de Jem y su banda cruzan la identidad sexual de su autora, quien hasta el momento había firmado con el nombre de varón que le eligieron sus padres. En el primer número publicado Sophie se presentó todavía como Ross Campbell, nombre con el que siempre se lo conoció en el mercado de la historieta. Mientras Jerrica se alejaba de su actitud apocada cuando tomaba la forma de Jem gracias al poder de Synergy, Sophie concluía el tratamiento de cambio de sexo. Las transformaciones sucedían dentro y fuera del papel. En el número dos la autora firma por primera vez como Sophie Campbell, luego de compartir su historia en Twitter. “Estoy con hormonas ahora mismo, supongo que es el momento de salir. Seré Sophia, Sophie para abreviar”, les anunció a sus seguidores, quienes le demostraron su afecto y apoyo. De esta manera, la autora combatió los prejuicios en la ficción y también en la vida real. A partir de que hizo pública su condición de mujer trans, la editorial IDW tuvo el gesto notable de reemplazar Ross Campbell por Sophie Campbell en las reediciones de sus antiguas obras. En la historieta es moneda corriente que los personajes luchen entre cómo se ven y cómo les gustaría verse: Bruce Wayne y Batman, Peter Parker y Spider-Man, Hal Jordan y Linterna Verde. Sophie, al igual que su personaje de ficción Jerrica, también se permitió ser quien era.

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