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Viernes, 21 de noviembre de 2008

¿Discriminar es humano?

 Por Nati Menstrual

Recuerdo un fin de semana que me fui a bailar a una disco que se llama Angels, que queda enfrente de la Morgue Judicial (qué folklórico). Cuentan algunos que donde está emplazada la discoteca estaba la antigua morgue, y hay quien asegura que algunas almas en pena que no han cruzado la luz caminan por el recinto discotequero; juro que vi algunos fantasmas bailando embebidos en maquillaje sobre los parlantes y también divisé dos travestis revolcándose en el suelo, demostrando su hombría oculta tras tacones de acrílico con ferocidad imparable. Los de seguridad corrieron a separarlas y el público, fascinado, reía y festejaba la danza de silicona industrial y silicona en bolsa. Siguieron su lucha a través de las escaleras, rodando como dos bolas de maquillaje y dudoso glamour. Los patovicas lograron separarlas y pude escuchar los reclamos de las dos luchadoras:

–¡Hija de puta, sos una travesti pelada!

–¡Y vos, una travesti sin tetas!

Se tiraban flores de lo lindo. Una no tenía pelo, falencia que tapaba con un pelucón que en el entrevero algún maricón rápido se había llevado y seguramente se estaría probando, chocha, escondido en el baño. Y la otra no tenía tetas, falencia que suplía con relleno. Anécdota que me hizo reflexionar sobre situaciones que no entiendo. Vamos a las marchas unidas para intentar ser aceptadas, desplegando banderas y cantos reivindicativos, pero la realidad es otra, aunque a veces juremos que no la vemos. Los putos no se bancan a las travas, en muchos boliches de lesbianas los gays directamente tienen la entrada prohibida, salvo que sean íntimos amigos de alguna conocida, las travestis con tetas se ríen de las destetadas, las que tienen siliconas caras de las que tienen sólo aceite industrial, el puto concheto del puto grasa, el activo del pasivo, y así vamos... unos contra otros sin piedad, con una actitud Blumberg donde sólo vale la justicia y la tolerancia para uno mismo, y el otro... que se cague.

Pero es una historia demasiado conocida. A saber: Boca contra River. Turno tarde contra turno mañana. Séptimo A contra séptimo C. Blancos contra negros. Feos contra lindos. Judíos contra cristianos. Moria contra Susana, etcétera. Ahora, digo yo, si nos diéramos cuenta de una vez por todas y nos fuéramos a Plaza de Mayo todos los que alguna vez nos sentimos discriminados, seguro sería una marcha superexitosa. Yo discrimino. Tú discriminas. Hagamos una marcha todos juntos con la mano en el corazón, a ver si de una vez por todas nos damos cuenta de que la tolerancia, aunque cueste entenderlo, nos lleva a mejor puerto.

La editorial Eterna Cadencia acaba de publicar Continuadísimo de Naty Menstrual.

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