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Viernes, 6 de marzo de 2009

PRIMER AMOR

Amor de escritura

 Por Facundo Nazareno Saxe

El primer amor que alguna vez construí, hoy en día me causa gracia. O ternura. Un amor de poetas. De creadores. Un adolescente que estudiaba en la universidad y apenas sabía quién era. Ese era yo. La magia de la distancia y el ciberespacio hicieron el resto. Del otro lado, Andrés. Nos escribimos durante un mes y medio. Con mil miedos, me fui desnudando, compartiendo. Sólo por mails, emulando los amores por carta, la novela epistolar. Me enamoré de algo que yo construí. Como siempre, dijo una amiga, los amores que comienzan en la mente de uno, o por mail, nunca terminan bien.

Yo no sabía quién era ni qué quería, pero algo tenía claro: yo iba a viajar, quería conocerlo en persona. Me había enamorado de su escritura, de todo lo que yo apenas entendía, pero estaba ahí, latente. El mes y medio de mails casi diarios pasaron. Y fui. Lo pasé a buscar por el trabajo, me llevó a su casa, me besó, lo besé y pasé mi primera noche con un hombre. Una de las experiencias más plenas de mi vida.

Por supuesto, una vez que perdí mis miedos, una vez que descubrí quién era, quise más, mucho más. Pero él no era la persona que yo necesitaba. El me había amado, pero a su manera. El quería iniciarme en un mundo que yo no conocía. Pero no quería nada más. Lo que yo vi como promesas fueron palabras en el viento. Nunca fui la virgen inocente y abandonada. Sabía lo que él quería y estaba dispuesto a entregarme en cuerpo y alma. Es que yo creía amarlo. Amar su escritura. Creo que las palabras son mi debilidad. Lo vi dos veces más, una vez en su casa, otra en la mía. Supe de las mentiras y de las promesas y de los engaños. Enloquecí y me convertí en un amante demandante de alguien que no existía. Un hombre que fue creado en la realidad de mi mente y su cuerpo. Un buen tiempo tardé en dejar de odiarlo. Pero comprendí un poco. Y agradecí mucho. Después vendrían otras cosas, otros hombres, otro amor que me transformó nuevamente en un amante obsesivo. Otro amor que olvidé. Porque un día el sueño de mi amor se convirtió en realidad. Y conocí a Cristian. Y estoy con él ahora. Y no tengo obsesiones ni imagino personas que no existen. Será que Andrés fue mi primer hombre y mi primer amor, el que me convirtió en un hombre de verdad, el que me abrió los ojos; pero Cristian, Cristian es mi amor real. La persona que me tranquiliza y me hace olvidar mis miedos y mis tristezas.

El hombre que me sonríe al hacer el amor. El amor que, más allá de lo que deparen nuestros destinos, es el amor de mi vida.

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