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Viernes, 26 de junio de 2015

CARLOS ALVAREZ NAZARENO PRESIDENTE DE LA AGRUPACION AFRO XANGO WWW.AGRUPACIONXANGO.BLOGSPOT.COM [email protected]

TRANSAFRICANISMOS

 Por Carlos Álvarez

Estados Unidos sigue dando innumerables muestras del racismo estructural, que en esta oportunidad se expresa en la violencia y la represión hacia los afroamericanos*. Durante los últimos días hemos sido testigos de la creciente violencia racista institucional, en manos de los agentes policiales de distintos estados, contra personas afro, sin distinción de género, edad o situación social. Pareciera que por estos días, nuevamente, “represión y muerte a los negros y negras” es el concepto que circula y legitiman las clases dominantes de la sociedad yanqui.

Esta avanzada explícita del racismo salió a la luz por los distintos medios de comunicación, mientras que el presidente Barack Obama habla más de armas que de racismo. Estos mismos medios de comunicación visibilizan y utilizan estas muertes en una coyuntura política de contienda electoral; sería importante preguntarse ¿cuántas muertes cotidianas de violencia racista han ocultado? ¿Cuántos afrodescendientes son víctimas de la represión, hostigamiento y maltrato y no salen en los noticieros? ¿Cuántos afro son encarcelados y mueren en pésimas condiciones y no salen en los diarios?

Asimismo, el tiroteo de la iglesia de Charleston que dejó nueve [email protected], a manos de un joven blanco de 21 años, no deja de sorprender y poner en el tapete los desafíos y frustraciones de la política antirracista y el control de armas en EE.UU. De nuevo un espacio religioso es víctima de nuevos atentados, de hecho –lamentablemente– de ese lado del Ecuador vienen creciendo la intolerancia religiosa y los atentados violentos contra templos de matriz africanista. Si bien no se producen masacres de exterminio en Uruguay, Brasil y ahora en Argentina, se han generado movilizaciones de denuncia y llamados al respeto y aceptación de los diferentes cultos de matriz africana.

Cuando hablamos de la “mutación del racismo” queremos dar cuenta también de la estrategia que quieren imponer las autoridades estadounidenses, denominando la masacre racista como “atentado de terrorismo doméstico” o respecto de los debates que giran en torno a la identidad racial de Rachel Dolezal, llamados por algunos “transracial” y por [email protected] “fraude”. Ambos temas ponen en tensión no sólo la identidad afro y el impacto del racismo, sino también la construcción de estereotipos e imágenes acerca del “otro”. Recientemente las agresiones sufridas por el soldado etíope-israelí reavivaron las manifestaciones contra el racismo que vivencian los judíos africanos en “la tierra prometida”.

También recuerdo el debate que se dio en la sociedad brasileña hace pocos años sobre la Ley de cupo para [email protected] afrobrasileñ@s en las universidades. Quienes se oponen a las medidas afirmativas preguntaron: ¿Cómo se iba a identificar a los y las afrodescendientes para evitar que los blancos puedan hacerse pasar por afros para acceder gratuitamente a la educación universitaria?

Estos rezagos de los efectos de colonialismo reavivan debates que deben necesariamente incorporar el complejo concepto de “blanqueamiento”, por ejemplo de los y las [email protected], ya que muchos de [email protected] lucen como Dolezal. Es por ello que el concepto “afrodescendiente” va más allá del color de la piel, lo que no significa usufructuar de una identidad sin el peso de la discriminación agravada que conlleva en distintos contextos ser [email protected], los efectos de la línea de color de que hablaba Frantz Fanon, la restricción de los derechos que imponen contextos y sociedades producto del racismo.

En suma, no se trata de naturalizar el racismo ni medir con un “negrometro”, sino sostener en nuestras conductas cotidianamente la inclusión y el respeto a los derechos de sectores históricamente vulnerados. Decile no al racismo.

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Imagen: y tapa: Sebastián Freire
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