turismo

Domingo, 4 de septiembre de 2011

HUNGRIA. BUDAPEST, LA “PERLA DEL DANUBIO”

París del Este europeo

La capital de Hungría, atravesada por el mítico Danubio, está considerada una de las más bellas del mundo. Mágica y señorial, la bien llamada “París de Europa del Este” supo preservar su suntuoso pasado imperial y asomarse al nuevo siglo, después de varias décadas de aislamiento, con un empuje renovador que sabe también poner en valor su historia.

 Por Mariana Lafont

“Budapest es la más hermosa ciudad del Danubio.” Así la define, lisa y llanamente, Claudio Magris en su libro El Danubio. Y está en lo cierto. ¿Qué más se le puede pedir a esta capital? Buda y Pest, el río mismo, puentes históricos, colinas, edificios románticos, la Opera y un aire de cuentos que la convierten en un sitio imperdible. En una suerte de festín arquitectónico, es posible caminar entre iglesias, castillos y monumentos de los más diversos estilos: medieval, barroco, clásico, romántico, renacentista, ecléctico y modernista. Hoy Budapest es la bellísima capital de un país cuya superficie (casi 100.000 km2) equivale a la de Catamarca, y donde viven menos de dos millones de personas. Si bien la mejor época es la primavera y el verano, Budapest se puede recorrer todo el año. Los inviernos son gélidos en estas latitudes, sin embargo, en vísperas de Navidad y Año Nuevo Budapest se llena de luces y, como en otras ciudades europeas, hay animados mercadillos navideños donde escuchar música, comprar cosas lindas y combatir el frío con un energizante vino caliente con aroma a clavo y canela. Además es un buen momento para ir a la Opera, que ofrece espectáculos como el clásico ballet Cascanueces. El espíritu de fiesta todo lo invade. En las calles hay vendedores de árboles navideños naturales (a nadie se le ocurre usar uno de plástico) y bastante movimiento pese a las bajas temperaturas.

El delicado Puente de la Libertad visto desde Buda. Al otro lado, en Pest, está el Gran Mercado.

HUNGAROS VAIVENES A pesar de los avatares históricos, el húngaro es un estoico pueblo que ha vivido en el centro de Europa por más de mil años y ha logrado preservar su patrimonio cultural. En el caso de Budapest, la ciudad es el resultado de la huella dejada por diferentes pueblos que pasaron a lo largo de los siglos. Pero para contar sus orígenes y su agitada historia, antes hay que hablar de tres ciudades: Obuda (antigua Buda), Buda (la ciudad alta en la orilla izquierda del Danubio) y Pest (la ciudad baja en la margen derecha). En la más antigua, Obuda, se han encontrado asentamientos de la Edad de Piedra y fue aquí donde tribus celtas se instalaron hasta la conquista romana en el siglo I a. de C. Los nuevos ocupantes la llamaron Aquincum, por la abundancia de manantiales, que muchos años más tarde harían famosa a Budapest como ciudad termal. Y al poco tiempo, surgió Buda como una nueva colonia romana.

El agitado nacimiento del pueblo húngaro se gestó en el 896 d.C. con la unión de siete tribus magiares. Este grupo étnico de Europa del Este, ancestro de los húngaros, derrotó a los romanos, se instaló en Aquincum –rebautizándola Obuda– y levantó Buda y Pest. Hungría surgió poco después como nación, en el año 1000, con la coronación de su primer rey, Esteban I. Pero dos siglos más tarde los mongoles invadieron y destruyeron Buda. Luego de ser reconstruida, el esplendor llegó en 1361 y duró hasta el siglo XV, cuando fue nombrada capital y reinó el gran emperador Mathias Corvino. Casi doscientos años después arribaron los turcos, convirtieron a Buda en su capital y vaciaron Pest. Sin embargo, no todo fue desastre: de esa época quedan los hamman, que aún hoy se disfrutan.

El dominio Habsburgo comenzó en 1686, cuando Buda floreció con la construcción de grandes iglesias, edificios y el mítico Puente de las Cadenas, el primer puente sobre el Danubio, inaugurado en 1849. Para ese entonces Europa estaba convulsionada: los aires de revolución no tardaron en llegar y los húngaros se sublevaron contra el imperio, pero fueron sofocados. Finalmente en 1873, ya en tiempos del Imperio Austrohúngaro, se unieron Obuda, Buda y Pest dando origen a Budapest, la segunda ciudad imperial después de Viena. Pero aún faltaban dos guerras mundiales, en la que Hungría primero se separaría de Austria, y luego perdería Eslovaquia, Rutenia, Transilvania, el Banato de Temesvar y Croacia. Finalmente sufrió los grandes bombardeos que destruirían parcialmente Budapest. Por último, al fin de la contienda, el país cayó bajo la esfera del poder soviético hasta 1956. Sin embargo, recién en 1989 –con la caída de la URSS– Hungría abandonó el comunismo, nació la actual República Húngara y en 2004 pasó a formar parte de la Unión Europea.

Hermosa vista de Buda y su casco antiguo desde Pest.

ALTA BUDA Budapest cambia de día y de noche: por lo tanto, si puede visite todos los lugares en los dos momentos del día. No se arrepentirá. Por ser una ciudad bastante compacta, es fácil de recorrer. Cada parte tiene lo suyo. Mientras Buda parece una maqueta de cuento y su casco antiguo con calles adoquinadas es un viaje al pasado, en la dinámica Pest hay mucho para visitar. Un recorrido debería empezar en Pest, admirando el Danubio y la vecina Buda con su colina, el castillo y la iglesia gótica de Matías. Cruce por el emblemático Puente Széchenyi, o Puente de las Cadenas, el más antiguo de Budapest. Hasta 1849 el río sólo se podía cruzar en barco o cuando se congelaba: sin embargo, el actual puente es una reconstrucción de 1949, ya que el original fue volado por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Hoy Buda y Pest están unidas por nueve puentes. No olvide volver al caer la noche para apreciar una de las vistas más bonitas: la del Széchenyi y el Castillo de Buda iluminados.

Una vez del otro lado puede subir al Barrio del Castillo por una escalinata o en funicular (aunque es un poco caro). Allí está el Palacio Real –del siglo XIII pero reconstruido en el XIX– que antiguamente fue residencia de los reyes de Hungría pero que hoy alberga museos y la Galería Nacional. Quizá lo más interesante esté bajo tierra, en el Laberinto del Castillo de Buda, formado por la acción del agua caliente de un manantial sobre la roca calcárea de la colina. Hay cuevas, sótanos, celdas y manantiales que se extienden por más de 1200 metros. A lo largo de la historia el laberinto tuvo varios usos: desde refugio del hombre prehistórico a bodega, cámara de tortura, cárcel y “caja de caudales” en la Edad Media, además de bunker y hospital militar en el siglo XX. Finalmente en los ’80 se reacondicionó y hoy es una atípica visita turística.

En pleno distrito del Castillo también está la Iglesia de Matías, el templo católico más famoso de Budapest, donde se celebraron bodas y coronaciones reales (entre ellas la de Carlos IV, último rey Habsburgo, en 1916). Si bien se construyó entre los siglos XIII y XV, tuvo grandes reformas a fines del siglo XIX, cuando se le dio su actual estilo neogótico y su colorido e inconfundible techo. Gracias a su acústica, hay conciertos de música clásica.

Pegadito a la iglesia está el Bastión de los Pescadores, un mirador de 1902 desde donde se tiene una de las mejores vistas del Parlamento de Budapest. Mientras su llamativo nombre recuerda a un grupo de pescadores que, en la Edad Media, defendió este enclave en las murallas de la ciudad, sus torres simbolizan las siete tribus fundadoras de Hungría. En la fortaleza hay una estatua de Esteban I y bancos para sentarse a contemplar el río y la ciudad. Lo ideal es ir al atardecer, cuando hay mejor luz y es posible quedarse hasta la noche para ver Pest iluminada.

En el otro extremo de Buda está el monte Gellért que, con sus 235 metros, brinda otra gran vista de Pest y los puentes que cruzan el Danubio, como el delicado Puente de la Libertad. Se sube por un bonito sendero arbolado hasta la Citadella. Por último, en esta parte de Buda se encuentra el Hotel Géllert y su exclusivo spa para darse un baño entre columnas de mármol.

El sol y el tranvía dan un toque de color al invierno de Budapest.

PASEO EN PEST Un recorrido por Pest no estaría completo si no camina por Váci Utca (calle Váci). Esta peatonal del siglo XVIII, que corre paralela al Danubio, está en el corazón de Budapest y aún conserva algunas mansiones de sus primeros años. Antiguamente venían los ricos de Budapest y hoy abunda en centros comerciales, tiendas de recuerdos, hoteles, restaurantes y cafeterías. La calle termina en el Gran Mercado Central, ideal para descansar y almorzar un buen goulash en los puestitos del primer piso. Lo primero que verá al entrar son tentadores salamines colgando en los prolijos puestos. Picados grueso y fino, con páprika (“el” condimento de Hungría), picante o como se le ocurra. Mientras tanto los puestos de verduras exhiben guirnaldas de ajos y ajíes rojo intenso. Es un mercado amable y tranquilo, que se construyó en 1897: en la Segunda Guerra Mundial se dañó su estructura y en los años siguientes perdió estatus, hasta que cerró en 1991. Sin embargo, tres años después fue restaurado y hoy es uno de los edificios más emblemáticos de Budapest. El mejor día es el sábado a la mañana, cuando hay un lindo ambiente de feria. Los domingos está cerrado.

Desde el mercado bordee el río y llegará al imponente Parlamento, uno de los edificios más representativos de Budapest y el tercer Parlamento más grande del mundo después del de Rumania y la Argentina. Finalizado en 1902, el monumental edificio demostró el poder económico de Hungría, y hoy se lo puede recorrer en una visita guiada (gratuita para europeos) que permite ver, entre otras cosas, la corona de Esteban I. Vaya con tiempo y a la mañana, ya que suele haber mucha cola.

Si está cansado puede tomar el tranvía e ir al comienzo de la elegante Avenida Andrássy que, junto a Váci Utca, es una de las calles más emblemáticas de Budapest. La avenida data de 1872 y es Patrimonio de la Humanidad gracias a las bellas fachadas de sus casas y palacios renacentistas. Para hacerla aún más especial, en Navidad todos sus árboles están decorados con guirnaldas de luces. En este extenso y glamoroso bulevar hay restaurantes de moda y exclusivas boutiques como Armani, Louis Vuitton, Dior o Dolce & Gabanna. ¿Qué mejor lugar entonces para ubicar otro de los edificios emblemáticos de la ciudad? Se trata de la Opera de Budapest, financiada por el emperador Francisco José I con la condición de que fuera más pequeña que la de Viena. Si bien hay visitas guiadas en varios idiomas (español incluido) vale la pena (y no es caro) asistir a alguna ópera o ballet y ver el teatro con todo su brillo. Hay espectáculos casi todos los días y las entradas se pueden sacar por Internet con unos días de anticipación. La avenida culmina en la Plaza de los Héroes y el Parque de la Ciudad, ideal para quedarse descansando o ir al spa de Széchenyi a terminar de la mejor manera su visita a la termal Budapest

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La mejor vista del Parlamento se tiene desde el Bastión de los Pescadores en Buda.
Imagen: Mariana Lafont
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