turismo

Domingo, 4 de septiembre de 2011

AUSTRALIA. EL PARAíSO DE LA FAUNA

La isla de los canguros

Una pequeña isla del sur de Australia permite descubrir, sobre una superficie fácil de recorrer, toda la riqueza y diversidad de la extraordinaria fauna de Oceanía. Koalas, wallabies, canguros y lobos marinos en un escenario de extensas playas oceánicas, bosques de eucaliptos y pequeñas rutas de aventura, accesible desde Adelaida.

 Por Graciela Cutuli

Australia es una isla y al mismo tiempo prácticamente un continente, todavía poco conocido para el turismo global –a excepción probablemente de iconos urbanos como Sydney– y poco explorado, a fuerza de grandes distancias y pura soledad. Al mismo tiempo, lo tiene todo para atraer visitantes: una naturaleza tan diversa como asombrosa, que va desde las selvas tropicales al desierto extremo; ciudades cosmopolitas que “marcan agenda” en cultura y eventos internacionales; pueblos apartados dignos del más auténtico “far west”; y sobre todo una fauna que hace soñar por su rareza. Sin embargo, recorrer estas grandes distancias tiene sus bemoles: sobre todo, costos y tiempo. Por eso la oportunidad de acercarse y conocer la fauna australiana sobre un pequeño territorio es imperdible si se está planificando un viaje hacia aquellas tierras enteramente rodeadas de mar: y esta oportunidad existe en la forma de Kangaroo Island, 112 kilómetros al sur de Adelaida. Con una extensión de 150 por 57 kilómetros, un par de días alcanza para conocerla de punta a punta, ya sea por cuenta propia o en excursiones con guías expertos en naturaleza.

SANTUARIO NATURAL Más de la mitad de Kangaroo Island conserva su vegetación nativa, gracias al bajo impacto de la colonización debido a su aislamiento. Y junto con la vegetación viene la fauna, felizmente preservada de invasores exóticos como zorros o conejos. El resultado es un santuario natural extremadamente protegido, con un tercio del territorio declarado Parque Nacional o Parque de Conservación, y numerosas especies amenazadas o ya extinguidas en otros lugares de Australia sometidos a mayor presión de población.

El Flinders Chase National Park es una de las principales áreas protegidas: por sí mismo puede llevar un día entero explorar sus rincones, que van desde la rara formación rocosa a orillas del mar conocida como “Remarkable Rocks” –nombre no muy original pero sí apropiado– hasta el Admirals Arch, un arco de roca totalmente natural que es en realidad el techo de una antigua cueva, erosionada hasta la destrucción por el océano y transformada en un puente natural del que penden estalactitas. Sobre la playa, una colonia de lobos marinos duerme, juega, se alimenta y se pelea al alcance de las lentes fotográficas. Además, en el cercano Cape du Couedic un fotogénico faro recuerda los tiempos en que orientaba a los marineros en los agitados mares del sur (de paso, la resonancia francesa del renombre hace recordar que después del explorador británico Matthew Flinder estuvo en estas tierras el francés Nicolas Baudin, que cartografió gran parte de la isla y bautizó muchos de sus rincones). Dentro de este Parque hay varios senderos para caminar y descubrir la fauna: algunos terminan en maravillosas playas desiertas; otro atraviesa como una serpenteante línea rojiza la masa de vegetación para llegar hasta el faro de Cape Borda, de curiosa y única forma cuadrangular. Una noche aquí es accesible y, sin duda, inolvidable. En otra de las áreas protegidas, el Cape Willoughby Conservation Park, se encuentra el faro más antiguo del sur de Australia, cuyos 27 metros de altura ofrecen una vista que quita el aliento sobre el litoral marítimo: también aquí se puede pasar la noche, en una de las casitas que antiguamente pertenecieron a los fareros, con el encanto adicional de una hermosa playa de arena en la cercana Antechamber Bay, del Lashmar Conservation Park.

A METROS DE LOS LOBOS Vegetación costera, dunas y playa. Y sobre todo eso, los lobos marinos de Seal Bay, la gran atracción de esta reserva que permite caminar 800 metros entre médanos y acantilados de roca caliza para acercarse a las plataformas de observación de los animales. Lo ideal es hacer la visita guiada en pequeños grupos, aunque es posible también realizar un itinerario autoguiado: y sobre todo, en período de vacaciones escolares –a grandes rasgos coincidentes con los nuestros, por compartir hemisferio– se ofrecen salidas justo antes de la puesta de sol.

Pero más allá de las playas, en los senderos cercanos –lo mismo que en gran parte de las rutas y senderos de la isla– cualquier viajero a pie, en auto o en bicicleta tiene la oportunidad de cruzarse con canguros y wallabies, una versión más pequeña de estos marsupiales que identifican a Australia, que aquí se pueden ver en total libertad en su hábitat natural. Semiocultos en la vegetación, saltan de pronto y se cruzan con confianza, ya que están totalmente protegidos y no corren riesgo alguno: hasta tal punto, que los más audaces se acercan a las áreas de camping para curiosear la comida que la gente pueda haber dejado inadvertidamente sobre una mesa.

Cerca de Seal Bay se encuentra también un sitio que vale la pena visitar: es el Raptor Domain, un centro de interpretación que en apenas una hora ofrece una increíble experiencia mediante el acercamiento a aves predadoras en demostraciones de vuelo libre. Sólo de esta manera es posible tener una visión cercana de estas aves de gran envergadura y carácter ciertamente arisco, además de fotografiar de cerca otras especies como los famosos kookaburras, una de las aves más emblemáticas de Australia.

BAJO Y SOBRE LA TIERRA Kangaroo Island no limita sus sorpresas a la superficie. También bajo tierra oculta maravillas geológicas, como las Kelly Hill Caves del Kelly Hill Conservation Park, descubiertas por casualidad en 1881 por la caída accidental de un caballo. Así se produjo el “ábrete Sésamo” de este bellísimo sistema de cavernas y cavidades subterráneas tapizadas de estalactitas y estalagmitas de piedra caliza. Además de las visitas habituales “de exhibición”, que ponen el acento en las partes más escenográficas y accesibles, los amantes de la geología o la espeleología pueden elegir un “tour de aventura” para echarles una mirada más detenida a las entrañas de este curioso mundo. Hará falta equipo especializado, pero los organizadores del tour se encargan de todos los detalles: mientras tanto, en la superficie también hay senderos interpretativos que exploran tanto la fauna y flora de Kangaroo Island como su historia. Hay de todas las extensiones y para todos los gustos: sólo hay que recordar, si la visita se realiza en verano, que las temperaturas pueden ser muy altas y algunos terrenos exigentes. Para evitar problemas basta con informarse antes de salir: difícilmente se encuentre un destino turístico más preparado que Australia para hacer frente a todas las contingencias y necesidades de los viajeros, sean “lobos solitarios” o grupos familiares.

KOALAS Avistar canguros es fácil en Kangaroo Island, como haciendo honor al nombre de la isla. Más difícil, pero no imposible, resulta cruzarse con un equidna (un raro mamífero parecido a un erizo, el único junto con el ornitorrinco que pone huevos), o un wombat, un pequeño marsupial peludo. Pero sin duda una de las estrellas del lugar son los koalas: en realidad estos ositos grisáceos permanentemente colgados del tronco de los eucaliptos no son nativos de Kangaroo Island, sino que fueron introducidos en los años ’20 en el Flinders Chase National Park, con intención de preservarlos si resultaban amenazados en otras partes del continente. El resultado fue exitoso, casi excesivo en realidad: hoy están cómodamente instalados en varias partes de la isla, donde se puede pasear al pie de los bosques para ver decenas de osos –en su mayoría profundamente dormidos, por el efecto narcótico de las hojas de eucaliptos que consumen– y sus crías, fuertemente agarradas a sus espaldas. Uno de los mejores lugares para verlos es el Hanson Bay Sanctuary, en el oeste de la isla, que ofrece recorridos diurnos y nocturnos para descubrir no sólo los koalas sino toda la demás vida salvaje que despierta apenas se pone el sol, incluyendo murciélagos.

MIEL DE EUCALIPTO En todos los lugares que ofrecen recuerdos, tienta llevarse una bolsita de caramelos de “gum-tree”, es decir el omnipresente eucalipto, y por supuesto las deliciosas macadamias, que son uno de los emblemas de Australia. Pero en Kangaroo Island no hay que olvidar tampoco un frasco de miel: sucede que la isla es famosa por este producto, y se la considera como el “santuario de las abejas” más antiguo del mundo. Todo gracias a una colonia de abejas italianas, de la Liguria para ser más precisos, que llegó junto con inmigrantes de ese origen y quedó como única en el mundo cuando sus antepasadas italianas murieron por una enfermedad en su tierra natal. Hoy, por lo tanto, no hay que perderse la visita a alguna de las granjas productoras. Después, la gira por la isla estará completa y será posible subirse nuevamente al avión o al ferry que, en no más de una hora, llevarán de nuevo al visitante a la “gran Australia”, la tierra de toda la naturaleza y todos los misterios

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Un canguro, emblema de la isla del sur de Australia, se pasea muy tranquilo por la playa.
Imagen: Tourism Australia
 
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