turismo

Domingo, 22 de septiembre de 2013

ENTRE RíOS. GUALEGUAYCHú EN PRIMAVERA

Carnaval de naturaleza

Aires de campo, comidas regionales y actividades náuticas en el río que le da nombre a una ciudad con mucha personalidad y muy próxima a Buenos Aires. Además, un circuito por dos refugios termales, una posada donde el spa mira al río y una reserva que protege las aves.

 Por Pablo Donadio

Fotos de María Clara Martínez

Hay pocas cosas tan lindas como salir a la ruta con las primeras luces del día, sobre todo si el destino promete. Y el mate rutero y el paisaje se disfrutan más ahora que la antigua “ruta de la muerte” –como supo llamarse a la RN14– es una autovía ondulante que desviste los verdes de Entre Ríos de punta a punta, hasta las vecinas tierras correntinas. Así, a poco más de dos horas de Buenos Aires, Gualeguaychú parece haber acercado todavía más su entorno natural, brindando la riqueza de sus playas, los excelentes paseos náuticos del río, el sabor casero de quesos y chorizos, y los mimos que el cuerpo puede darse en sus termas y spa. Programas familiares y de amigos, cuando la primavera se hace presente y aún falta para el célebre carnaval.

Wakeboard en el Gualeguaychú, el deporte preferido cuando el sol gana la costa.

SOBRE EL RIO Si es cierto que los argentinos descendemos de los barcos, Gualeguaychú es un botón de muestra de esa esencia entrerriana, caracterizada por la amabilidad y calidez de sus pueblos, bajo los mil tonos de verde que pintan campos y cuchillas. Cuentan que a fines de siglo XIX llegaron a estos pagos las primeras oleadas inmigratorias destinadas a poblar y hacer productiva nuestra Pampa húmeda. Italianos, alemanes, franceses, suizos, rusos se embarcaron en la aventura de la posibilidad americana, dando vida a aldeas y parajes en la región y reforzando el carácter de otros pueblos existentes, como esta ciudad de nombre equívoco pero cuyo brillo carnavalero todo lo pudo. Claro que ese resplandor suele invisibilizar otros atractivos, y por eso la propuesta es “ver y disfrutar” Gualeguaychú por fuera de esa gran cita veraniega, ampliando un poco más el espectro. Eso haremos apenas llegamos y desembarcamos en el remodelado Hotel Berlín, desde donde planificamos la primera salida a uno de sus grandes pulmones, el Parque Unzué. Emplazado sobre la costa del río y con una extensión de 115 hectáreas, es la referencia a la que plazas, más parques y una extensa costanera, ubican como satélites. Por ser concentrador de la vida juvenil, no faltan música, clubes ni campings con chicos mateando y guitarreando, familias y parejas paseando o jugando con sus mascotas, y muchísimos rincones donde los deportes náuticos están a la orden del día, completando un paisaje litoraleño que es marca registrada. Mucho de lo que ocurre en Gualeguaychú nace de la relación que los propios habitantes tienen con su río, según los muchachos de Pura Vida Aventura Kayak, conocedores de este cauce como pocos. “La batalla hoy está planteada desde la ecología. Si no cuidamos nuestros ríos estamos listos, por eso el tema Botnia fue tan importante acá. Nosotros defendemos la vida y la naturaleza, pero no sólo reclamando sino participando de movidas que contagien a la gente, que la informen. Con ese espíritu nació la travesía internacional desde Brasil, y la filosofía de El Agua Manda, nuestra agrupación”, cuenta Hermann, un pelilargo guía y remero que anda en patas por la ribera y es feliz así. Junto a Juan Martín, su socio, salimos durante una hora hacia uno de los trayectos cortos que incluye su escuela, recorriendo la zona turística del Gualeguaychú, las playas, el puerto y la Isla de la Libertad. Otras salidas de tres horas hasta el arroyo Cura, que incluye avistaje de aves, y de cinco horas hasta el arroyo Gualeyán, que incluye picnic, pueden hacerse en el día. Otra opción es contactarlos y planificar una travesía especial de dos días desde la naciente del río, camping incluido. No será nuestro caso, ya que arrancamos del balneario El Ñandubaysal, famoso en la zona por su capacidad para más de 1200 carpas y casas rodantes, y servicios que asombran: luz eléctrica, agua potable, agua caliente, sanitarios y sectores para lavar ropa y vajilla, además de supermercado, rotisería, cantina, plaza con juegos y teléfonos públicos. Una ciudad dentro de un camping, que tiene además una oficina que vende pasajes y otra donde se alquilan cartings, motos, cuatriciclos y bicicletas. De este modo la costa del Uruguay está bien aprovechada, y por estos días, imperdible.

La orilla del coloso Uruguay, desde el camping Ñandubaysal, equipado para ir todo el año.

RELAX RIBEREÑO Regresamos al otro lado del río, y como si todo estuviera planeado, iniciamos un circuito ideal para contrarrestar el cansancio del que no es remero. Las termas y el spa prometen así devolverle al cuerpo lo perdido. Esa es en parte la invitación de la Posada del Puerto, un complejo inaugurado hace diez años con hospedaje y restaurante frente al río, aunque su fuerte son los distintos tratamientos que ofrece su spa, champagne y vinoterapia incluidas. Estas tierras pertenecieron a distintos molinos de granos cuando todavía llegaba aquí el ferrocarril, que permitía la salida por vía fluvial de los productos agrícolas, aún hoy uno de los pilares económicos de la ciudad. Y más acá en el tiempo, el pago supo de uno de los temas que por estos días ocupa las discusiones mediáticas y familiares. Sus propietarios fueron los dueños de Visión del Litoral, la televisión de cable local que fue fagocitada por las grandes corporaciones unos años atrás. “Me encantaba ese negocio, me encantaba. Pero cuando te ahogan no te queda otra que vender, así que tuvimos que buscar una nueva actividad que además de brindar un servicio nos diera tranquilidad”, cuenta Silvina Rossi, responsable de la posada. Compartimos un café, los servicios del spa y antes de irnos recorremos la pileta climatizada, el hidromasaje, los baños sauna y finlandés, y el gimnasio, con los que el lugar deja cero kilómetro a sus invitados.

De allí mismo partimos a las dos termas, cruzando el puente anaranjado una vez más. Anclado en el límite de Pueblo Belgrano, las Termas de Gualeguaychú se promocionan como las más cercanas a Buenos Aires. “Y así lo somos”, nos corrige su dueño, y enseguida nos invita a pasar a las piletas, a los nuevos bungalows alta gama y al restaurante, piezas individuales de un rompecabezas mayor, con el que el complejo intenta retener al visitante en el mismo predio. “Hicimos un estudio geoeléctrico de diez kilómetros, una especie de radiografía terrena que nos permitió detectar nuestro pozo a 835 metros. Ahí empezó la historia, y el trabajo continuó hasta hoy”, cuentan. La última parada nos lleva al kilómetro 63 de la RN14, a diez minutos de la ciudad, donde están las otras termas, las de Guaychú. Además de aguas curativas, este complejo propone pasar unos días en un entorno de vida silvestre y aire puro en plena naturaleza pampeana. De las 120 hectáreas del lugar hay 80 celosamente protegidas, con tres tipos de monte que pronto visitamos para avistar aves bajo el encanto de galerías formadas por su selva autóctona, a la vera del arroyo Gualeyán. La caminata es guiada por Samuel Moreira, estudiante de avicultura y precursor de las salidas a la luz de la luna, de gran éxito en otras reservas. “Queda poca naturaleza nativa en la ciudad, por eso estos tipos de monte, pero en especial el monte parque donde predomina el espinillo, está denominado patrimonio de Entre Ríos. Piensen que esto fue una extensión de la selva amazónica, exterminada por el hombre ya hace tiempo en estas latitudes”, nos comenta. Junto a esta vegetación conviven el monte chaqueño y el monte en galería, refugio de gran parte de las 360 aves que se han registrado en la provincia. Entre ellas está el cardenal amarillo (en peligro de extinción), el cardenal copete, todas las variedades de carpinteros, zorzales, el carancho y el aguilucho colorado. Moreira cuenta que los chaná, guaraníes y charrúas, pero especialmente los primeros, dejaron sus enseñanzas sobre el uso de algunas plantas, como el propio espinillo, cuya hoja es cicatrizante y la semilla, digestiva. Con la llegada de los días largos y más calidos, estos montes son un tesoro que pocos conocen en la zona. “Más allá del relevamiento de especies y de los circuitos que van de una hora a todo el día (campamento incluido), tratamos de no influir casi sobre la naturaleza, y dejamos que ella actúe. No descubrimos nada si decimos que la naturaleza es sabia, ¿no?” Sabia, y una buena aliada de estos pagos.

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El famoso puente Méndez Casariego conecta Gualeguaychú con Pueblo Belgrado.
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