UNIVERSIDAD › LAS EDITORIALES UNIVERSITARIAS EN LA FERIA DEL LIBRO

Bajo la bendición de Spivacow

Las editoriales académicas se destacan en la feria por su amplia presencia y la variedad de sus catálogos. El titular de la REUN asegura que las universidades dejaron de tener “centros de impresión” para construir “editoriales con políticas de autor, series, diseño”.

Hay una plaza en la esquina de Las Heras y Austria, pegadita a la Biblioteca Nacional, que se llama Boris Spivacow. El hombre dueño de ese nombre –hijo de inmigrantes rusos, licenciado en Matemática– creó en 1958 el ya mítico sello editorial Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y en ese acto puso la piedra fundamental. Hoy son 42 las editoriales dependientes de universidades nacionales y, según Carlos Gazzera, el coordinador de REUN, la red que las aúna, todas ellas están alcanzadas por “la bendición Spivacow”: “Son bibliodiversas, con una ideología bien clara de sacar las publicaciones a la sociedad y rescatar la cultura del país”. En la 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, abierta hasta el lunes próximo, los sellos universitarios exhiben peso propio: personalidades como J. M. Coetzee, María Teresa Andruetto y Paul Auster participaron del evento a partir de sus invitaciones y los stands con sus publicaciones acumulan metros cuadrados sólo por detrás de gigantes como Planeta y Penguin Random House. La Universidad Nacional de San Martín (Unsam), incluso, recibió el premio al mejor stand institucional.

“De la universidad al lector”, reza un cartel en grandes letras blancas sobre el stand de la Librería Universitaria Argentina (LUA), que aglutina el respaldo de la Red de Editoriales de las Universidades Nacionales (REUN) y el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). Las mesas dispuestas en aquel espacio del Pabellón Amarillo de la feria son muchas y rebosan de libros estampados con el sello de universidades públicas de todo el país. Hay ensayos académicos y tratados sobre temas muy específicos, pero también cuentos, novelas, poesía. Cada editorial tiene una estética particular y, al cabo de una breve recorrida, cada una se hace reconocible. Las tapas invitan a leer, alejando el prejuicio de la acartonada producción universitaria, e incluso hay libros con formatos novedosos. Uno, editado por la Universidad Nacional de Río Cuarto, se titula Pequeños vagabundos y tiene la forma de una cajita de cartón que contiene en su interior hojas sueltas con poemas de Claudio Asaad, ilustrados por Gastón Liberto.

En el Pabellón Azul se encuentra el espacio premiado como el mejor stand institucional de la feria: el de la Unsam, que se divide en dos partes por una pared de enormes vigas planas de madera que se ramifican hacia arriba. De un lado hay un espacio para proyección de videos y conferencias; del otro, los libros del sello Unsam Edita. Para premiarlo, el jurado tal vez detuvo su atención en la iluminación esmerada del espacio, en la disposición prolija de los libros, en la atractiva exposición de réplicas de inventos de Leonardo Da Vinci...

Si se cuentan las universidades privadas y algunas universidades públicas no incluidas en la REUN, las editoriales universitarias ascienden a 74 y producen alrededor de 1920 novedades al año, cantidad que representa entre el 6 y el 9 por ciento de los títulos publicados anualmente en el país. La expansión de las publicaciones universitarias se enmarca en un proceso de crecimiento general. Según la Cámara Argentina del Libro (CAL), desde el 2010 hasta 2014 la producción editorial local subió de 22 mil títulos anuales a 28 mil, crecimiento que significó –sostuvo Gazzera– superar en 2014 la producción de México y posicionar a la Argentina como el tercer país iberoamericano (detrás de España y Brasil) en cantidad de publicaciones anuales.

El titular de REUN no sólo se reconforta con el repaso de los números, sino que se enorgullece de “la calidad” de los libros y asegura que las universidades han dejado de tener “centros de impresión” para construir “sellos editoriales con políticas de autor, series, diseño”. Asimismo, señala que por la tradición marcada por Spivacow en Eudeba, las editoriales universitarias argentinas no son endogámicas y los contenidos pretenden ser diversos y rescatar autores que a los sellos multinacionales “no les interesan” y que las publicaciones independientes “no pueden” editar. Gazzera entiende, por ejemplo, que las más de mil páginas de las Obras completas del poeta entrerriano Juan L. Ortiz no podrían haber sido publicadas sin el respaldo de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), así como tampoco los cuentos de Juan José Manauta o la poesía de Amaro Villanueva, editados por la Universidad de Entre Ríos (UNER).

Informe: Delfina Torres Cabreros.

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