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JOHN WILLIAM COOKE

Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero

John William Cooke nació en La Plata en 1920. Su padre, Juan Isaac Cooke, integró el Irupo de radicales que se incorporó al peronismo, y en 1945 fue ministro de Relaciones Exteriores de Farrell. En 1946 John, que acababa de recibirse de abogado, fue electo diputado por la Capital Federal. De posición, independiente y convicciones nacionalistas, se opuso a la ratificación del Tratado de Chapultepec. Tuvo una participación destacada en la Cámara, donde permaneció hasta 1951. Fue miembro del Instituto Juan Manuel de Rosas, donde pronunció conferencias y del cual fue electo vicepresidente en 1954. Ese año editó la revista De Frente, en la que planteó sus posiciones nacionalistas, y combatió los contratos petroleros que negociaba el gobierno de Perón. Después del 16 de junio de 1955, Perón lo designó interventor del Partido Peronista de la Capital Federal, desde donde Cooke trató de movilizar y organizar a los peronistas para resistir el inminente golpe militar.

El 20 de septiembre fue arrestado en la casa de su amigo José María Rosa. Pese a estar en prisión hasta marzo de 1957, participó activamente en la organización de los distintos grupos protagonistas de la “Resistencia peronista”. Perón, que estaba exiliado, lo puso al frente del denominado “Comando Táctico”, y en noviembre de 1956 le dirigió una expresiva carta, en la que avalaba firmemente su acción y lo designaba su sucesor, en caso de fallecimiento. En marzo de 1957 Cooke escapó de manera espectacular de la prisión de Río Gallegos, en compañía de otros detenidos peronistas –Jorge Antonio, Cámpora, Espejo–, y se instaló en Chile, desde donde pudo operar con más eficacia para coordinar la acción de los distintos grupos clandestinos y terroristas. En 1958 participó en la gestión del pacto entre Perón y Frondizi, y posiblemente asistió a la reunión de Caracas, donde éste se efectivizó. Cooke volvió al país a fines de 1958, para continuar con la “resistencia”, y de inmediato fue detenido. A principios de 1959 participó activamente en la huelga del Frigorífico Nacional y en la intensa agitación subsiguiente. Por entonces, la militancia peronista se dividía entre los partidarios de la “línea dura” y la “línea blanda”, estos últimos, que buscaban un acuerdo con el gobierno, recibieron el aval de Perón y comenzaron a hostilizar a Cooke, tachándolo de comunista.

Perseguido, en 1959 abandonó el país y se instaló en Cuba, donde permaneció hasta octubre de 1963. Allí se entusiasmó con la Revolución, realizó diversas tareas de apoyo al régimen, entabló amistad con Ernesto Guevara e inició una larga tarea de acercamiento entre el peronismo y el castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes argentinos para ser entrenados en Cuba. Mantuvo una intensa correspondencia con Perón, que sólo interrumpió en 1966, e intentó convencerlo de que declarara su apoyo a Cuba y trocara su domicilio madrileño por La Habana. A la vez, se propuso reconstruir la tradición peronista en clave cubana e impulsar a los peronistas a seguir el camino iniciado por Fidel Castro.

En esas circunstancias fue entrevistado por la revista Che. El semanario apareció en octubre de 1960. Lo dirigía Pablo Giussani y entre sus redactores figuraban Julia Constenla, Hugo Gambini, Francisco Urondo, Carlos Barbé y Alberto Ciria. Se trataba de un grupo de partidarios argentinos de la Revolución Cubana, muchos de los cuales militaban en el Partido Socialista Argentino. Un poco antes, en febrero de 1961, Alfredo Palacios había ganado la elección de senador por la Capital, con una campaña centrada en la Revolución Cubana, y con el apoyo de muchos votantes del proscripto peronismo. El reportaje está ilustrado con dos fotos de Cooke: en una aparece con traje y corbata, probablemente de su etapa de diputado, y en otra con barba, boina y camisa miliciana. Che fue clausurada el 17 de noviembre de 1961. A fines de 1963, Cooke volvió a la Argentina y organizó Acción Peronista Revolucionaria, un pequeño grupo de discusión al que asistían futuros militantes como García Elorrio, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito, en donde siguió intentando la fusión entre el peronismo y el guevarismo. Sin embargo, mientras vivió su influencia fue escasa. Murió en septiembre de 1968. Desde 1971 sus escritos alcanzaron gran difusión y sus ideas fueron retomadas por la nueva izquierda peronista. Este reportaje fue reeditado en septiembre de 1975 por la revista Crisis.

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