DEPORTES › OPINION

El Ingeniero se quedó solo

 Por Adrián De Benedictis

La imagen deslucida que River exhibió en su estadio el domingo pasado, seguramente una de las más triste en la última década, ubicó al director técnico Manuel Pellegrini como el máximo responsable de un presente desolador. Pero, quizá, lo más grave aún fueron las palabras posteriores del chileno: “Llegarán más derrotas”. El ingeniero fue honesto en su declaración, un perfil que le está costando el liderazgo en uno de los clubes más demandantes del mundo. Con más tranquilidad, Pellegrini reconoció ayer su “error” por aquella frase, aunque en su interior conoce muy bien el camino que se le avecina.
Esa transparencia, algo que no contaban varios de los últimos conductores de la institución, lo posiciona en un lugar de debilidad ya no sólo ante los directivos, sino ante los propios futbolistas. Más allá de la continuidad sostenida únicamente por el presidente José María Aguilar, el entrenador demostró que no le resulta fácil desplazarse en un terreno sinuoso como es el de River. En otra oportunidad, Pellegrini también trastabilló al decir “el objetivo no es ganar el campeonato”, cuando River se desvanecía en el torneo Apertura del año pasado, y le dejaba a Boca la chance de disputarle el título a Independiente.
Por estas horas, el chileno está soportando la decisión de los dirigentes de haber renovado casi todo el plantel, después de anunciar que se sumarían “uno o dos jugadores”. Sólo algunos de los jugadores que llegaron a River fueron solicitados por el entrenador. Y ahora ese grupo es el que lo respalda en la adversidad, mientras el resto le es indiferente y, lo peor de todo, ya no considera su pensamiento en el momento del trabajo. Para el público de River, la falta de identificación de Pellegrini con la institución es determinante. Los hinchas parecieron entender esa resolución de las autoridades del club, y por primera vez la actual conducción fue cuestionada con insultos hirientes, luego de la derrota ante Boca.
Pellegrini se encuentra solo en medio de la explosión que puede provocar una nueva frustración. Ni siquiera la Copa Sudamericana, donde River se encuentra en las semifinales, alcanzaría para calmar tanta tensión. Con una personalidad emparejada con la franqueza, sólo los éxitos trascendentes cerrarán una herida demasiado grande.

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