ECONOMíA › LA UNION EUROPEA ASEGURO QUE NO DEJARA CAER EN DEFAULT A GRECIA, PERO PIDE A CAMBIO BAJAR EL GASTO

El rescate viene de la mano del ajuste

Los gobiernos europeos acordaron que Grecia será auxiliada para evitar un default, que provocaría un descalabro de proporciones en el resto de las economías de la región. Esa eventual ayuda está condicionada a un megaajuste del gasto público.

La receta a aplicar en la economía griega es la ya probada con resultados dramáticos en Argentina.
Imagen: EFE

La Unión Europea no dejará caer a Grecia y con ello socavar la estabilidad del euro; más bien busca que el país se hunda solo. Los gobiernos europeos se convencieron de que, en caso de ser necesario, Grecia será rescatada para no caer en default. Pero la confianza que de por sí genera el anuncio entre los inversores y una potencial ayuda financiera les saldrá caro a los griegos. Deberán llevar adelante un gigantesco recorte del gasto público, que en este contexto recesivo puede tener consecuencias muy negativas para las condiciones de vida de la población. Para asegurar el “éxito” del plan, los propios gobiernos del bloque, el Banco Central europeo y el FMI oficiarán de auditores. El instrumento financiero para un eventual rescate aún no está definido, aunque podrían ser préstamos bilaterales coordinados entre los países.

La situación económica griega y de otros países con serias dificultades como España, Portugal o Irlanda es una preocupación para la Unión Europea y las entidades financieras globales. El elemento desestabilizante, que torna impredeciblemente peligrosa una declaración de default, es la reacción de los inversores que motivan “ataques especulativos”, porque pueden afectar a países que en principio no están en situaciones límite, generando así nuevas crisis.

Los flujos internacionales de capital generan inestabilidad y junto con la apertura externa –a la que está sujeta la mayoría de los países– provoca la “exportación de crisis”. Ejemplos sobran a nivel local. La crisis mexicana en 1995, los países asiáticos en 1997, Rusia en 1998 y Brasil un año después tuvieron fuerte impacto sobre la frágil convertibilidad. Es que los inversores reaccionan en masa en situaciones de riesgo “volando hacia la calidad”. Si bien Grecia no es una economía central en Europa –representa un 2,5 por ciento del PBI regional– el pánico inversor por el default generaría inestabilidad en el euro y potencialmente podría recrudecer la crisis a nivel global.

Por ello, Europa está convencida de que lo mejor es salvar a Grecia. “Los miembros del Eurogrupo están de acuerdo en hacer lo que haga falta para salvaguardar la estabilidad monetaria y financiera. Grecia no está aislada, sola y desarmada frente a los ataques de los que pueda ser objeto”, dijo Jean Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, tras una cumbre informal del bloque regional donde se reafirmó el apoyo al país helénico. La voluntad de rescate está, pero el instrumento que se utilizará, todavía no. Los detalles se conocerán el próximo lunes, luego de la reunión de los ministros de Finanzas de los países de la eurozona. Una de las opciones más posibles son los préstamos bilaterales coordinados de parte de otros países de la Eurozona, o garantías sobre las emisiones de obligaciones de Atenas. En cambio, se descarta el apoyo crediticio del FMI y la posibilidad de emitir eurobonos, con respaldo de todos los miembros.

La situación económica griega, que guarda similitudes con España, Portugal e Irlanda, es compleja porque tiene un déficit fiscal de casi el 13 por ciento del PBI. A la vez, la opción de la devaluación, que generaría un shock de competitividad, impulsando la demanda agregada, reactivando la economía y la recaudación, está imposibilitada, porque Grecia no tiene moneda propia, sino que forma parte de la zona euro.

El camino elegido –y exigido por Europa– es el recorte. Grecia procura bajar su déficit a un 8 por ciento del PBI en 2010 para llegar a tres puntos en 2011, cifra a la que, coinciden los analistas, será casi imposible acceder sin un estallido social. La reducción del ratio deuda/producto, que actualmente es del 113 por ciento, también es parte del plan.

En definitiva, la estrategia es competir por salarios, con el impacto sobre la calidad de vida de los trabajadores y el –consecuente– recrudecimiento del conflicto social. La receta es similar a los planes de ajuste que en los ’90 proponían los organismos internacionales de crédito y ejecutaban los gobiernos locales. El resultado es, por lo tanto, fácil de predecir. La vigilancia, para variar, estará a cargo del FMI junto con el Banco Central Europeo y los distintos gobiernos de la región.

Informe: Javier Lewkowicz.

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