ECONOMíA › PRIMER SALDO NEGATIVO EN LA BALANZA DE PAGOS DESDE 2001

Ganan más y encima se la llevan

En los primeros tres meses de 2005 la cuenta corriente del Balance de Pagos mostró un saldo negativo. El déficit fue escaso, apenas 5 millones de dólares, pero suficiente para resaltar una tendencia inherente al actual modelo de desarrollo. Para encontrar otro resultado negativo es necesario remontarse al tercer trimestre de 2001. La caída interanual de 508 millones en el resultado de la cuenta corriente respondió a la progresiva reducción del superávit comercial y a los mayores giros de las empresas transnacionales en concepto de utilidades y dividendos.
Cuando la economía argentina crece desarrollando su sector industrial, las importaciones aumentan más que las exportaciones, reduciendo el superávit comercial. A la vez, las empresas extranjeras comienzan a girar al exterior más utilidades y dividendos, mientras que las deudas privadas y pública, desajustadas durante la crisis, se regularizan aumentándose los pagos al exterior. La falta de acuerdo con el FMI, y los consecuentes pagos a los organismos del total de vencimientos, profundizan la tendencia. En contrapartida, la confianza generada por el resultado del canje de deuda, junto a la posibilidad para los capitales del exterior de obtener un diferencial de tasas de interés en el mercado local, inducen la entrada de capitales, un proceso liderado por el sector privado y potenciado en un contexto que se presume de apreciación cambiaria. La secuencia descripta, prevista en su evolución por el grueso de los analistas –tanto por quienes siguen la economía real, la producción, como las finanzas–, fue reflejada por los números del Balance de Pagos del primer cuarto de 2005. En esencia se trata de un ciclo recurrente de la historia económica argentina.
De acuerdo con los datos difundidos ayer por el Indec, el superávit de la cuenta corriente se redujo en 508 millones de dólares contra el primer trimestre de 2004. Ello se debió, principalmente, al menor superávit comercial, que se contrajo en 221 millones, así como al pago de utilidades y dividendos por 697 millones y de intereses por 1611 millones; 390 y 147 millones más, respectivamente, que en igual período del año anterior.
Si bien estos números reflejan una tendencia “estructural” de la economía local, es cierto que, para el trimestre en cuestión, incluyen una sobreestimación de algunos de los factores que provocaron el déficit. Ello se debe a que no se consideraron los resultados del canje de deuda pública y, en consecuencia, figuran como devengados el total de los intereses vencidos por y no pagados. Si se incluyesen los resultados del canje, el déficit se transformaría en un superávit de 570 millones de dólares.
Pero este tipo de cuestionamiento justificativo a la metodología es relativo, ya que según explica el economista del IEFE, Guillermo Bellingi, también existen otras sobreestimaciones en sentido contrario, por ejemplo el considerar los intereses devengados por los activos de argentinos en el exterior como efectivamente ingresados.
El ingreso de capitales se refleja claramente en la cuenta financiera, que pasó de un saldo positivo de 53 millones en el primer trimestre de 2004 a uno de 496 millones este año. El sector privado no financiero ingresó entre enero y marzo 1007 millones de dólares, lo que explica la decisión de Economía de establecer controles de entrada.
La importante entrada de capitales ayudó a compensar los mayores pagos netos a los organismos, ya que aun con pagos por 1491 millones, las reservas internacionales del Banco Central crecieron en el trimestre en 851 millones de dólares.
Las preguntas que pueden hacerse, destaca el economista Alejandro Vanoli, profesor de Economía Internacional de la Universidad de Buenos Aires, son en qué medida los factores que provocaron el déficit “aparente” del trimestre son permanentes y si desde el Gobierno se hace algo para contrarrestarlos. En este sentido, el especialista destacó los controles al ingreso de capitales recientemente decididos.
No obstante, la reestructuración de la deuda pública significará a futuro mayores pagos. El giro de ganancias del sector privado no se restringirá y, a la vez, nada indica que el superávit comercial no seguirá reduciéndose.

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