Opinión
Sin ministro de Economía
 
(Imagen: Fotomontaje Alfredo Argento)

El Ministerio de Energía negoció que el aumento de las naftas de 8 por ciento no sea en diciembre y comience a regir a partir del primer mes del nuevo año. El Ministerio de Salud decidió que las empresas de medicina prepaga suban las cuotas a los afiliados en un 6 por ciento en febrero. Un ministro de Economía habría analizado y aconsejado cuándo era el mejor momento para aplicar esos ajustes teniendo en cuenta las proyecciones de inflación de 2017, variable clave para ordenar la política de ingresos. Pero el gobierno de Macri no lo tuvo con Alfonso Prat Gay durante doce meses y con su desplazamiento eligió fragmentar aún más el manejo de un área muy sensible. Nombró al economista pluriempleo Nicolás Dujovne como secretario de Hacienda con cargo de ministro reportando a dos vicejefes de gabinete. Es la máxima degradación funcional conocida hasta ahora de un puesto relevante. Decisión que hasta fervientes macristas consideran desacertada. Es una experiencia de gobierno peculiar hacer desaparecer el Ministerio de Economía. El departamento oficial de propaganda público-privado difunde que ahora Macri será el encargado de la economía, como si ser presidente no incluyera esa responsabilidad. A la vez publicita que esa tarea será acompañada por una troika de la Jefatura de Gabinete (Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana). Esta no gestión de la cuestión económica es disfrazada como “trabajo en equipo”. El saldo de esa estrategia en 2016 ha sido muy malo reflejado en la evolución de variables macroeconómicas, con una recesión persistente y que ya es más pronunciada que la última de 2014. 

La descoordinación en la administración de la economía es una de las peores señales para orientar las expectativas de los principales agentes económicos. Con el objetivo de tener un buen comportamiento electoral, la apuesta central del macrismo es que la economía arranque con una tasa de inflación controlada. Consultores de la city que desean tanto que la economía macrista funcione hasta relativizar el derrumbe de la actividad, señalan que empezar el año con un aumento en las naftas no es una medida recomendable tras esa meta político-electoral. El ajuste en los combustibles define un piso elevado a la inflación de enero que condicionará la variación anual de ese importante indicador del humor social.

El aumento en las naftas gatillará una segunda ronda de alzas de precios provocada por ese ajuste inicial. De esa forma la economía mantendrá una inercia de indexación de precios que alejará el objetivo oficial de una inflación del 17 por ciento anual, tasa fijada en el Presupuesto y definido por el Banco Central en el esquema Metas de Inflación. Ese salto en los costos que luego se trasladan a precios fue advertido por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas. Menciona que en un escenario complicado por la caída de la actividad -el consumo de gasoil bajó 9,5 por ciento interanual y el patentamiento de camiones descendió 15,0 por ciento-, el aumento de 8,0 por ciento en combustibles tendrá un impacto mínimo de 3 puntos en el índice de costos de transporte que elabora esa cámara empresaria.  La secuencia es conocida: sube las naftas, se incrementa el costo del transporte de mercaderías y aumenta entonces el precio al consumidor.  

Un ministro manejando el amplio tablero de la macroeconomía con criterios técnicos y político-electorales hubiese podido recomendar anotar el ajuste de combustibles en diciembre en un año donde la muy elevada tasa de inflación ya estaba incorporada como dato negativo. Pero no hay ni habrá por ahora ese ministro en un gobierno que sigue publicitando el trabajo en equipo cuando sus miembros hablan mal unos de otros. Es una tarea complicada que ese estilo de administración del poder pueda liderar una política económica consistente. Voceros oficiosos han evaluado como un hecho positivo que la salida de Prat Gay no haya generado ruidos en el mercado financiero y lo explican diciendo que el albacea de la fortuna de Amalita Lacroze de Fortabat “no manejaba la economía”. O sea, había un ministro que debía ocuparse de la economía que no intervenía en su área de responsabilidad. Este disparate tendrá otro capítulo más con un reemplazante que tendrá aún menos atribuciones.

El Ministerio de Energía hizo otro aporte para sumar tensiones inflacionarias a comienzos de año. Habilitó el aumento de las tarifas de luz y gas a partir de febrero. De ese modo el ministro Juan José Aranguren alimentará en enero (naftas) y febrero (tarifas) la tasa de inflación. Sin ministro de Economía, el resto del gabinete se acomoda en función a defender los intereses de su sector. En el caso de Aranguren, los de las petroleras y compañías de energía. Esta descoordinación tiene sus costos que se reflejan en malos indicadores económicos generales. 

Otro ministerio hizo su contribución para desalinear una de las variables clave del ordenamiento de las expectativas. El de Salud autorizó otro aumento en la cuota de las prepagas para febrero sumando otro factor de indexación. Intervino de ese modo en la aturdida política de ingresos del macrismo. Determinar un piso inflacionario elevado en el primer trimestre del año condicionará la negociación paritaria 2017.

La canibalización del área económica es impactante. Energía maneja el tema tarifas; Interior, la obra pública y la relación con las provincias; Agricultura, el vínculo con el sector proveedor de dólares para una economía que tiene principalmente esa restricción; Producción administra el comercio exterior y el diálogo con las empresas; Desarrollo Social, el control y asignación de recursos para grupos vulnerables; Trabajo define la política con el sindicalismo y las paritarias; el Banco Central decide el nivel de la tasa de interés y el tipo de cambio. Para avanzar en esa desintegración funcional de Economía, Macri otorgó jerarquía de ministerio a dos secretarias: Hacienda, que sólo monitorea la distribución del gasto público; y Finanzas, que se dedicará a emitir deuda. 

Desapareció de ese modo el Ministerio de Economía. En ese túnel hacia lo desconocido ha lanzado Macri la gestión económica. Si hay que guiarse por los resultados obtenidos hasta el momento se parece mucho a un oscuro callejón.  

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