Peteco Carabajal y la presentación de su trío Riendas libres
Un viaje de fe artística
Lo acompañan su hijo, el guitarrista y cantor Homero Carabajal, y la percusionista Martina Ulrich. Mostrarán el material de El amor como bandera, con el que pretenden “movilizar la conciencia de quien quiera oír”.
Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo.Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo.Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo.Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo.Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo.
Riendas libres, un “power trío” de músicas de raíz. Actuarán hoy a las 21 en el Teatro Coliseo. 

Se lo nota a Peteco Carabajal, crack indiscutible de la chacarera, muy metido en su trío actual: Riendas libres. Ni hablar de quienes lo acompañan: tanto su hijo Homero, bajista, guitarrista y cantor; como Martina Ulrich, percusionista, baterista y media hermana de Homero. “Riendas libres sigue siendo nuestro proyecto principal, la banda a la que le estamos dando todas nuestras energías”, sentencian los tres –al unísono– mientras se preparan para la presentación de hoy a las 21 en el Teatro Coliseo (M. T. de Alvear 1125). “Hay muchos temas nuevos. Por suerte, ni mi padre ni yo dejamos de trabajar en la composición”, informa Homero. “Ya tenemos canciones como para un nuevo disco, canciones que podrían haber sido parte de El amor como bandera, en el sentido de que están impregnadas del mismo espíritu e ideología, donde el amor hacia nuestros semejantes, hacia nuestra tierra y el misterio de nuestro existir siguen siendo la piedra angular de nuestro mensaje”, señala Carabajal hijo, posando la atención en el primer y único disco de trío a la fecha, publicado a fines del año pasado. “Lo que hicimos entre la edición del disco y hoy fue viajar por el país defendiendo el trabajo”, interviene Ulrich, que ha formado parte del grupo Triura, y aún integra las folkies de Mavi Díaz.

Y, ahora sí, arranca Peteco. “Lo que estamos haciendo es defender un trabajo con dos mensajes: el poético, que emana de sus letras, y el energético, que emana de sus ritmos y sonidos… las características del trío no han tenido una trasformación radical”, dice el Carabajal más intrépido del clan bandeño, que jamás ha ahorrado energías, ideas, sentimientos y acciones en transformar su pago en parte intrínseca de la gran aldea. “Y en este sentido –el poético y el energético– el show del Coliseo nos propone un hermoso desafío”, vuelve su hijo Homero, acerca del concierto que permitirá al trío mostrar por primera vez en un lugar grande, su disco debut. El grupo incorporará bailarines y actores, bajo la batuta de Luciana Ulrich, hermana actriz de Martina. “Será un show conceptual, al que le estamos poniendo mucho ensayo. Las canciones del disco y las nuevas, aún inéditas, estarán insertadas en una línea dramática para poder contar una historia adaptada a la lirica de las canciones”, anticipa la pata femenina de la triada, acerca de una puesta que lleva por nombre “Un viaje”. “Le pusimos así porque narra de manera poética y musical, y con la ayuda de bailarines y actores, el viaje de los seres humanos a través del universo, por la esfera terrestre. Un viaje en el que aparecen todas las bondades y ternuras de la odisea”, cuentan. 

–Mágico y maravilloso viaje, parece...

Martina Ulrich: –Bueno, más o menos, porque también aparecen las turbulencias sociales y las crisis espirituales que acechan a los tripulantes. Digamos que es una verdadera aventura de pasiones, de fe, de convicciones, de ideología y, por supuesto, del misterio que es aquella inmensidad inconcebible que contiene, indescifrable, todos los movimientos de la humanidad.

–A propósito, ¿cómo están atravesando esta época áspera en lo político y lo cultural?

P. C: –Como individuos nos sensibiliza profundamente la situación que vive tanto el país como el mundo. La inclinación que ha teñido a la humanidad de agresión, indiferencia, frivolidad y egoísmo cobran hoy una dimensión mayor en el marco de la globalización. 

H. C: –Es doloroso y, muchas veces desesperanzador ver qué lejos está de crecer la empatía entre nuestros semejantes… la moneda corriente de estos tiempos es la discordia. Pero como grupo, también sentimos el incentivo inmediato que nos surge de esa situación: las ganas de entregar nuestra energía musical en este contexto. 

M.U.: –Buscamos transformar la angustia en arte para poder seguir adelante, y no atascarnos en los lamentos.

–¿Qué significa entonces seguir teniendo el amor como bandera en los tiempos que corren?

P. C.: –Bueno, nunca ha habido tantos niños muriendo de hambre, infelicidad, depresión y enfermedades relacionadas con vivir en un hábitat de insatisfacción, contaminación y violencia como hoy. A su vez, en el mundo, hay grandes manifestaciones a favor de un nuevo mundo, que ya no se plantea como una modificación interna del sistema imperante, sino más bien como un cambio total de paradigma y la instauración de una nueva forma de humanidad. Nosotros, como artistas, somos herederos de esa utopía, que hoy en día es urgente, necesaria para la conservación de nuestro mundo humano y eso es el amor.

Homero Carabajal: –Sí, lo único que puede darnos la lucidez para reconocer en el otro una parte de nosotros mismos. La comprensión de que es imposible un mundo verdaderamente feliz mientras haya gente que vive en la miseria. O donde haya cánones de “normalidad” que marginen al distinto; donde se imponga a la humanidad el hecho de vivir corriendo tras la ilusión del dinero, llegando a sacrificar su vida entera en ese agobio. El mensaje de Riendas Libres, en este sentido,  está direccionado a tratar de movilizar la conciencia de quien quiera oír. 

–Se los menciona como un “power trío” de músicas de raíz. ¿Les cae bien el mote? 

H. C: –Bueno, es una denominación que podría encajar. Tiene raíces en el rock y todo eso a mí me gusta, pero no es más que una denominación. 

P. C: –Es cierto que para nosotros, como santiagueños, la fuerza, la energía del ritmo tiene que ser poderosa. Si logramos el poder que sabemos que tiene nuestra música nativa, ya hemos conseguido lo importante. Después, que los adjetivos vengan solos.

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