Opinión
Fuga y deuda en el Presupuesto

 

Cuando se presenta un proyecto de ley de presupuesto, el análisis se orienta a una primera comparación con el año anterior. ¿Qué partidas han crecido por encima de la media, que otras lo han hecho por debajo? Esta identificación permite rápidamente observar hacia donde se orientará la acción de gobierno o cuáles son sus prioridades.

En el caso del proyecto de presupuesto nacional para 2019, la partida de gastos que más crece es la de los intereses de la deuda pública. De cada 100 pesos que gaste el Estado, 19 serán para esas erogaciones que, hace apenas tres años, era de sólo 6 pesos de cada 100. Esto muestra el importante proceso de endeudamiento que se viene desarrollando desde 2016.

Según datos del Observatorio de Deuda de la UMET, el enorme crecimiento de la deuda pública total (interna y externa, en moneda nacional y extranjera) durante los tres primeros años de gobierno de Cambiemos ha sido tal que el peso de la misma en el PBI que era en octubre de 2015 de un 40,4 por ciento, será para fines de 2018 (de no mediar otra violenta devaluación de aquí a fin de año) equivalente a un 111,4 por ciento del producto. Dicho incremento es del orden de los 102.928 millones de dólares (pasando de 253.642 millones a 356.570 millones).

Ante tamaña toma de deuda en un período bastante acotado de tiempo, cabe preguntarse: ¿para qué habría de endeudarse un país? La respuesta no es muy compleja: para compensar déficits existentes, tanto en el sector externo como en el fiscal, y para encarar inversiones que no pueden realizarse con el ahorro interno, todo lo cual busca generar un proceso de crecimiento económico. Sin embargo, como el propio proyecto de ley de Presupuesto 2019 reconoce (pese a que sus proyecciones son demasiado optimistas) el PBI real del año próximo va a ser menor al de 2015 (y mucho menor si se considera el producto por habitante).

Descartado entonces que se haya tratado de financiar importaciones e inversiones que impulsen el crecimiento de la economía nacional, en el plano externo, el déficit remite a dos políticas desarrolladas por el actual gobierno nacional: a) una indiscriminada, innecesaria y unilateral apertura comercial, que disparó las importaciones de bienes de consumo, perjudicando a la producción nacional, y b) la entrada y salida de los capitales de corto plazo, que especularon con la tasa de interés, obtuvieron cuantiosos beneficios y se fueron a la primera señal de falta de sustentabilidad del plan económico. Entonces, ¿cuál fue el motivo del endeudamiento? No hay otra explicación que la formación de activos en el exterior, o, en lenguaje llano, la fuga de capitales y divisas.

El Estado argentino se endeudó en dólares para que el poder económico (las grandes fortunas), hicieran un enorme negocio y se llevaran los excedentes fuera del país. Grupo de afortunados del que proviene gran parte de los integrantes del autoproclamado mejor equipo de los últimos cincuenta años.

La contracara de estos grandes beneficios obtenidos por unos pocos, es la pérdida de buena parte de sus ingresos para la gran masa del pueblo. Pérdida de poder adquisitivo notoria en pesos (por la inflación galopante y las paritarias a la baja) y más en dólares.

De este modo, la deuda externa vuelve, como ocurrió durante el último cuarto del siglo XX, a ser el gran factor condicionante de la política fiscal en general y del gasto público en particular. Esa asfixia, que a lo largo de los tres gobiernos kirchneristas casi había logrado desaparecer del escenario económico, en el gobierno de Cambiemos, como queda demostrado, ha reaparecido con una fuerza inusitada.

El proyecto de presupuesto, que es producto de la conjunción de ideas y políticas entre Cambiemos y el FMI, lo que hará es profundizar aún más la etapa recesiva (y regresiva) que se inició en nuestro país el 10 de diciembre de 2015. Al mismo tiempo opera como presunto legitimador de la gran estafa con que el actual gobierno retribuyó a una parte de sus votantes. Que eso no pase, dependerá, como casi siempre, de la lucha y movilización del pueblo argentino.

* Investigadores-docentes de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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