Cuando éramos niños (me refiero a los que hoy contamos con 50 o más), convivíamos con miles de refranes que parecen haberse transformado con el tiempo en capítulos de nuestra propia vida. Me acuerdo que mi abuelo, (“Quicho” para más datos, gran entregador imprudente de golosinas a los niños), siempre criticaba a los que se obsesionaban con la “paja en el ojo ajeno y no veían la viga en el propio”. 

Varias décadas después debo ver como, en el conocido episodio de las extorsiones y la correlativa crisis judicial, representantes de ese viejo dicho se juntan en primer lugar para “ocultar la viga”. El modo de hacerlo, aparentemente es atribuir todo este barullo (según ellos) a una sórdida operación nacida intramuros. No sólo se pretende montar una tétrica escena alrededor de la supuesta operación sino que quienes elevan el tono de voz para analizar el episodio son rápidamente criticados o mencionados, como lo ha hecho Joaquín Morales Solá conmigo en una nota del martes pasado. 

Mi primera respuesta a éste periodista es breve: esquivar las vigas es una cosa, mal o bien, ni siquiera voy a opinar, pero Morales Solá no tiene derecho a sorprenderse de que yo reaccione frente a un caso que si sólo posee el 5 por ciento de verdad de todo el relato ya es digno de un best-seller y debe motivar a una seria reflexión acerca de qué modo una sociedad puede seguir con un sistema de justicia que responde a este alocado Temaiken de motivaciones no jurídicas. 

Sugiero que cada uno vuelva a su juego: Morales Solá debería volver, si quiere, a ser detallista con los ojos ajenos, y muchos como yo nos seguiremos ocupando del Estado de Derecho del cual todos, él también, nos beneficiaremos si tenemos éxito o buscaremos respuestas para la pregunta futura de nuestros hijos cuando nos pregunten en 20 años: ¿y vos, entre tanto, que hiciste? Yo particularmente quiero tener una respuesta clara, porque, como decía el poeta, el éxito y el fracaso son dos impostores.

Con el mayor de los respetos, me gustaría invitar a Joaquín Morales Solá a responder algunas preguntas de un modo muy humilde: bajar el tono altanero quizá nos ayude a salir de algunas de las desorientaciones mal intencionadas.

¿Hay dudas sobre que Marcelo D’Alessio le pidió dinero de un modo casi guarango al empresario Pedro Etchebest? 

¿Luego de la seguidilla de pequeñas intervenciones de Carlos Stornelli en los medios, con preguntas siempre convenientes de “los periodistas”, hay dudas de que Stornelli conocía a ese personaje que ahora define como un enfermo psiquiátrico?

¿Podemos dudar de que D’Alessio tenía un acceso privilegiado a la fiscalía e incluso fue pactada una reunión (según los dichos del fiscal) para recibir información en el balneario CR de Pinamar?

¿Con respecto a que un fiscal reciba a un informante en un balneario de la Costa argentina, qué creemos? ¿Ello es correcto? ¿O esperamos que quien brinde información lo haga bajo las reglas del Código, como testigo o imputado?

¿Circularon o no facsímiles de alguna constancia de la causa? ¿A esas constancias tienen acceso las defensas? ¿Hay algo que explique esas diferencias de trato?

¿Es verdadero o falso que hubo un intento de grabar de modo clandestino a un abogado de la matrícula que, como dato anecdótico pero que me consta, es amigo del fiscal? ¿En ese plan detalladamente descripto por el locuaz D’Alessio, Stornelli no buscaría posicionarse como víctima de una tentativa de extorsión? Si eso es cierto, ¿quién es el que “arma” los casos y escenarios, lo que Morales Solá denomina “operaciones”?

¿La información que brinda el operador multipropósito ante la víctima de su extorsión, no demuestra y confirma una inusitada intimidad y veracidad del conocimiento y acceso al fiscal?

¿Hay dudas sobre que Stornelli tardó ¡5 días!, ¡120 horas!, desde que todos nosotros nos despertamos con D’Alessio haciendo alarde de sus nefastas influencias e invocando su nombre, hasta que lo denunció? ¿No escuchamos todos al fiscal hablando de una operación y desviando la atención de lo principal solo afirmando que el “no se podía hacer cargo” de lo que decía D’Alessio (dando a entender con naturalidad que era una típica girada del nombre del fiscal sin autorización). Nada más. Cinco días después se produce la denuncia, pero en la Ciudad de Buenos Aires (siempre vemos el forum shopping en el ojo ajeno).

Volviendo a los sabios dichos populares. El repentino descrédito de un sujeto hasta hace tres minutos adorado por unos y otros, me recuerda que “dime con quien andas y te diré quien eres”. 

El señor Marcelo D’Alessio apareció más de una vez publicando sus “opiniones” sobre temas de extrema sensibilidad: por ello sugiero cuidado como lo tratan a la hora de despegarse quienes les han dado espacios enormes para influir en la comunidad. La cobardía de hoy puede potenciar la irresponsabilidad del pasado. 

¿Hubo o no reuniones con este raro espécimen, que padece de una supuesta enfermedad psiquiátrica (según dice el fiscal) en un hotel, con algún periodista de un multimedio, para ver como se detenía a Julio de Vido? Es el momento de negarlo o investigarlo. 

¿Es verdadero o no que Stornelli admitió conocer a D’Alessio, quién, según él, aportó información a la causa del Gas Natural Licuado y que llevó al juzgado al último arrepentido: un gerente de Pdvsa? ¿En qué carácter?

Adicionalmente, ¿es cierto que el Ministerio de Seguridad liderado por Patricia Bullrich le pagaba el sueldo al defensor de Leonardo Fariña? ¿Es cierto o no que D’Alessio asesoraba, estaba contratado, o mantuvo reuniones directamente con la jefa de ese Ministerio para diseñar sus tan exitosas políticas públicas en la materia?

¿Cuánto hay de verdad acerca de que Sergio Taselli fue a sabiendas e injustamente involucrado en la causa de los cuadernos por lo que tuvo que enfrentar días de prisión de modo infame?

¿Además de Stornelli, participó o no de esas instructivas y veraniegas reuniones otro fiscal del mismo fuero? ¿Ello no reduce las chances de una feliz coincidencia?

¿Las legisladoras Carrió, Zuvic y Olivetto, no debería explicar la forma en que llegan a sus manos escuchas de un conjunto de internos por fuera de cualquier causa judicial, que no brindan información sobre ningún delito y que dejan la sensación de que existe una organización que bajo el amparo o dirección del gobierno realiza escuchas ilegales para beneficio personal o político? 

Es realmente irresponsable anteponer “chicanas” mediáticas a una seria averiguación de los hechos. La libertad de Stornelli no está en riesgo, puede defenderse con toda la fuerza que da esa convicción, no hace falta que le cuente al fiscal lo difícil que es defenderse en prisión, mucho más cuando es una prisión injusta, derivación exacta de la negación de garantías que sistemáticamente el juez y el fiscal pregonan sólo para algunos, garantías que yo reclamo para todos: también para ellos. 

* Profesor titular de la UBA y abogado defensor de Julio De Vido.