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30 ENE 2000








Trabajo sobreocupación

El 40 por ciento de la población que tiene trabajo está sobreocupada.

Esto significa que 3,4 millones trabajan más de las 48 horas semanales que prevé la legislación laboral.

De ese total, 1,2 millón trabaja más de 61 horas semanales.

Casi 700 mil personas tienen dos empleos y otras 400 mil que trabajan buscan un segundo.

Según un estudio de la CTA, si se trabajaran las 48 horas que marca la ley, se generarían 988.000 nuevos puestos de trabajo, reduciendo la desocupación a la mitad.

El 68 por ciento de los sobreocupados es de sexo masculino, según la última Encuesta Permanente de Hogares del Indec de octubre último.

En ese escenario del mercado de trabajo, en el Congreso se empezó a debatir la Reforma Laboral.

 

Por Roberto Navarro


El exprimidor

Unos no tienen trabajo y otros no tienen descanso. Mientras casi dos millones de personas están desocupadas, 3,4 millones trabajan más de las 48 horas semanales que prevé la legislación laboral. De ese total, 1,2 millón trabaja más de 61 horas semanales. Son los sobreocupados o sobreexplotados. La mayoría no cobra horas extras. Durante la última década, las empresas, buscando disminuir sus costos para ganar competitividad, redujeron sus plantillas recargando de trabajo al resto del personal. Los empleados, por miedo a perder sus puestos, aceptaron esas condiciones abusivas. En estos días comenzó el debate en el Congreso por la Reforma Laboral. El gobierno la presenta como una vía para preparar el escenario para crear empleo. Por ahora, los empresarios, temerosos de que no se produzca la pronosticada mejora del nivel de actividad, prefieren explotar al máximo la capacidad laboral de su personal actual. Al tiempo que los países desarrollados reducen sus jornadas de trabajo para generar empleo, en Argentina se incrementan. El promedio del país es de 55 horas semanales. Según un estudio de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), si se trabajara las 48 horas que marca la ley, se generarían 988.000 nuevos puestos de trabajo, reduciendo la desocupación a la mitad. Según la última Encuesta Permanente de Hogares del Indec, correspondiente a la medición de octubre último, a la que tuvo acceso exclusivo Cash, el 68 por ciento de los sobreocupados es de sexo masculino. El sobreempleo afecta tanto a los empleados en relación de dependencia como a los trabajadores autónomos. Entre estos últimos, los que más horas laboran son los pequeños comerciantes, que ahora compiten con cadenas de supermercados que atienden hasta las 22. También los taxistas extendieron sus jornadas, obligados por la caída en la recaudación. Los empleados de supermercados y shoppings son los principales sobreocupados entre los que trabajan en relación de dependencia. Los gerentes y directores de empresas argentinos, que están entre los que más ganan en el mundo, trabajan un promedio de 11 horas diarias. Según un estudio de Mora y Araujo y Asociados, el 68 por ciento de los sobreocupados no cobra horas extra. El control de la cantidad de horas trabajadas y de que se hagan efectivas las remuneraciones de las horas extra corresponde a la policía de trabajo, dependiente de los ministerios de Trabajo nacional y provinciales. Según la CTA, en los últimos años se redujeron sensiblemente las inspecciones laborales. Para Claudio Lozano, economista de la central sindical, “la falta de controles es funcional al modelo económico. La principal estrategia para reducir los costos de producción fue obligar a los trabajadores a trabajar más horas por el mismo salario”, opinó. En diciembre, el gobierno francés aprobó la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales, 20 menos que el promedio argentino. El primer ministro, Lionel Jospin, aseguró que la medida generará 700.000 nuevos puestos de trabajo. En Alemania se trabaja 37 horas semanales; en Gran Bretaña, 38, al igual que en Estados Unidos; en Venezuela, 42. El promedio argentino supera aún a la mayoría de los países asiáticos. El secretario de Trabajo, Jorge Sappia, señaló a Cash que “no está comprobado que la reducción de horas de trabajo genere empleo. Y que en el país no están dadas las condiciones para una medida de esa naturaleza” (ver recuadro). El debate, que en Europa lleva casi una década, en Argentina apenas comienza. Para Nuria Susmel, economista de FIEL, “la reducción de la jornada de trabajo encarecería el costo laboral y no representaría un aumento significativo del empleo”. Susmel justificó la resistencia de los empresarios a tomar nuevos empleados en la ciclotimia que vivió la economía en el último lustro. “En las épocas de crecimiento, las empresas prefieren pagar horas extras que tomar personal, porque no saben cuánto va a durar el buen momento y las indemnizaciones en el país son muy altas”, opinó. Claudio Lozano, en cambio, afirma que “si se reduce la jornada laboral en un 20 por ciento, los empresarios tendrán que salir a contratar personal en la misma proporción”. La sobreocupación genera, además, otros efectos colaterales, como los accidentes de trabajo y las enfermedades laborales. Un informe de la Asociación de Abogados Laboralistas revela que la fatiga física y mental producida por la extensión de las jornadas de trabajo es una de las principales razones del impresionante crecimiento en los accidentes laborales que se dio en los últimos años. Horacio Shick, titular de la entidad, señaló a Cash que “la ineficacia de la policía laboral y la falta de dinamismo del sector sindical derivaron en una sobreexplotación del personal, que en muchos casos terminó generando accidentes”. El 40 por ciento de la población que tiene trabajo está sobreocupada. El abuso de los empresarios, que cuentan con el miedo de los trabajadores a perder el conchabo, es una de las razones del fenómeno. La necesidad de la gente de conformar un mayor ingreso es la otra. Casi 700 mil personas tienen dos empleos y otras 400 mil que trabajan buscan un segundo. El incremento de más del 50 por ciento que registró el PBI en la última década sólo consiguió aumentar apenas un 15 por ciento los empleos disponibles a principios de los ‘90.


Perfil de los sobreocupados

La sobreocupación es un problema que afecta a todos los sectores sociales, pero impacta más fuertemente en los de menores recursos. Un estudio de Graciela Römer & Asociados revela que el 37 por ciento de la población sobreocupada pertenece al nivel socioeconómico medio bajo y que el 73 por ciento gana menos que la canasta familiar. En total, los sobreocupados representan el 28 por ciento de la población económicamente activa y el 40 por ciento de los que tienen trabajo. El 68 por ciento de las personas que trabajan más horas que las que marca la ley es de sexo masculino. Y el 37 por ciento tiene entre 40 y 54 años. Esto indica que los que más aceptan estas condiciones de trabajo son los jefes de familia que superaron los límites de edad que requieren las empresas para tomar nuevos trabajadores. El segmento menos impactado por el sobreempleo es el de los jóvenes (entre 18 y 20 años). Sólo el 25 por ciento de ellos trabaja más de 48 horas por semana. Es en esa misma franja en la que se encuentran los mayores bolsones de desocupación. El 63 por ciento de los sobreempleados vive en el interior del país, en donde las condiciones laborales son aún menos controladas que en el área metropolitana. El menor índice de sobreocupación se da en la ciudad de Buenos Aires. Otro dato que muestra a las claras que los más explotados son los más débiles es el desagregado por nivel de educación. El 37 por ciento de los sobreempleados tiene estudios primarios completos o secundario incompleto, el 33 por ciento tiene secundaria completa. El 15 por ciento tiene educación terciaria completa y el 11 por ciento terminó la universidad. El 53 por ciento de la población sobreocupada cree que usa todas sus calificaciones en el trabajo, el 43 por ciento piensa que podría aportar al trabajo más de lo que da. La mayoría cree que si trabajara menos horas su rendimiento sería superior y se obtendría un mejor resultado para la empresa. Más de seis de cada diez sobreocupados (63 por ciento) temen perder su empleo. Sólo el 35 por ciento se siente seguro de que mantendrá su puesto de trabajo en los próximos doce meses.


Claudio Lozano, economista de CTA
“Suspender las horas extra”

¿La reducción de la jornada laboral puede generar un crecimiento del empleo proporcional a las horas reducidas?

–Sin ninguna duda. Pero en el país lo primero que hay que hacer es suspender las horas extras. Aquí se desvirtuó el concepto de hora extra porque no se las paga. La mayoría de las empresas, principalmente los supermercados, que destruyeron cientos de miles de puestos de trabajo entre los pequeños comerciantes, explotan a sus empleados obligándolos a trabajar jornadas superiores a las doce horas. ¿Cómo se generó la sobreocupación?

–Es consecuencia de la desocupación. La gente tiene terror a perder su empleo y acepta condiciones que jamás hubiera aceptado si el mercado laboral estuviera estabilizado. A la vez, el Estado se desentendió del problema. La desocupación y la sobreocupación son funcionales al modelo económico, que busca reducir los costos laborales como principal estrategia para aumentar la productividad. ¿Por qué en otros países, como España, con mayor desocupación que Argentina, no hay sobreempleo?

–Porque tienen seguro de desempleo. De esa manera, la gente no está tan desesperada como para aceptar un trabajo en condiciones de explotación. Acá el trabajador es un rehén del sistema: o acepta las reglas del juego que dispone el empleador o lo sustituyen. Hay cientos de miles de desempleados esperando para tomar su lugar sin poner condiciones. La mayoría de los economistas propone una mayor flexibilización laboral y asegura que el crecimiento generará empleo.

–Ya se vio entre 1996 y mitad de 1998 que el país creció y la desocupación disminuyó hasta un punto y ahí quedó. Mientras los empresarios puedan hacer trabajar más a los empleados que tienen por la misma plata para qué van a tomar nuevo personal. Nada va a cambiar sin un Estado que regule la desigual relación que existe hoy en el mercado laboral.


Jorge Sappia, secretario de Trabajo
“Proponemos un límite de horario anual”

¿Por qué no se controlan la cantidad de horas de trabajo y el pago de horas extra?

–La administración anterior prácticamente desarmó los equipos de policía laboral. Esto no sólo sucedió en el orden nacional; la mayoría de las provincias hizo lo mismo. Para controlar el cumplimiento de la legislación laboral hay que tener voluntad política y el menemismo no la tuvo. Por el contrario, promovió una flexibilización de hecho que perjudicó a los trabajadores y dejó fuera de la ley a la mayoría de las empresas. ¿Van a sancionar a las grandes cadenas de supermercados que obligan a sus empleados a trabajar jornadas superiores a las 12 horas?

–Nuestra decisión es reformar la actual legislación adaptándola a la realidad económica actual. Proponemos un límite de horario anual y no semanal, que permita a las empresas pactar con los sindicatos o con sus mismos empleados distintos horarios según necesidades estacionales o de stock. Una vez reformada la ley, la haremos cumplir a todos, sin excepción. La CTA realizó un informe que indica que cumpliendo las 48 horas semanales que marca la ley se generarían casi un millón de empleos.

–Lo primero que hay que admitir es que un país con un 45 por ciento de empleo en negro no está preparado para realizar un control estricto de las horas de trabajo. Por eso proponemos un blanqueo laboral que incluya a todos los trabajadores en el sistema. De todas maneras, no estoy tan seguro de que la reducción de la jornada de trabajo genere nuevos empleos. La reforma que acaba de realizar Francia, luego de tres años de debate, es aún muy reciente para evaluarla. Habrá que esperar qué pasa allá y pensar, además, que Argentina tiene serios problemas de competitividad como para tomar una medida así.