Se estrena la película y hablan los actores le pusieron voz a los muñecos
Toy Story 4: Juguetes (no tan) perdidos
“Es una especie de talismán”, dice Tom Hanks. La frase es un buen resumen del sentimiento de un elenco que, a pesar de sus pergaminos, se enorgullece de contribuir a una saga eterna.
Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes.Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes.Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes.Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes.Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes.
Woody (Tom Hanks) y Forky (Tony Hale), compañeros en una nueva aventura del mundo de los juguetes. 

–Si se le pregunta a Tom Hanks qué significó para él pasar el último cuarto de siglo dándole voz al Sheriff Woody probablemente cuente la misma historia. Una que abre en Disneylandia, donde está con su familia viendo Fantasmic, show nocturno en el que alegres globos de colores flotan por el río del parque al ritmo de varios hits de Disney. De pronto su hija –ya en sus treinta– estalla en lágrimas. “¿Qué pasa?”, pregunta él. Ella señala a la parte trasera de un barco de vapor llena de personajes que bailan. Allí están Woody y Buzz Lightyear. “Papá, siempre estarás en ese bote”, le dice. “Bailando por el resto de los tiempos, mientras Disneyland esté aquí.” Para Hanks, ese es el momento en el que le cayó la ficha: ayudó a crear algo eterno. “Es una especie de talismán que todos llevamos con nosotros”, dice.

Es un tema común al promocionar Toy Story 4, cuando el elenco comparte sus profundos sentimientos de realización. Para Annie Potts, que da voz a Bo Peep, fue en un paseo en el barco por el Amazonas, cuando vio a un chico jugando en la orilla con una remera de Woody. Tim Allen, la voz de Buzz, es el más sorprendido por el entorno, en el que el elenco posa en el Toy Story Land en Disneylandia: la conversación es periódicamente interrumpida por los gritos que llegan desde la montaña rusa del perro Slinky. “Es algo que de pronto me abruma”, es parte del signo de los tiempos”, señala. 

No se puede culpar a estos actores por sentirse un poco filosóficos. Es el efecto que Pixar suele producir. Coco nos puso en una especie de pánico sobre la muerte y la impermanencia; Intensamente nos dio un mapa a nuestro cerebro antes de reasegurarnos que la tristeza es una parte importante y necesaria de la vida. Toy Story 4 se zambulle en el reino del terror existencial. Aunque todos habían asumido que la historia de Woody había llegado a un final en 2010, cuando los juguetes le dieron la despedida a su dueño Andy cuando éste partía a la universidad y una bienvenida a Bonnie, esta aventura revela que el sheriff ha tenido tiempos duros en esa mudanza. Cumplió su propósito de guiar a Andy a la adultez: ¿qué sigue? En ese momento Forky (Tony Hale) aparece en su vida. Es un tenedor-cuchara que adquiere existencia cuando Bonnie le pega unos ojos saltones, unos pies de palito y brazos de cepillo limpiador. “Es un montón de cosas que obtuvieron poder a través de la imaginación de su creadora... y eso es un juguete”, dice Hanks. Woody ayuda a Forky a entrar a la vida más allá de ser un mero utensilio, a la vez que descubre que su propia razón de ser no está limitada al mundo de Andy.

Así como es una sorpresa descubrir que el viaje de Woody no terminó en Toy Story 3, la franquicia nunca vino con garantías. El primer film, de 1995, fue un último intento de salvar a Pixar –propiedad de Steve Jobs– de la quiebra, en un acuerdo de tres películas con Disney. Toy Story consiguió tres nominaciones al Oscar y una recaudación global de 373 millones de dólares, pero no hizo las cosas más fáciles. “Cada vez que terminábamos una pensábamos que estábamos diciendo adiós”, señala Hanks. “La más riesgosa fue la segunda, porque el test era ‘¿Puede Pixar estar a la altura de la primera?’. Y eso sucedió cada vez”.

Toy Story 2 comenzó como una secuela directo a video, antes de ser promovida al estreno en cines: eso llevó a que Pixar comenzara de nuevo desde cero. La tercera estuvo a punto de ser producida sin la participación de Pixar, antes de que el estudio fuera adquirido por Disney en 2006. Pero lo que puede ser percibido como un infierno de producción es la historia habitual. El año pasado hubo una pequeña polvareda mediática cuando se supo que cerca del 75 por ciento del guión de Toy Story 4 había sido descartado. El equipo se rió de las preocupaciones de todo el mundo. “Hacemos eso todos los días”, dice el director Josh Cooley. Una parte integral del proceso del estudio ha sido siempre la habilidad de –según el productor Mark Nielsen– tomar un proyecto y “tirarlo abajo, reescribirlo, levantarlo nuevamente. Cada cuatro meses hacemos lo mismo”. Para cada película hay unas diez iteraciones diferentes. “Hay nueve versiones horribles de Toy Story 4”, dice Cooley, y Nielsen agrega: “Versiones que nadie debería ver”.

Aun así, la producción de Toy Story 4 siempre estuvo inexorablemente ligada a una parte significatva de la historia de Pixar. En 2017, John Lasseter, que dirigía Pixar y los Walt Disney Animation Studios, anunció que se tomaba seis meses sabáticos, en la ola de alegaciones sobre acoso sexual. Lasseter ya había pasado la tarea de la dirección a Cooley. Un año después, Disney cortó lazos con Lasseter, y su última contribución fue un crédito sobre la historia en Toy Story 4. Al tiempo que se publicaban las acusaciones sobre Lasseter, el dúo de guionistas de Rashida Jones y Will McCormack se retiró de la película, pero negó que tuviera que ver con un supuesto acoso de Lasseter a Jones y citó conflictos “creativos” y “filosóficos” a partir de “una cultura en la que las mujeres y la gente de color no tienen una voz creativa igualitaria”. Como apuntó el dúo, casi todos los films de Pixar habían sido dirigidos por un hombre blanco, con las excepciones de Brenda Chapman, quien recibió un crédito de codirección tras ser despedida en la mitad de Valiente; el director coreano-estadounidense Peter Sohn, que lideró Un gran dinosaurio; y el animador filipino Ronnie del Carmen, que codirigió Intensamente.

Ahora todos los ojos se dirigen al reemplazo de Lasseter, Pete Docter, y hay un sentimiento de esperanza en la industria de la animación de que será capaz de hacer los cambios correctos. “Todos queremos que este estudio nos sobreviva”, dice Nielsen. “Y que la gente en Pixar sea capaz de hacer escuchar su voz. Siempre podemos ser mejores, pero nos estamos dirigiendo a eso. Hay algunos proyectos excitantes que están saliendo a la luz.” Uno de ellos está siendo supervisado por Domee Shi, quien el año pasado dirigió el corto Bao, ganador de un Oscar: la historia de un pan al vapor que cobra vida, emocionante alegoría del síndrome del nido vacío. “Ella es una persona increíblemente talentosa, y prepara algo especial”, dice Nielsen.

Es irónico que Toy Story 4 llegue en el cierre de un capítulo y el comienzo de otro, dado que el film trata sobre eso. “Cada personaje atravesó una transición o está lidiando con una”, señala Cooley. Es Bo Peep la que tuvo el mayor cambio, volviendo tras su notoria ausencia en Toy Story 3, donde se reveló que la figura de porcelana había sido vendida por la familia de Andy. “No creo que siquiera supiera que estaban haciendo la 3 hasta que estaba lista para estrenarse. Estaba ocupada”, dice Potts. La película no solo trae a la luz a una favorita de los fans, sino que además le hace justicia al personaje. Ya no es la tímida figura de interés romántico para Woody, es una igual emocional para él, que le permite crecer desafiando sus más profundas creencias. Se descubre que ella vive feliz y en libertad como un juguete perdido, la antítesis de todo lo que sostiene Woody.

Bo Peep encontrará su lugar entre el creciente canon de personajes femeninos fuertes e inteligentes: desde Rey en Star Wars y Capitana Marvel a Elsa de Frozen, o Merida y Mrs. Increíble de Pixar. “Está sucediendo una gran cosa de igualar y balancear”, dice Potts. “Las mujeres no somos segundas de nadie. No somos el segundo sexo”. Bo viene de un lugar auténtico: es un personaje femenino moldeado por mujeres, que comparte sus historias y puntos de vista. Stephany Folsom, quien trabajó en Thor: Ragnarok, coescribió el guión, mientras que un equipo de animadoras mujeres (apodado “Team Bo”) se encargó del rediseño del personaje, que incluye una reformulación de su vestido como una útil capa. “Me encontré con ese grupo y las encontré sensacionales. Habían pensado en todo”, explica Potter. La actriz no podría estar más feliz. “Le agradecí a Josh Cooley el haber puesto esta corona en mi cabeza”.

Toy Story le debe mucho a cuán en sintonía están los intérpretes y sus personajes, y el cuarto episodio no es la excepción. Forky no podría concebirse sin otra voz que la de Hale, conocido por personajes igualmente neuróticos, sobreestimulados de Arrested Development y Veep. De hecho, el primer Forky animado por Pixar usó diálogos de esos programas para probar que encajaban a la perfección. “Al interpretarlo sentí que resonaban muchas cosas conmigo”, dice Hale. “Estoy igualmente abrumado”. Es evidente, porque Hale traiciona sus propias dudas y sus luchas existenciales, especialmente cuando describe cómo se involucró en la película. “Me agarró en el medio de las olas”, dice. “Inicialmente me preguntaba si estos tipos habían cometido un error: ¿se supone que esté acá?”. No es extraño que se haya enamorado del mensaje del film, en el que el tenedor-cuchara piensa que está destinado a la basura y aprende que “Tenés un enorme valor, tenés un tremendo propósito”.

A Keegan-Michael Key y Jordan Peele, viejos compañeros de comedia, se les permitió correr a sus anchas como Duck y y Bunny, dos premios de atracción de feria fugitivos. Buena parte de su diálogo fue improvisado: “Pueden leerse la mente uno al otro”, apunta Cooley. Keanu Reeves fue elegido para Duke Caboom, el más grande doble de riesgo de Canadá (un juguete en moto al estilo Evel Knievel), en un casting a ciegas en el que los realizadores escucharon quince voces diferentes. Invitaron al actor a discutir el personaje; para el final del encuentro, Reeves estaba subido a la mesa demostrando la pose de acción de Duke que ahora es marca registrada. Recién tras contratarlo descubrieron su amor por las motocicletas: incluso es copropietario de una fábrica de motos de alta gama.

Los realizadores también tuvieron un golpe de suerte con Gabby Gabby, una muñeca que junta polvo en una casa de antigüedades debido a una falla en su caja de voz y se convierte en una especie de figura de El Padrino, rodeada por sus matones ventrílocuos. “Pensé que habían hecho alguna rara investigación de mi pasado”, dice Christina Hendricks: según descubrieron después, la actriz pasó toda su infancia pidiéndole a sus padres un muñeco de ventrílocuo, pero solo se lo pudo comprar en su adultez. Ahora vive feliz en su oficina. ¿Cómo digiere el unirse a una franquicia icónica? “Todavía siento que estoy soñando. Es una marca registrada, todos la tenemos en nuestras vidas”, dice. Reeves lo pone en palabras simples: “Un honor y un sueño”. Después de todo, estos actores y actrices han aprendido de aquellos que vivieron de primera mano los efectos que estas películas tuvieron en el mundo. Toy Story tiene una vida más allá de las películas: sea en los parques, en los cortos y spin offs (Forky tendrá su serie en la plataforma Disney+ en noviembre), o en la memoria de quienes crecieron con estos personajes. “No importa lo viejo que seas, cuando ves estas películas sos de la misma edad que tenías cuando las viste por primera vez.”, dice Hanks. “No hay un golpe, no hay un choque, no hay nostalgia, nada envejece de mala manera. Es exactamente como era y como será siempre”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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