Exhibido en la vitrina del museo el sable no es emblema de fuerza, sino significante de orden, límite y falta: recuerda que nadie lo tiene todo, que nadie es dueño del origen ni de la Ley. El gesto presidencial rompe esa tríada, como apropiación personal del símbolo de poder, así la Ley pasa a ser poseída como herramienta de dominio.