INFORME  
En busca de la soberanía perdida
El desarrollo nuclear, aeroespacial y energético demanda formación de recursos humanos calificados y políticas públicas sostenidas en el tiempo. A pesar de la desatención del Estado y la crisis económica, investigadores y estudiantes universitarios apuestan a la tecnología de punta como estrategia de crecimiento independiente.

Atípicas entre las no tradicionales. Las carreras universitarias vinculadas al desarrollo nuclear, aeroespacial y energético son fundamentales para la proyección comercial y geopolítica de Argentina. Se trata de áreas que juegan un rol importante en el presente y el futuro del país, por lo que la formación de profesionales en esos sectores es indispensable. Pero a la hora de elegir, no suelen ser la primera opción de los estudiantes.

El campo de la tecnología nuclear requiere recursos humanos altamente calificados, tanto para las actividades de investigación y desarrollo, como para las múltiples aplicaciones. A través de convenios con universidades nacionales, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), dependiente del Ministerio de Energía y Minería, brinda dos ofertas de grado en sus institutos académicos.

Ingeniería Nuclear es la más antigua. Creada en 1977 junto con la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), se dicta en el Instituto Balseiro, con sede en el Centro Atómico Bariloche. La carrera va por su 40° promoción y cuenta con unos 400 egresados, pero no todos los años se cubren las 15 vacantes.

El programa abarca un ciclo de Ciencias Básicas (2 años), que se debe cursar antes del ingreso al Balseiro, y otro Profesional (3 años), al que se accede luego de rendir un examen de admisión y pasar por una entrevista individual.

El ingeniero nuclear y vicedirector por el Área de Ingeniería del Balseiro, Mariano Cantero, afirmó que los estudiantes están inmersos en “un gran laboratorio nacional, donde sus profesores son investigadores con dedicación exclusiva”. A lo largo de la carrera, los alumnos realizan prácticas en el Centro Atómico y tienen acceso al RA-6, un reactor escuela.

El Instituto también posee programas de intercambio internacionales y ofrece becas completas financiadas por la CNEA.

Por otra parte, la inscripción a Ingeniería Nuclear con Orientación en Aplicaciones comenzó en 2015. La carrera se dicta en el Instituto Dan Beninson (IDB), con sede en el Centro Atómico Ezeiza, junto con la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Al igual que en el Balseiro, se divide en dos ciclos y los aspirantes deben realizar una evaluación y superar una entrevista. En este caso, se ofrecen diez becas completas de la CNEA que no llegan a utilizarse por completo, ya que el promedio de ingreso es de siete alumnos.

El director de la carrera e investigador independiente del CONICET, Pablo Vizcaíno, sostuvo que “el universo de aplicaciones se ha vuelto muy vasto y la carrera se ocupa de dar esa formación, sin perder de vista el diseño y funcionamiento de los reactores y otras instalaciones nucleares” que hacen al perfil clásico de los graduados en el área.

“En la salud, el agro y la industria, las radiaciones aparecen vinculadas a diferentes técnicas y aplicaciones: diagnóstico y tratamiento de enfermedades; seguimientos metabólicos en vegetales y animales, y en estudios de degradación de suelos (radio-trazadores); control de plagas; irradiación de alimentos, y mediciones en procesos industriales”, detalló Vizcaíno al Suplemento Universidad.

Vizcaíno y Cantero coinciden en que el desarrollo del área de nuclear a nivel nacional es bueno y que tuvo un gran impulso entre 2003 y 2015. “Lamentablemente, en los últimos tres años eso se ha discontinuado”, remarcó el referente del Balseiro a este Suplemento.

Proyección aeroespacial

En 2020, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) comenzará a dictar la carrera de Ingeniería Aeroespacial. Será la primera casa de estudios superiores del país y de la región con esta oferta académica a nivel de grado.

La nueva propuesta formativa reemplazará la carrera de Ingeniería Aeronáutica, aprobada en 1942 con el fin de formar profesionales capacitados en el proyecto de aeronaves, instrumental, aeródromos, ensayo y mejoramiento de motores de aviación. Según indicó el vicepresidente del Área Institucional y director del Centro Tecnológico Aeroespacial de la UNLP, Marcos Actis, las universidades que dictan la especialidad “apoyaron el cambio de nombre y, de a poco, van a ir dando la oferta aeroespacial”.

La iniciativa busca que los alcances profesionales y el perfil del egresado se vean reflejados en el título. Al mismo tiempo, pretende que los alumnos tomen contacto con el área desde el primer año.

En el Plan de 1967, la UNLP ofrecía la orientación espacial en sexto año, algo que desapareció con la reducción de los planes de estudio. Pero los temas espaciales siguieron presentes y la Facultad de Ingeniería tuvo un rol activo en el desarrollo del área.

Son competencias del ingeniero aeroespacial diseñar, calcular y proyectar aeronaves, vehículos espaciales y toda máquina de vuelo; plantas propulsoras y auxiliares aeronáuticas y espaciales; sistemas de control aeronáuticos; instalaciones aeroportuarias –en aquello que afecte la operación y el funcionamiento de una aeronave y/o sus equipos–, y rutas y líneas de transporte aéreo. También, dirigir y controlar su construcción, operación y mantenimiento; certificar su funcionamiento y condiciones de uso, y proyectar y guiar lo referido a la higiene y seguridad en su actividad profesional.

Otro aspecto a destacar del campo aeroespacial son las repercusiones que los avances científicos y tecnológicos, generados a partir de las investigaciones y aplicaciones en el área, tienen en otras industrias.

A nivel de posgrado, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), dependiente Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, ofrece cuatro maestrías, mediante acuerdos con universidades nacionales: en Aplicaciones de Información Espacial, implementada por el Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich y la Facultad de Matemática, Física y Astronomía de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC); en Tecnología Satelital, con la Facultad Regional Córdoba de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); en Instrumentos Satelitales, con la Facultad Regional Mendoza de la UTN, y en Desarrollos Informáticos de Aplicación Espacial, con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM).

Los posgrados duran dos años e incluyen la realización de prácticas en laboratorios de organismos y empresas relacionadas a proyectos del Plan Espacial Nacional. Además, la CONAE ofrece 12 becas a través de cuatro modalidades de postulación.

La Maestría en Aplicaciones de Información Espacial se destaca por capacitar profesionales para la recolección, resumen, análisis y difusión de datos, y el uso de la información espacial en aplicaciones diversas, como gestión de recursos agrícolas y forestales; meteorología y oceanografía; emergencias ambientales; monitoreo y gestión ambiental; cartografía y estudios geológicos, y salud humana.

En ese sentido, el responsable de la Unidad de Formación Superior de la CONAE, Leonardo de Ferrariis, consideró que se trata de “circuito virtuosos que genera beneficios a mediano y largo plazo” y ponderó la creación del Mapa de Riesgo Ambiental de Dengue que permite evaluar el riesgo de aparición y dispersión de la enfermedad, dar alerta temprana a la población, y tomar las medidas sanitarias necesarias.

Tecnología de punta

El rol estratégico de estas áreas demanda profesionales calificados y políticas sostenidas en el tiempo que incentiven su desarrollo. “El efecto pendular que sufrimos en nuestro país es muy dañino. Pese a todo, somos una vanguardia en estos temas en América Latina”, manifestó Vizcaíno.

Por su parte, Actis expresó: “En el campo espacial, Argentina debería ser líder en Sudamérica y estaba predestinado a eso”, pero el desfinanciamiento en ciencia y tecnología afectó desarrollo tecnológico. “En vez de seguir con los desarrollos de satélites geoestacionarios, alquilamos satélites extranjeros”, remarcó el vicepresidente de la UNLP y ex decano de Ingeniería. “El satélite Arsat, que hizo INVAP, costó 230 millones dólares y pesa 1500 kilos. ¿Cuántos quintales de soja tenés que vender para poder lograr 230 millones de dólares?”. La ecuación es muy gráfica: “El valor agregado que tiene la tecnología no lo tiene vender materias primas”.

 

“Argentina tiene que ser un país desarrollado en tecnología de punta”, sostuvo el referente de la UNLP y agregó: “Por lo menos, los que estamos en educación apuntamos a largo plazo, no a un gobierno de cuatro años”.

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