Fabián Flores, un investigador que estudia las peregrinaciones a Luján
La ciencia de la fe
Es un fenómeno religioso, pero fundamentalmente social: las motivaciones de los participantes exceden las creencias y suman otros propósitos. Los imaginarios en juego.

Cada octubre, desde 1975, los devotos de la Virgen María copian la misma coreografía del sacrificio y marchan hacia Luján. Se persignan, realizan cadenas de oración y entonan cantos de alabanzas; la fe empuja sus piernas durante los 60 kilómetros que separan a Liniers del lugar sagrado. Sin embargo, los fieles ya no están solos. Entre la muchedumbre religiosa, se cuelan los fanáticos del fitness que se concentran en contar las calorías eliminadas mediante sus relojes polifuncionales; los grupos de curiosos que, lejos de un propósito místico, viven la travesía como si fuera una aventura; e, incluso, también están los barras que, sin demasiada previsión, marchan hacia la Basílica en señal de agradecimiento por el campeonato conseguido y, en el camino, alimentan su espíritu con cerveza tibia. En medio de ese mar de heterogeneidades, se ubica Fabián Flores --investigador del Conicet en la Universidad de Lujan, geógrafo y doctor en Ciencias Sociales y Humanas-- que desde hace más de una década analiza la marea humana con los ojos de la ciencia. A continuación, describe en qué consiste su trabajo de campo y cuál es su aporte al estudio de las movilizaciones religiosas.

--¿Por qué investiga las peregrinaciones? ¿Qué le interesa?

--Forman parte de un tema mucho mayor que se vincula con la movilidad religiosa. Se trata de prácticas que pueden ser abordadas desde diferentes miradas; la más habitual tiene que ver con pensarlas a partir de las transformaciones que producen en espacios geográficos determinados. De hecho, es un fenómeno heterogéneo que se caracteriza por irrumpir en los espacios públicos y alterar la dinámica cotidiana. Me interesa, en este sentido, analizarlo a partir de las propias subjetividades de los peregrinos en su recorrido. Esto es, qué experiencias viven, qué acciones realizan, cómo se relacionan y cuáles son sus objetivos al respecto.

--¿Por qué la gente peregrina? ¿Cómo lo hace?

--Existe una gran diversidad de propósitos que persiguen las personas que peregrinan y ello, por supuesto, varía de acuerdo al contexto y al tipo de instituciones que organizan el asunto. Existen peregrinaciones que fueron sedimentadas a lo largo de la historia y conllevan una tradición histórica fuerte; mientras que hay otras que se han ido modificando y mutaron con diferentes fines. Por ejemplo, Luján es la ciudad mariana (devotos de la Virgen María) más importante del país y recibe millones de personas al año. Por tanto, satisface un arco muy amplio de expectativas. Está, por un lado, la peregrinación migrante de la comunidad boliviana, que tiene lugar durante agosto, y se destaca por sus colores, la fiesta de las confraternidades y por motivaciones muy vinculadas a la devoción religiosa. Por otro lado, se halla la peregrinación juvenil a pie, que es la más masiva y la que todos los años parte desde de la Parroquia de San Cayetano (Liniers). Se inició en 1975, en los albores de la última dictadura cívico-militar, como una experiencia de los movimientos relacionados a la Pastoral Social y a los curas villeros que se movilizaban junto a los sectores populares.

--En este caso, entonces, la diversidad de motivos es mucho más amplia. Hay muchas personas que, incluso, van a Luján y toman el trayecto como un desafío deportivo...

--Por supuesto, están los que van movilizados por la fe pero, además, están aquellos que se toman la llegada a Luján como un desafío personal. Hay grupos que lo hacen a partir de una cierta pertenencia social y que van por fuera de las instituciones eclesiásticas. En sus comienzos, en la década de los 70, el nivel de organización era muy alto y las parroquias participaban de una manera muy activa. Sin embargo, en los trabajos de campo que venimos desarrollando, se observa la emergencia de nuevos sujetos que no necesariamente están vinculados a una identificación religiosa. Es lo que nosotros llamamos como “el peregrino cuentapropista”, es decir, aquel que va por sus propios medios, con familiares, amigos y conocidos, para cumplir con propósitos variados.

--¿Se sabe, aproximadamente, cuánta gente participó en la del año pasado?

--Las cifras, como en todos los casos, dependen de quién las produce. Sabemos que es una manifestación muy importante que va desde el millón y medio hasta las dos millones de personas según los años. Con ello, se trata del mayor desplazamiento de gente por motivaciones religiosas de Argentina. En este último tiempo, el pico de visitantes estuvo con el nombramiento de Jorge Bergoglio al papado que marcó un cierto reverdecer en el ámbito. Para los trabajos de campo de tipo cualitativo que realizamos el número deja de ser central, ya que ponemos el ojo en otro tipo de aristas.

--Ya que lo menciona, ¿cómo realiza su trabajo de campo? ¿Se suma en alguna parte del recorrido?

--A través de diferentes estrategias. Una muy importante es la que denominamos como trabajo de campo experiencial. A partir de aquí, junto a mi equipo de investigación, nos distribuíamos en diferentes puntos intermedios del conurbano (Moreno, La Reja) donde la gente suele parar para descansar, estirar las piernas y refrigerarse. Una vez situados, realizamos charlas informales para detectar grupos de interés. No hacemos las entrevistas in situ, sino que aprovechábamos la caminata para llevarnos contactos valiosos; ya que es muy difícil interrumpirlos. Es nuestra función como investigadores advertir los límites respecto de hasta qué punto podemos alterar una práctica social que, en algunos casos, se realiza de manera muy concentrada y con una entrega considerable.

--También analiza el modo en que la prensa aborda estos acontecimientos y construye imaginarios. ¿Qué dicen los diarios sobre estos eventos masivos?

--Ni que hablar los mensajes que se expresan en las redes sociales, que habilitan a la circulación de expresiones sin filtro y resguardadas bajo la sombra del anonimato. Cuando uno lee la prensa local de Luján es posible entrever diferentes reacciones. Históricamente se ha detectado una fuerte resistencia de la comunidad para con los peregrinos. Incluso, de acuerdo a qué medio se revise, existe algo así como un ranking de los más odiados. La marcha de los gauchos es considerada la más salvaje.

--¿Por qué?

--Porque trae un bagaje cultural muy arraigado en tradiciones rurales. En general, la población que participa de esta peregrinación pertenece a sectores marginales y económicamente rezagados, con lo cual, la relación que se teje desde los medios es lineal y esquemática. Relevan “un excesivo consumo de alcohol” que hace desbarrancar un poco todo y los diarios se ocupan de registrar “los caballos que mueren en el camino” por “diferentes negligencias y descuidos que se producen durante el recorrido”. Todo esto se condensa en estereotipos que culminan por ser racistas y xenófobos. Hay otras, como la peregrinación juvenil a pie, que también conllevan un impacto negativo en los habitantes de Luján que, en muchos casos, optan por encerrarse y no salir hasta el otro día.

--La ciencia, entonces, tiene mucho que aportar sobre las peregrinaciones porque se trata de una práctica masiva y de fuerte arraigo social.

--Por supuesto. Es un fenómeno social y cultural que existe, con lo cual, si no lo miramos y le damos la espalda estaríamos negando algo que opera en la realidad, produce consecuencias y actúa sobre los territorios y las personas. No hay que poner en tela de juicio la fe de cada individuo con respecto al fenómeno, sino reflexionar sobre la peregrinación como hecho social. De esta manera se objetiva a la religión y --si se quiere pensarlo desde una perspectiva más general y compleja-- a las creencias que devienen en objeto de estudio. Lejos del viejo postulado que preconizaba la desaparición de la religión en función de la razón, todo el mapa de prácticas y rituales se ha reconfigurado. Desde las ciencias sociales y humanas tenemos mucho que decir sobre ello.

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