Archivo Mikielievich en el Museo Mikielievich
El hombre que impidió olvidar a Rosario
Dos muestras en el museo que lleva su nombre presentan al público la figura y la obra del máximo historiador local
La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador.La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador.La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador.La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador.La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador.
La muestra replica a Mikielievich en su laboriosa tarea de recopilador. 
Imagen: Sebastián Joel Vargas

Hasta ahora, Carlos Wladimir Mikielievich y su archivo de documentos históricos de Rosario eran una leyenda local que muchos habían oído pero pocos conocían. Pero a partir del sábado pasado y hasta fin de año, dos apasionantes muestras documentales en el Museo de la Ciudad (Oroño al 2300) que desde 2004 lleva su nombre revelan al público apenas parte de su vastísimo legado, reunido por puro amor a Rosario.

Como advirtió ayer a Rosariol12 Nicolás Charles, director del Museo Wladimir Mikielievich, el archivo todavía no está habilitado para su consulta al público ni a investigadores. Superado el conflicto que por más de 15 años impidió concretar en forma plena la donación del archivo a la Municipalidad, aún se trabaja en volverlo accesible.

"En el 2016, cuando se termina el litigio, la Secretaría de Cultura comienza un proceso de digitalización y conservación, que lo realiza la Biblioteca Argentina con la custodia del archivo ahí. A mediados de este año, la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario asignó la responsabilidad del cuidado del archivo al Museo de la Ciudad. Y ahora este año pasa el archivo finalmente al Museo de la Ciudad, donde se inaugura todo ese proceso de conservación y digitalización que se hizo en la Biblioteca. El objetivo del Museo es seguir catalogando, inventariando. Y su compromiso es hacer disponible el archivo ni bien sea posible. Mientras tanto, todo lo que se digitalizó está a disposición en una pantalla táctil para su consulta en el edificio del Museo como parte de la muestra curada por Agustina Prieto y Alicia Megías", señaló Nicolás Charles.

La muestra mencionada se titula Wladimir: El Archivo de Rosario. Abarca cuatro salas del edificio y presenta en forma muy amigable con el público la figura singularísima de este coleccionista rosarino de origen montenegrino, dibujante por oficio, cuya vida abarcó casi todo el siglo XX (de 1904 a 1999) y estuvo consagrada a juntar y sistematizar cada papelito, mapa, revista, foto, postal o panfleto que diera testimonio de la memoria local. El perfil del personaje irradia humor ya desde sus estudiantinas amanuenses. Su voz es rescatada mediante citas de sus dichos "en primera persona". Hay una desmesura novelesca en ciertos gestos suyos subrayados por el relato curatorial, tales como la invención de una provincia (para lo cual usa su experticia como cartógrafo) o sus acotaciones a Félix Luna, quien (¿harto?) lo invitó a colaborar en su revista Todo es Historia.

Al editor de un folleto municipal le escribe el 9 de octubre de 1959 que Lucía Miranda no existió, que en San Lorenzo había sólo un convento y no un pueblo a la fecha de la batalla, y que "en 1875 funcionaban entre cafés, confiterías y billares 58 negocios además de 244 pulperías que eran los puntos de reunión de la clase laboriosa".

El archivo todavía no está habilitado para su consulta. Lo que se digitalizó está a disposición en una pantalla táctil en el Museo.

Todo eso fue mecanografiado en su Royal impecable, la grabación de cuyo sonido constante hoy da vida a la ficción de estudio construida con libros de expurgo para ambientar su Diccionario de Rosario. Fotos a escala natural del civilizado historiador salvaje traen al presente algo de él que él mismo, siguiendo el léxico antiguo, hubiera llamado "los manes" (el espíritu). Su temperamento y su carácter se expresan en su cuidada firma, anagrama elegante con sus tres iniciales: C W M.

Volantes y panfletos de todas las ideologías, fechados en lápiz (estremece un "Perón o muerte" de FAR/Montoneros en agosto de 1973), conviven con etiquetas de vinos de mesa que desatan el "¿teacordás?" de espectadores de mediana edad lanzados por el túnel del tiempo de la memoria, directo a la materia misma de una época. Hubo otras, previas, ya sin sobrevivientes, de donde rescató Wladimir artefactos como una "revista de las chicas" de la antigua burguesía. Están además por supuesto las que él dirigía: Cinema, Historia de Rosario.

Luchar minuto a minuto para que no se pierda nada, y comunicarlo con gracia de historietista: esa parece haber sido la pasión de una vida.

Para terminar de comprobarlo es preciso abrir la puerta vidriada posterior, salir al jardín trasero del Museo, caminar hasta el invernadero y una vez allí, perderse en el tiempo contemplando la otra muestra, más apasionante aún. Con curaduría de Georgina Ricci a partir de una investigación de Érica Brasca, Ernesto Inouye y Bernardo Orge, ilustrada con un retrato de perfil por Rodríguez Cillis y con registro en video por la Asociación Amigos de la Publicación Independiente Experimental, Wladimir. El archivo de Rosario despliega didácticamente fotos de época, mapas, maquetas de publicaciones, cuadernos y originales o reproducciones de dibujos, todo hecho por Mikielievich; son especialmente valiosos los que usaba como reconstrucción de lugares de la ciudad a partir de testimonios. Cada imagen lleva epígrafes a máquina, redactados por él mismo. Enternecen sus páginas de la sección Estampas del viejo Rosario, su aporte como colaborador a las revistas que dirigía, donde perfecciona el estilo amanuense de sus días de estudiante. Con humor, Wladimir allí muestra a los rosarinos el pasado de su ciudad para hacer que la quieran. Gracias a un enorme esfuerzo municipal se hace posible contemplar este tesoro que hoy es de todos, como su autor lo quiso.

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