“El público argentino es uno de los más apasionados del mundo”, enfatiza Chan Marshall, vía email, desde su residencia en Miami. “Tengo tan fabulosos recuerdos de Buenos Aires que la llevo tatuada en mi corazón”. La artista también conocida como Cat Power vuelve a subirse esta noche a un escenario de una de sus plazas favoritas, a las 20 en Niceto Club (Niceto Vega 5510). Sola en escena, repasará sus hits, un formato al que ya recurrió antes. “Siempre toqué y viaje sola. Desde 2003 hasta 2017”, asegura. “Incluso, mi primera actuación en la Argentina, en 2000, la hice de esa manera. Lo que sucede es que en ocasiones la agencia de contrataciones de la que fui parte, mi manager o el sello me presionaban para que me presentara en salas y festivales con una banda. Pero cuando el repertorio que armo no requiere un grupo, simplemente le hago caso. Si bien intenté explicar esto durante años, nadie me escuchó. Soy una artista, no una mujer de negocios. Dejo que mi corazón siga a mi arte y no a mi mente para los dólares.”. 

Al mejor estilo de Andrés Calamaro, quien principalmente responde las entrevistas mediante el servicio de red creado en 1972, la cantautora estadounidense contesta a cada pregunta fiel a su impronta –siempre a un tris de desbordar ese arrebato de emociones que la caracteriza–, a sabiendas además de la impersonalidad del correo electrónico. A tal punto de que se excusa por su verborragia. “Disculpá, escribo mucho”, finaliza en una respuesta la artista, que llegó ayer en la mañana a Ezeiza luciendo una remera con la tapa del disco Unknow Pleasures, de Joy Division. En el final del email, se despide deseando el “mejor de los éxitos en este año y los que están por venir”. Y es que es tan encantadora y guapa, amén de talentosa y brillante, que es imposible de creer que a esta estrella de la música indie el amor (una de las constantes de su prolífica obra) la haya traicionado. Por eso, en los últimos tiempos se replegó y comenzó a disfrutar de la maternidad, al punto de que agradece a su cuerpo y al universo, así como al semen de su exnovio, por haber concebido un hijo cuando creía que no podía tenerlo (a causa de un angioedema).

–Regresa a la Argentina en un momento importante de su vida, en el que pareciera haberle dado más importancia a su rol de madre soltera y primeriza que a la música. ¿Le sorprendió todo lo que ha experimentado en este tiempo?

–El haber sido mamá es un regalo y siempre estaré agradecida por tener esta vida. Ser madre soltera tiene sus retos diarios pero, ¿no es así la vida? Nunca he experimentado esta profundidad de amor gozoso antes de tener a mi hijo. Nada era muy sorprendente. Creo que la mayoría de las mujeres son naturalmente propensas a ser súper intuitivas y cuidar en general.

–Luego de establecerse en varias ciudades de los Estados Unidos, y de pasar largas temporadas en Australia, finalmente recayó en Miami con su hijo y su perra Mona. Su amigo y colega Iggy Pop se mudó allí hace veinte años en busca de tranquilidad y parece que la consiguió. ¿Usted también llegó a encontrarla ahí?

–Ya había fijado residencia en Miami, en 2001, unos años después de Iggy. Coincidentemente, antes de dejar el East Village, el barrio en el que habité en Nueva York, él había vivido a la vuelta de la esquina, en la Avenida B, en los ‘90. La cuestión es que necesitaba un lugar para recuperar fuerzas cuando volviera de gira. Y desde que se estableció en Miami mi mejor amigo de la secundaria, de cuya hija soy su madrina, me pareció que lo mejor era seguirlo. Sin embargo, estuve muy cerca de comprar un lote de tierras en Tulum (México), frente a la playa, con un amigo venezolano que es arquitecto. En su lugar, puse ese dinero como pago inicial de mi actual hogar en Miami. 

–Por todo lo anterior, es comprensible que no haya publicado un nuevo álbum, aunque seguramente todo esto influirá en su nuevo repertorio. ¿Puede adelantar algo de cómo será el disco que está por venir?

–El nuevo disco está casi terminado. Y haré todo lo posible para que esté en circulación este año. Sería lo ideal y también lo lógico. 

–¿Es cierto que para esta nueva producción compuso una canción dedicada a Bo Diddley, considerado el arquitecto del rock and roll?

–Creo que hubo un error o una confusión en el artículo que leíste o de parte de quien te dio la información. Mi hijo se llama Boaz, y le dediqué una canción llamada “Bo Diddley” porque es el apodo que le puse. Así que es para mi nene.

–Su último trabajo de estudio, Sun (2012), está influido en buena medida por la música electrónica y usted prestó su voz para algunos proyectos de ese género como Appaloosa. ¿Seguirá ahondando en ese terreno en el disco que está por lanzar?

–Mi próximo disco será muy diferente de Sun. Me parece que el paisaje electrónico o digital se infiltró en la mayoría de los formatos de la música moderna. Además, en mi caso, estuve fuertemente presionada por un alto ejecutivo de mi sello discográfico para “grabar un hit”, de manera que trabajé duro para crear los mejores 40 sonidos digitales, con tecnología actual, en vez de seguir desarrollando mi personalidad analógica. Por eso Sun, entre toda mi discografía, es mi álbum favorito (existe una versión inicial de ese repertorio más cruda y luctuosa, que descartó porque no le gustaba presentarse en vivo con una obra tan triste como las de su primera época). No te imaginás todo lo que tuve que hacer para cada sonido que escuchás. Aunque The Jukebox y Covers Record son mis discos preferidos de canciones, supongo. Pero ahora que lo pienso, You Are Free es igualmente una de las mejores cosas que hice. Perdón, me fui de tema...

–En 2016 se cumplieron dos décadas de la aparición de dos álbumes suyos: Myra Lee (nombre de la madre de Marshall) y What Would the Community Think, que fueron fundamentales al momento de darse a conocer. ¿Cómo fue que se atrevió a publicarlos en un mismo año?

–Eso ocurrió tanto tiempo... Sólo recuerdo fragmentos de cosas de ambos. Lancé Myra Lee junto a Dear Sir, mi primer disco, a través de sellos independientes. En cambio, mi tercer trabajo, What Would the Community Think (producido por Steve Shelley, exbaterista de Sonic Youth), salió más tarde por intermedio de la discográfica que mencioné antes (se refiere Matador Records). Yo era tan pobre en esa época que tuve que robar comida en tiendas de comestibles. A pesar de eso, rechacé un contrato de un millón de dólares de parte de una discográfica. ¿Por qué? Porque prefería conservar mi integridad artística y creía que un sello indie sería más confiable que una multinacional.

–A propósito de eso, ¿cómo vive la presión del éxito comercial y la fama en esta época?

–Eso es fácil. Yo no tengo éxito comercial, pero mi sello sí. Además, tengo una increíble base de fans en todo este hermoso mundo, que siempre me dio tanto amor y fuerza. Mis seguidores me ayudaron a ser la persona que soy hoy como madre, bendecida con el amor de un niño, y también lo hicieron años antes. En ese tiempo, yo no sabía qué camino tomar, quién era realmente mi amigo o qué palabras debía ponerle a mis canciones. Ellos creyeron en mi cuando yo no podía. Me enseñaron a ver el amor por mí misma y que vale la pena luchar por eso. Continué luchando para lograr el éxito no sólo para mí sino también para todos nosotros. La fama no tiene sentido si no es para compartirla con todos, bajo la equivalencia del amor, la comunidad, la compasión, la comprensión, el apoyo y la fuerza. Hace muchos años, y muchas noches atrás, me sentía tan sola que no sé cómo explicarlo. Sin embargo, noche tras noche, esos fans, esas personas extrañas, estos seres humanos, me dieron luz y amor. Ellos me ayudaron a crear a la mujer fuerte que soy hoy. Al mismo tiempo que comparto esto, derramo algunas lágrimas porque sin mis canciones nunca hubiera alcanzado esa sensación de lo que es valerse por uno mismo.

En su quinta visita a la capital argentina (la última sucedió en 2013, cuando se presentó en el Teatro Coliseo), en la que la vuelve a acompañar Lou, su ingeniero de sonido de confianza y tour manager, Cat Power, o mejor Chan (se pronuncia algo así como “Shawn”) Marshall se ha dedicado, casi de incógnito, a reencontrarse con la ciudad. Por lo que recreó el gourmet local, visitó mercados de antigüedades, chusmea acerca del indie local, comparte las fotos de su hijo de su hijo (aunque no llegó a mostrar su panza de embarazada) y hasta se enorgullece al decir que su actual manager es el mismo de Bob Marley y los Eagles. Y es que ahora no sólo se siente contenida, sino en buenas manos. Pero más vale que no se le mencione el tema político en su país porque no puede esconder su indignación. “Es la realidad más aterradora que golpea a Estados Unidos desde antes de la era de los derechos civiles. Es mi opinión, obviamente”, dispara la artista de 45 años. “Ahora nos están persiguiendo”. 

–Trump ganó en Miami y casi en toda Florida, que es una zona llena de inmigrantes latinos. ¿Cómo vive los primeros meses del magnate en el poder?  

–Me pareció chocante que Trump ganara en Miami, ya que a partir de eso es una ciudad muy “triste”. Los primeros días después de que ganó dejé mi televisor apagado. Estuve con mi hijo y un viejo amigo en la playa, durante varios días, tratando de obtener energía positiva del océano y de ese encuentro. Ahora los billonarios se apoderaron de Estados Unidos. Yo vi que algo así se vendría desde que Bush padre inició la Tormenta del Desierto. Una vez que Giuliani invadió mi vecindario, escuché que mi vecino dominicano, que tenía tan sólo 10 años, fue baleado ocho veces por la espalda. Eso ocurrió en 1993. Todo eso se fue acumulando y acumulando. En esa época, los activistas no tenían espacio en la televisión e internet no había sido inventada. Me angustiaba que no pudiéramos colaborar con la gente de Ruanda o encarcelar a los policías de Los Angeles a causa de su brutalidad. Era una locura y pensé que alguien nos salvaría de eso. Fui tan ingenua que creí que un multimillonario se apiadaría de nosotros y nos ayudaría. Y acá está. Llegó Trump, y nuestros familiares y amigos están saliendo a la calle para protestar con sus hijos y sus voces. Tomando posición donde una vez, dos décadas atrás, estaban confundidos. Al menos esa actitud me deja tranquila y es refrescante. Es, de alguna manera, despertar al mundo. Y con mucho amor.


La ficha

No cabe duda de que si la tribu hipster o los fans del indie dirigieran los destinos de la industria musical, Charlyn “Chan” Marshall sería tan popular como Lady Gaga o Miley Cyrus. Y es que a partir de su irrupción, en el alba de los noventa, la cantautora de Atlanta (Georgia) se convirtió en una de las figuras indispensables en el heraldo de la música popular contemporánea estadounidense. Su manera de comprender la canción la revelan sus principales herramientas: el minimalismo y la combinación de géneros. Si bien sus orígenes la encuentran en el folk, gracias al impacto que tuvo Bob Dylan en su vida, esta plenipotenciaria de la autogestión desarrolló diálogos con el punk, el blues, la electrónica y la música afroamericana. Eso queda sintetizado en álbumes del calibre de The Greatest (de 2006, y editado en la Argentina), en el que Cat Power invocó a leyendas del soul para elucubrar un trabajo que también tiene un pie en la música sureña, o su noveno y último disco hasta la fecha: Sun (2012), en el que flirtea con la vanguardia electrónica.

A pesar de que estas producciones determinaron su notoriedad en el mainstream, de la misma forma que Jukebox (2008), el culto que gira en torno a ella (a tal extremo que debe registrarse en los hoteles con un nombre falso) se produjo a mediados de los noventa, después de establecerse en Nueva York, periodo en el que patentó un estilo enigmático, rudo y oscuro. Por ello se ganó un lugar en el imaginario del pop independiente, tras poner a la venta Moon Pix (1998), considerada una obra maestra del indie. Sin embargo, su simpleza, que sintonizó con su hipersensibilidad y sus problemas de salud, ha sido fuente de inspiración de un cancionero que se ganó la admiración de colegas de la altura de Eddie Vedder, de Pearl Jam, y Dave Grohl, de Nirvana y Foo Fighters. Aunque lo que determinó la longevidad de la obra de esta hija de un músico de blues y pianista itinerante ha sido su humildad al momento de reconocer sus influencias. Las que la acompañan a donde quiera que vaya. Al igual que sus fantasmas.