FMS en el Campo Hípico de Buenos Aires

El freestyle hizo historia

Ante casi diez mil personas y visualizada por millones de espectadores virtuales, la competencia internacional fue un auténtico festival de cultura urbana y rimas picantes.
El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español.El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español.El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español.El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español.El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español.
El argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle. Ganó el español. 

“¡Ruiiiiidoooooooo!”. En las batallas de freestyle, las palabras se estiran, se cortan, se amasan, se murmuran, se gritan. Darío “El Misionero” Silva es de los que exprimen al máximo sus gargantas, por eso lo llaman para presentar de prácticamente cualquier batalla profesional que haya en el país. Claro, los gritos llegaban hasta el último rincón del Campo Hípico de Buenos Aires y parecían transformar al estado de ánimo de 9800 personas en una materia maleable. Así hizo su trabajo durante las casi cinco horas que duró la segunda jornada de la Freestyle Master Series (FMS) internacional, y así fue que, después de cuatro batallas mata-mata, se conocieron los cuatro clasificados a la final. Mientras tanto, la cultura del freestyle sigue sintiendo que hace historia.

Es el caso de uno de los escenarios más significativos para esta clase de competencias, ya que la FMS apareció hace poco tiempo para estabilizar las escenas hispanoparlantes más distinguidas y profesionalizarlas todavía más, a través de un formato de ligas locales, con sus respectivas tablas de posiciones. Cada contienda consta de diferentes rondas, algunas con palabras o conceptos como disparadores, otras a capella, otras más libres. Los que riman suman puntos según les vaya en cada encuentro, y los cuatro primeros de cada país (Argentina, México, Chile y España) llegan a estos playoffs para acceder a la instancia última de este año. Es así que la jornada porteña de este sábado fue la segunda de cuatro, habiéndose hecho la primera en España, y esperando los países restantes por sus respectivas localías.

El sold out indicó asistencia perfecta desde lo físico, pero este tipo de eventos generan una repercusión que también es virtual, y sus epopeyas se pueden ver o recomendar por YouTube. El seguimiento vía streaming marcó un récord de 409 mil espectadores en vivo desde cientos de lugares del mundo, y esta mañana el video de la transmisión ya había sido visitado por casi 4 millones de personas. Lo tienen bien en claro la organización y los participantes, que incorporan a las cámaras a su puesta en escena, como parte integral del mensaje. El público conoce las habilidades y debilidades de cada participante, por eso sabía que el choque entre Cacha y Jony Beltrán era el de dos jóvenes con talento y proyección, sin ser lo más prometedor de la tarde-noche. Se comprobó, ambos contendientes dieron la talla hasta que el local selló el triunfo gracias al sorprendente uso del doble tempo y algunos punchline filosos.

La parada argentina ofreció expectativas para todos los gustos. El español Chuty mantiene un excelente nivel a través de los años, y su freestyle se destaca por una mayor capacidad de conceptualización que la media, por eso no tuvo mayores problemas en sortear a Acertijo. Las bases del dj Zone fueron también un punto alto de la competencia, pero el público quiere rimas, y lo que más esperaba era el enfrentamiento entre el argentino Dtoke y el español Skone, dos viejos guerreros del freestyle que no se achican ante ningún escenario.

El local tiene una vasta trayectoria en este tipo de eventos, es una figura corta tickets y garantía de momento memorables, como cuando en el minuto de presentación le pidió al presidente “que se vaya ya”, hasta contagiar a todo el estadio. El problema vino después, cuando su rutina, casi siempre basada en cierto amedrentamiento físico, fue hábilmente desactivada por un visitante que jamás echa mano de la obsecuencia con el público local, y lo dejó seco: “Me habla de la villa y de la violencia el mocoso, la violencia de las calles no es para estar orgulloso”, combinación que remató con una auténtica fatality: “Argentina tiene mucha virtud, pero no puede cambiar por personas como tú”. El europeo firmó una victoria inapelable.

Dicen en esta cultura que la palabra “respeto” viene a ser la primera del diccionario. Esa premisa se cumple curiosamente al pie de la letra, aun en la masividad. La simpatía por los locales no va en desmedro de la devoción por el talento de los visitantes, y se festejan las rimas buenas, sin importar de quién vienen. El evento busca profesionalizar un arte y una tradición que empiezan en las calles, sin micrófonos, amplificadores ni pantallas: en todo caso, aquellos son accesorios que hacen viajar mejor la información.

El éxito de la segunda batalla fue inversamente proporcional a lo que en efecto prometía. Horas antes del inicio de la competencia, la organización de Urban Roosters emitió un comunicado en el que anunciaba la baja del chileno Teorema, una de las potenciales figuras de la competencia, quien acababa de confesar que había abusado sexualmente de su ex pareja. El Misionero ensayó unos poco felices intentos de aclarar una situación que ya estaba definida, y el lugar en la tarima lo ocupó Kaiser, leyenda del rap trasandino. La experiencia y la poca presión del chileno se sumaron a las ganas y capacidad del mexicano Zticma para concretar la mejor batalla de todas, repleta de contestaciones audaces y frases muy hirientes. La épica fue absoluta por momentos, y en una decisión dividida por parte de los cinco jurados, el suplente terminó obteniendo su pasaje a la final, al cabo de una batalla de la que, seguramente, se va a hablar por años.


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