ENTREVISTA  
EL DESIERTO TAN TEMIDO
Santiago Naón, investigador de la Universidad Nacional de Río Negro, dirige un programa destinado a los habitantes de las zonas patagónicas afectadas por la desertificación. El objetivo es atenuar las consecuencias que genera esta problemática a nivel social y ambiental.

El programa “Luz Verde para la Región Sur” intenta mitigar una de las principales problemáticas ambientales que afronta esa zona de la provincia de Río Negro: la desertificación. Este fenómeno tiene injerencia directa sobre los pobladores rurales, en un territorio cuya principal fuente de producción es la ganadería. Desde hace seis años, el paisajista Santiago Naón, del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), dirige ese programa, que busca colaborar con los habitantes de los distintos parajes de la provincia.

-¿Cuál es el objetivo del programa?

-Tenemos dos propósitos principales: uno es mitigar los efectos de la desertificación y el otro es mejorar las condiciones de vida de los pobladores. Estos propósitos están muy relacionados porque la desertificación es un problema que incide no sólo ambientalmente, sino que también expulsa a los pobladores de un territorio que se vuelve improductivo. La región sur de Río Negro es un área muy grande que va desde Bariloche hasta Viedma. En el medio hay una línea que quedó al margen de lo que luego fueron los grandes centros urbanos de la provincia. Es un área básicamente rural con un problema ambiental importante, que es la desertificación.

-¿Por qué aparece en esa zona?

-El proceso de la desertificación está asociado a ecosistemas que son frágiles, generalmente áridos y semiáridos, pero es desencadenado por acciones humanas. Por más que sean frágiles tienen un equilibrio con el ambiente. Hay plantas que viven acá naturalmente. Pero como son frágiles por las características ambientales, las intervenciones humanas pueden tener mayor impacto. En este caso, el sobrepastoreo y la extracción de la leña, además de otros motivos como la minería, en un ecosistema que es frágil, terminaron desencadenando este proceso. Las personas son un vector directo.

-¿Qué impacto tiene esta problemática en la región?

-Es una zona tradicionalmente criancera, muy ligada a la producción de lana y carne. Los suelos que pierden productividad pueden criar cada vez menos animales y es un círculo vicioso. Empieza a haber menos animales porque hay menos pasto y a la vez hay menos plantas con las cuales poder calefaccionarse. Son lugares que dependen de la leña también. No hay muchas opciones productivas. Los suelos son complejos por las características que tienen. Los campos están para alimentar a los animales y la gente se alimenta de esos animales. No son zonas de producción agrícolas donde la gente produce sus alimentos a partir del cultivo. En los últimos 100 años, por políticas de explotación y pastoreo, la escala de cría de animales estuvo sobredimensionada por sobre la capacidad de los campos, y los animales comen lo que pueden. Esto repercute en los pueblos, que están cada vez más vacíos y más pobres.

-¿Cómo se puede atenuar el proceso de desertificación?

-A medida que haya más plantas, ese proceso puede ir revirtiéndose. La aridez de esos espacios es un problema inherente a la región, por un lado, pero también es consecuencia de la ausencia de plantas. Cuando hay plantas empieza a llover porque estas transpiran, toman la humedad del suelo y la evaporan. Evapotranspiración se llama. Habiendo más plantas va a haber más humedad. Cuando deja de haber plantas deja de llover. Es un problema complejo que va a llevar muchos años. En la medida que haya más gente involucrada en trabajar en ese sentido, se podrá revertir, o por lo menos moderar mucho, los impactos de este problema ambiental.

-¿Cómo intervienen desde el programa Luz Verde para la Región Sur?

-Lo que nosotros intentamos desde el programa es mitigar los efectos de la desertificación a nivel social y ambiental. Lo hacemos potenciando las plantaciones en la región, trabajando con otros actores presentes en el territorio, principalmente con los viveristas del Ente para el Desarrollo de la Línea Sur. Creemos que cada planta que podamos hacer vivir en ese lugar es un paso más. También pensamos en términos de seguridad y soberanía alimentaria. En una zona que es tradicionalmente criancera se veía al suelo como alimentos para los animales. Intentamos instalar la idea de que también se pueden comer otras cosas para mejorar la situación alimentaria donde son necesarias. Instalamos invernaderos y hacemos huertas para ayudarlos a producir verduras y los pobladores son muy receptivos.

-¿Creés que cuando ocurre un hecho con tanto impacto, como los incendios en Amazonas, la gente toma un poco más de consciencia sobre las problemáticas ambientales?

-Deseo que sea así, pero no estoy seguro. Cuando está en la vidriera un problema tan grande la gente quizás presta más atención y todos estamos más atentos. Es un lugar del cual depende la dinámica global del planeta. En la medida en que desaparece una selva tan importante, los problemas que tenemos en la Patagonia van a afectar a ellos también. Los suelos naturalmente presentes en esa región son muy delicados. Son ecosistemas muy frágiles en cuanto pierden la cobertura vegetal. No es algo menor. No es por el hecho de que hubo bosques que tienen garantizada la cobertura vegetal. Una vez que el hombre interviene en esos espacios y retira la cobertura, es muy probable que no sea reversible en el corto y mediano plazo. Son delicados en sus características. Sin plantas encima pierden su sustentabilidad. 

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