ENTREVISTA  
LA DERECHA HERIDA
El investigador del CONICET Ezequiel Ipar, especializado en procesos democráticos y en el desarrollo del neoliberalismo, analiza los desafíos y posibilidades que la nueva coyuntura argentina ofrece a nivel regional, en un mundo cada vez más complejo.

Desde comienzos de la década, y como parte del Grupo de Estudios Críticos sobre Ideología y Democracia del Instituto Gino Germani, Ezequiel Ipar analiza “el neoliberalismo autoritario en términos sociales y culturales” en América Latina. En ese sentido, el desarrollo de PRO/Cambiemos es uno de sus principales objetos de estudio. “Hicimos mucho trabajo empírico y también encuestas y trabajos cualitativos que nos permitieron ver la trama más subyacente de lo que políticamente era el macrismo”, explica Ipar, doctor en Ciencias Sociales por la UBA y en Filosofía por la Universidad de San Pablo.

Cuando el país parece encaminarse a un nuevo ciclo político, el sociólogo, investigador del CONICET y del Observatorio Crítico de la Opinión Pública del Centro Cultural de la Cooperación, desgrana algunos de los resultados más significativos de sus investigaciones, un sustrato ideológico útil para mapear la política del futuro inmediato.

-Las PASO mostraron el poder de la democracia, pero también la falta de autoridad del gobierno ante la crisis que generó y el FMI. ¿Qué hace la democracia ahora que hay cuestiones urgentes que parece no poder resolver?

-Si bien en la realidad Argentina mañana puede pasar algo que desmienta lo que digamos, primero hay que ver cómo la mayoría de las democracias están polarizadas, llenas de fricciones e inestables. En Inglaterra ordenaron la suspensión del Parlamento, en Italia hubo dificultades para formar gobierno, en España pasa algo parecido y en Brasil tenemos una legitimación de un presidente casi militar. Aceptando este momento internacional, por ahora lo que pasa en Argentina muestra una cierta capacidad para procesar una crisis económica grave. Estamos en una situación posterior a un hecho institucional, no a un estallido social. Por ahora todo se resuelve de un modo que hace valorar nuestro proceso. A veces se piensa la democracia como un choque entre partidos o la participación de la ciudadanía en las instituciones, pero también es democracia lo que ocurre dentro de los partidos. Entonces las articulaciones del peronismo y el kirchnerismo son un factor muy potente de lo que puede venir como posible salida de esta crisis. El modo en que se produjeron esos acuerdos, que parecían muy difíciles un año atrás, es un activo para pensar cómo responder ante la gravedad de la situación social.

-¿La construcción del Fente de Todos puede ser una señal para otras fuerzas de la región?

-Creo que se encontró una fórmula que hubiera sido muy útil en Brasil, por ejemplo. Y ahí hubo una astucia política de Cristina (Fernández de Kirchner), que vio algo en términos de coyuntura y de potencia política que no vio la izquierda y no vio el PT en Brasil. Aunque esto sea contrafáctico, si allá se hubiera visto un modo de construir algo como el Frente de Todos, esa herramienta hubiera resultado muy útil. Para otras experiencias en América Latina esto puede ser un ejemplo. En todo caso, creo que esto demuestra la vitalidad de las fuerzas políticas argentinas. Frente a una situación muy compleja en términos locales y frente al abismo que significaba la consolidación de la derecha global y regional, haber visto la oportunidad de construir el Frente de Todos me parece muy inteligente políticamente y efectivamente creo que va a ser por lo menos una luz en el horizonte de otras experiencias políticas en América del Sur, América Latina y también en un sentido más general.

-¿Cambiemos no quiso o no supo reconvertirse y se derrumbó atrapado en su propia retórica?

-Sin duda, el macrismo fue el espacio político menos creativo para revisar las tradiciones históricas de nuestra vida política. Se fue precipitando hacia una repetición automática de ciertas miradas sobre el pasado histórico, como los “70 años de decadencia”. Eso mostraba la incapacidad para releer inclusive su propia tradición política conservadora. Por otro lado, lo que se vio en la oposición es una enorme capacidad de articulación que habla de un enorme pragmatismo. Y en general el pragmatismo tiende a ser abierto y creativo al momento de revisar tradiciones históricas e implica no quedarse atado a un pasado que nos ordene cómo tenemos que ser de un modo absoluto. Se vio esa capacidad pragmática de abrir el tiempo histórico hacia adelante, revisar inclusive la historia reciente con bastante apertura. Vivimos tiempos tan inciertos que quedarse anclado en los fantasmas, no sólo habla de una ceguera ideológica por parte del macrismo, sino de una impotencia política tremenda.

-El periodista Martín Rodríguez señaló, con un poco de humor, la síntesis ideológica, política y económica que logró Néstor Kirchner: “Frávega y Derechos Humanos”. ¿Te parece que ahí puede haber una salida para la histórica polarización argentina?

-Curiosamente, el neoliberalismo de Cambiemos fue uno que le ponía barreras y hasta una moralina a esos deseos de consumo. Creo que el kirchnerismo logró politizar el consumo. Mostrar que determinadas lógicas de consumo de masas, si no van acompañadas de participación y movilización política, fracasan, no se cumplen y no son parte de la lógica espontánea del capitalismo. Hay que revisar la tesis sobre “el consumo que aplaca la movilización política” y pensar distintas lógicas porque no hay una sola. No hay que dejar de observar con ojo crítico lógicas alienantes, como la del tracking en directo vía segmentación. Pero hay que considerar otras que vinculan el consumo a políticas de protección e integración social. Por otro lado, hay que ver cómo esas expectativas de consumo activaron procesos de politización y organización política muy interesantes. Me parece que ahí no hay que ser unilaterales: ni demonizar el consumo ni idolatrarlo como expectativa última de la realización política de las personas.

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