Entrevista exclusiva al director español Eduardo Casanova
Eduardo Casanova, el director queer que protege a lxs deformes
Sus cortos están disponibles en YouTube. Su imaginación kitch y mostra, están al servicio de una infinita minoría. Invitado por el CCEBA y el FAQ, Eduardo Casanova, el joven de 28 años  director de Pieles (Netflix) pasó por Buenos Aires para proyectar sus cortometrajes en Casa Brandon, donde enloqueció a sus fanáticxs con sus personajes descastados de la normalidad. 
Imagen: Sebastián Freire

Aquí van a encontrarse con esto: personajes con un ano en la cara, rostros derretidos o cubiertos con máscaras. Adolescentes que desean cortarse las piernas para transformarse en sirenas, y prostitutas que nacieron sin ojos componen el extraño y potente planeta cinematográfico del español Eduardo Casanova. Donde las criaturas raras, discriminadas por una sociedad normativa, exhiben sus cuerpos únicos envueltos en paño rosa y gozan sin represiones. Con un carácter escatológico, Casanova narra historias queer que tienen de protagonistas a adultxs que padecen soledad y sufren por esa mirada ajena que observa con asco su belleza disruptiva. "Siempre quiero hacer una película de terror y me termina quedando un melodrama", confiesa el cineasta de tan solo 28 años que dirigió Amor de madre (2013), La hora del baño (2014), Eat my shit (2015) y Jamás me echarás de ti (2016), entre otras obras.

Después de haber sido un famoso niño actor en la serie Aída, interpretando al primer adolescente homosexual de la televisión española entre el 2005 y el 2014, Casanova se dedicó a dirigir cortometrajes con estética kitsch que mezclan íconos políticos con la música de Camilo Sesto, extraterrestres en celo con el trajecito sastre de Jackie Kennedy. De la mano del cineasta y productor Alex de la Iglesia, filmó su primer largometraje en 2017, Pieles. Estrenada en 122 países en la plataforma de Netflix. Una obra perturbadora que reúne a un sinfin de seres deseantes buscando desesperadamante un amor que no los condicione ni censure sus características físicas y obsesiones más inquietantes. En Pieles lxs rarxs están afligidxs por la crueldad que lxs rodea pero no se acostumbran al maltrato. Resignarse a vivir escondiendo sus rostros monstruosos no es una opción a elegir. Cuando Samantha, la chica que tiene el sistema digestivo invertido y debe comer por el culo porque tiene un ano de boca, recibe en su cumpleaños una máscara de unicornio decide no complacer a su padre. Quien pretende que se oculte bajo la tierra como el Fantasma de la ópera. Ella no tiene problemas con su excéntrica cara, son lxs demás aquellxs que se incomodan al verla. Por eso no duda en ir a un bar para saborear un caldo de pollo encajándose un embudo en el ojete. Y saborear tan rápido cada gota que su cara no podrá detener la liberación de un pedo inesperado en la sobremesa. En Pieles las gordas no están para hacer reír sino para descubrir los placeres que atesoran una masa de colgajos. Y si es a través de una mujer con ojos de brillantes más excitante aún. ¿Qué sucede si tu hijo se calienta con una deforme? En este escenario decorado con pantallas rococó, los mandatos familiares pesan mucho menos que la fascinación por un rostro que parece pintado por Pablo Picasso. Como una versión pop y humanizada de Freaks, la película más escandalosa de Tod Browning estrenada en 1932, Casanova rompe con los estigmas que cargan las personas con acondroplasia. De animadores de circo a individuxs que forjan su destino y hasta su propia venganza. Porque la dignidad es hacerle espacio al deseo.

 

Es el 22 de noviembre de 1963. Jackie Kennedy llega a una habitación con vista a la calle para encontrarse con su amante: un extraterrestre que no disimula su taquicardia al ver a la dama de honor con el collar de perlas rodeando su cuello. Ella toca el corazón de su chongo intergaláctico con sus clásicos guantes blancos. ¿Sueñan los marcianos con orgasmos eléctricos? Minutos antes de estrenar viudez, una cruz colgada en la pared golpea contra el piso a causa del movimiento brusco que hace la cama de sábanas de raso cuando el extraterrestre penetra enérgico a Jackie kennedy. Así comienza el nuevo cortometraje de Casanova: Lo siento mi amor, filmada en 2018. Una película con una intensa estética gay a lo Pierre et Gilles que recrea el asesinato de John F. Kennedy con sexo descontrolado y una enigmática teoría de otro planeta. Siempre explosivo en sus declaraciones, el director madrileño, invitado por el CCEBA y el Festival de Arte Queer (FAQ), irrumpió en Buenos Aires para presentar el viernes 6 de diciembre este último trabajo en conjunto con otros tres cortometrajes en Casa Brandon. Una velada a sala llena en la que confesó en diálogo con el público su devoción por las películas de Isabel Sarli. En exclusiva, el director charló con SOY sobre su carrera entre el cine y la publicidad, y su necesidad de mostrar la vida sexual de las minorías. 

Desde lo más independiente, tus primeros cortos, hasta lo más mainstream, tu rol en campañas de publicidad, nunca dejaste de ser vos. ¿Cómo hacés para mantener tu mirada queer en todo? 

Soy un gran dictador en mi trabajo. Manipulo a la gente. Lo más difícil es dirigir publicidad, porque la publicidad llega a todo el mundo, te la meten en la puta cabeza. Yo creo que la única forma de cambiar las cosas es estando adentro. Hay que estar dentro del sistema para cambiar el sistema. Y lo interesante es cuando consigues que los clientes y sus marcas, que suelen ser muy rancias y conservadoras, sean envueltos en mis ideas que son más radicales. A veces les miento antes de filmar, pero a veces me rechazan. Pero no hago publicidad si no puedo transmitir mi visión del mundo. 

Eat my shit se convirtió en un corto viral, el cual sería el puntapié para tu primer largometraje: Pieles. ¿De qué forma nació la idea del personaje con un culo en la cara, y una boca en el culo? 

Me acababa de fumar un porro de marihuana, me metí en la cama y se me vino esa imagen. Es uno de los personajes más icónicos que he escrito, y el que más llama la atención. Yo creo que es porque con la metáfora visual cuenta muchísimas cosas. Habla de la cantidad de mierda que hablamos, la de mierda que soltamos por la boca por lo intoxicadxs que estamos. Eat my shit es un corto donde el personaje sube fotos a las redes sociales y se las censuran porque sale con un ojete en la cara. Pero es que esa es su cara. Y al final ella termina cagando y subiendo una foto de su propia mierda, que es lo único que puede ofrecer al mundo. Le quité la boca al personaje para que no pueda besar, porque habla de esa carencia. Y todxs somos ese personaje, todxs somos Samantha. Preocupadxs de cómo acceder al amor si eres diferente. 

EL GOCE DE LXS RARXS

El goce está muy presente en tu cine. El sexo se practica y se discute. Es más común ver en el cine a personajes raros o deformes de manera reprimida, pero vos les das la posibilidad y el derecho de tener una vida sexual intensa. 

Mucha gente se sorprende con eso. El sexo es algo que todxs practicamos y necesitamos, lo que pasa es que el sexo está capitalizadísimo. Es un arma del capital brutal, todo se vende a través del sexo. ¿Pero qué sexo? La mujer hipersexualizada y la misoginia. En el mundo gay es el hombre musculoso, elimando por completo al hombre femenino o al pasivo de la relación. ¿Y dónde queda el sexo de esas minorías? Yo creo que si no hablamos de su vida sexual no estamos realmente viendo a esas personas. 

En general las criaturas deformes aparecen más en el cine de terror, y están ahí muchas veces para generar miedo. Vos les diste otro costado.

Lo que da miedo en mi cine, a quien hay que temer es a la normalidad. Por ejemplo, en Pieles, el representante de la chica con acondroplasia es bien malo. Tanto que decidí tirarlo por el balcón. Es la parte más fea de la película. 

Tus películas hablan mucho del peso de la soledad, y cuántas cosas que no queremos hacemos para no estar solxs

Totalmente. Lo que más miedo me da en el mundo es la soledad. No puedo estar solo. Pieles es una película de gente solitaria que sufre. Por eso los planos generales están filmados con grandes angulares, para mostrar un espacio enorme y un personaje muy pequeñito en el centro. 

FILOSOFIA MUTANTE

No juzgás prácticas, obsesiones o decisiones de tus personajes, incluso las más terribles. ¿De dónde viene esa mirada tan protectora, hasta justiciera?

Yo hago este trabajo porque necesito sanar todas mis obsesiones, preocupaciones, todos esos conflictos físicos que ves en mis películas. Mi única forma de entenderlos, y de atravesar esta realidad tremendamente aburrida e incomprensible es ficcionarla. No sabría decir si me he convertido en justiciero de algo. No pretendo ser un buen ejemplo de algo porque yo soy una persona muy contradictoria. Pero me encargo de no juzgar a los personajes, incluso intentar defender a lxs malxs. A nivel guion me parece mucha más interesante defender a lxs malxs (o lo que la sociedad entiende como malxs) porque tienen mucho más que contar que cualquier cosa normativa. Creo que es lo más complicado de mi trabajo. Cuando escribo el personaje de un pederasta o de un dictador, y los trato de entender. 

Tus personajes también son contradictorios y tienen identidades mutantes. Les das la posibilidad permanente de elegir. ¿Creés que uno nunca termina de definirse?

Sí, eso tiene que ver conmigo. No me atrevería a vivir con un discurso de verdad absoluta porque eso es algo completamente anti evolutivo. Cuando yo escribo quiero que mis personajes sean moldeables, que estén rotos o se puedan romper. Que se les puedan caer todos los pilares con los que habían construido su discurso. 

Considerando tu pasado como niño actor en Aída (2005-2014), ¿cómo es salir del armario en el prime time en la TV, con tu personaje Fidel Martínez?

El personaje que yo interpretaba fue el primer adolescente homosexual de la televisión española. Simultáneamente yo era gay, con doce años, cuando empecé a trabajar como actor. Por fuera de la ficción yo nunca viví una salida del armario porque me he críado en una familia que es un matriarcado, y muy gay friendly. Mi madre no hubiese soportado tener un hijo heterosexual. Así que tengo la suerte de no haber vivido para nada ese conflicto. Mi propuesta era tan radical que lo de ser maricón era anecdótico. El conflicto que he vivido en mi vida no ha sido por maricón sino por raro. Cuando mi personaje salió del armario en la TV yo era un niño, iba al colegio. ¡A un colegio de curas! Eso fue duro. Y dejé el colegio, una de las mejores cosas que me han podido pasar. El colegio es un lugar horrible, un espacio totalmente hostil. El colegio es una institución contra la rareza. 

¿Qué significó para vos llenar a Netflix de criaturas queer, con el estreno de Pieles?

La verdad es que no sé cómo he logrado eso. Supongo que mintiendo también. Me siento muy orgulloso de haber conseguido invadir Netflix con personajes tan raros. Yo que soy un cínico eso me hace recuperar un poco de esperanza en la industria y en el arte. Netflix estrenó una película como Pieles en 122 países a la vez. 

Estás trabajando en tu segundo largometraje, La piedad, ¿qué nos podés adelantar?

Puedo decirles que la va a producir también Alex de la Iglesia y Carolina Bang, y que filmaré en Argentina.

¿Habrá deformes?

Siempre habrá personajes deformes. 

 

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