El clan pampeano recupera música típica de ese continente en un plan rockero y cambiante
Pailander y los sonidos del África inmortal
Una travesía por el cono sur de América llevó a Rodrigo Santesteban de Sumo y Syd Barrett a las tradiciones de Mali y Guinea.
Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa.Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa.Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa.Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa.Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa.
Luego de un EP rockero y de su disco de versiones africanas, el trío prepara su nuevo EP, ahora con vena setentosa. 

Rodrigo Santesteban vive en Buenos Aires, es de La Pampa y su carrera musical giró generalmente en torno al rock. Salvo una excepción fortuita que cambió su vida para siempre: en 2013, y después de un largo viaje como mochilero por Bolivia, Perú y Ecuador, se encontró en Cali (la tercera ciudad más grande de Colombia) con un colectivo artístico de veinte extranjeros que, entre otras cosas, lo introdujeron en los ritmos musicales africanos. “En un momento llegamos a ser cuarenta, salimos a tocar juntos por varios lados y participé de un grupo llamado Afroconfusión, que unía tambores con instrumentos modernos. Inevitablemente esa experiencia me marcó para siempre”, cuenta Rodrigo, quien tocaba el bajo y la guitarra y, además, cantaba.

 

Después de tocar por la costa colombiana y por Venezuela, el músico pampeano regresó a Argentina pero con un recuerdo que aún se mantiene vigente: la fundación de Pailander , la banda creada en aquella expedición y que ahora está por lanzar su tercer disco. El primero fue un EP de tres temas  que guarda un vínculo sonoro con las raíces del propio Santesteban (“Hacíamos un rock más de Sumo y de Syd Barrett”, dice) y sirvió para dejar testimonio de esa reformación post-Caribe. “En 2016, cuando llegué a Buenos Aires, me relacioné con unos amigos de La Pampa que vivían en una misma casa y tocaban en bandas como Las Sombras o Los Siberianos. Después me fui a vivir ahí, y justamente en esa casa del Abasto comenzamos con Facundo González y Emilio Ottaviano, también pampeanos, a ensayar para salir a tocar por Capital.”

La sublimación de lo vivido y aprendido en el norte de Sudamérica quedaría registrado luego en África, la segunda grabación de Pailander y el verdadero catálogo de lo que Rodrigo fue mascullando por carácter acumulativo a ambos extremos del cono sur: “En Colombia me interesé por la percusión africana y empecé a tocar música de Guinea, Mali y países del oeste de ese continente. Flasheé mucho con eso porque significaba un lenguaje totalmente diferente al que conocía, pero cuando volví a Argentina le sumé además danzas afro después de aprender con algunos maestros y bailar en un ballet”.

“Por todo eso es que decidí hacer un disco con versiones africanas tradicionales pero trasladadas al rock, inspirado en ritmos de allá y con muchos invitados y una puesta de show en vivo más integral”, explica Santesteban. “Aunque esa etapa ya la plasmamos y ahora decidimos volver a una vena más rockera y setentosa”, asegura quien ya tocó por El Emergente y Vuela El Pez, entre otras salas porteñas. El próximo EP tendrá cuatro canciones y saldrá al caer el verano.

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