Cuando ya no basta con decir

Ambiente y sustentabilidad 

Tenemos mucho que aprender de los bosques. En ellos, los árboles viven juntos y saben convivir, son resilientes y solidarios. Tan sabios...

Montes y florestas son sistemas autoorganizados que funcionan en red. Nosotros los humanos, debemos agradecerles. En la historia de nuestro planeta Tierra los bosques fueron la usina que logró gradualmente disminuir el dióxido de carbono e hizo que proliferara la vida en ciclos cada vez más diversos. Si no hubiéramos tenido bosques, no seríamos lo que hoy somos. Es más, los científicos sostienen que si ellos no hubieran existido, nuestro planeta sería aún inhabitable.

Mi año 2020 inició intentando aprender de los árboles en el florecimiento de los guayacanes en Ecuador, una experiencia profundamente enternecedora. Caminar en ese bosque amarillo de 40.000 hectáreas ha generado en mí una conexión especial en la que bien comprendo la diferencia entre lo eco (lo entramado) y lo ego (lo centrado en un yo) unido a la urgencia de una acción comunicacional distinta respecto de lo ambiental. Somos parte de la naturaleza y no dominadores de ella tal como durante siglos se nos ha impuesto pensar.

Ambiente y sustentabilidad son problemáticas centrales en las agendas públicas y privadas del desarrollo que comparten iniciativas a nivel mundial a partir de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 de la ONU. No alcanzaremos esos objetivos si no somos capaces de innovar en nuestras modalidades de comunicar. El problema ambiental no se soluciona quedándonos en la dimensión del dato nuestro de cada día sobre tal o cual desastre ecológico cada vez más brutal. Tenemos que innovar. La Teoría de la Comunicación Estratégica Enactiva (CEE) y la Investigación Enactiva en Comunicación (IEC) ofrecen a diversos dominios profesionales la posibilidad de intervenir en escenarios complejos de cambio social conversacional. Sus definiciones amplían la mirada hacia la multidimensionalidad creciente de las modalidades de comunicación en el siglo XXI enfatizando su aporte estratégico, es decir, transformador. Exploran la cuestión asumiendo a la comunicación como ciencia de la articulación, abrazando la complejidad y la fluidez que es propia de lo comunicacional. Avanzan en la enacción con el mundo y no sobre él.

Un núcleo articulador de esta propuesta es entender que el cambio comunicacional es una dinámica que ya no es sólo, ni principalmente, ni tampoco siempre, una semiosis, sino que la comunicación es un fenómeno situacional, complejo, fractal y fluido -como vengo sosteniendo- que ocurre entre seres vivos y, por lo tanto, rebasa a lo simbólico escindido (y se despliega también a partir de otros registros como lo simbiótico, el cuerpo o las emociones) en cada situación. En la temática ambiental se hace evidente que ya no basta con decir. No basta con legislar (Mendoza nos lo muestra con la ley del agua). No basta con informar (el humo de los incendios de Australia llegó días atrás a la Argentina). No basta.

El diseño de estrategias de comunicación enactiva implica una redefinición de la tarea que la comunicación puede hacer en las políticas públicas y en las estrategias de comunicación en las organizaciones. Conlleva asumir que las relaciones desiguales del poder no están sólo en lo económico, sino también en la cultura y a la vez en nuestros cuerpos. Los tres ejes son abordados al mismo tiempo cuando se trabaja desplegando estrategias desde la comunicación estratégica enactiva propiciando habilidades comunicacionales de co-diseño con los actores a partir de reconocerles en su diversidad. Lo fluido es el eje conductor de la exploración en cada territorio.

* Directora de la Especialización en Comunicación Ambiental de la UNR. Experta en comunicación y nuevos paradigmas www.sandramassoni.com.ar

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