Entrevista con el guitarrista, que tocará en el Gran Rex después de veinte años

En marzo Pat Metheny llega a la Argentina 

Antes de regresar a Buenos Aires para tocar el viernes 13 y 14 de marzo en el Gran Rex después de casi dos décadas de ausencia, donde estará presentando su nuevo disco From This Place, Pat Metheny presenta con orgullo al seleccionado jazzero que lo acompaña, recuerda el día en que conoció a Pedro Aznar y también las noches en las que tocó en un local porteño con Astor Piazzolla sentado en primera fila. 
Pat Metheny tocará en marzo en el Gran RexPat Metheny tocará en marzo en el Gran RexPat Metheny tocará en marzo en el Gran RexPat Metheny tocará en marzo en el Gran RexPat Metheny tocará en marzo en el Gran Rex
Pat Metheny tocará en marzo en el Gran Rex 

“De verdad extraño a Argentina”, escribe Pat Metheny vía correo electrónico. Y aunque no hay un tono que acompañe a la sentencia, no parece la típica fórmula de cortesía, la frase que una celebridad de la música tendría lista como as bajo la manga en cada lugar al que le toca volver en el marco de su actual gira. La pregunta apuntaba a la naturaleza del concierto que va a encabezar el viernes 13 y el sábado 14 de marzo en el teatro Gran Rex, pero antes de anticipar cuál será el contenido en líneas generales, el guitarrista y compositor se cuelga con un breve repaso de sus excursiones sobre suelo porteño, que se remontan a la presentación de First Circle en Obras allá por 1985, con una banda que contaba en sus filas con Pedro Aznar . “Hubo un tiempo en el que pude visitar Buenos Aires con cierta regularidad y disfruté mucho cada momento que pasé ahí. Por eso estoy tan feliz de volver. Uno de los grandes recuerdos de mi vida es haber tocado en Shams con Astor Piazzolla sentado en una de las mesas de adelante, durante varias noches. Ahí se enteró que es uno de mis máximos héroes musicales”, cuenta.

Con la misma melena de ahora aunque sin canas, el treintañero de entonces ya se revelaba como algo más que una promesa del jazz. Y en siete fechas consecutivas, entre el 17 y el 23 de marzo de 1986, dejó extasiado al público del legendario reducto de Belgrano. En los años siguientes volvería una y otra vez al país. “Tengo un montón de recuerdos de todos los viajes”, amplía. Sin embargo, su última visita data de hace casi veinte años. “Quería llevar esta presentación en particular para allá. Anduve por todo el mundo con este show, hice centenares de shows en los últimos cinco años. Y me acompaña una selección de mis músicos favoritos, que además tienen la capacidad de visitar todos los aspectos de mi obra, incluyendo el pasado y el presente”, dice el guitarrista que, además de ser considerado como uno de los máximos exponentes de su instrumento, cuenta con una veintena de Grammys en su haber. “Todos los que me escuchan, independientemente de cuál haya sido el punto en el que se acercaron a lo que hago, encuentran su propio lugar en este show: es bastante abierto, variado y expansivo”, describe.

Hacer las cosas de esta manera, arriesga, visto desde afuera puede parecer “un poco raro”, aunque no tanto para su propio modus operandi. “El mecanismo estándar que se impuso durante muchos años indicaba que primero había escribir la música, después grabar el disco y, finalmente, salir de gira. Pero, en realidad, yo no suelo hacerlo de esa manera. Cuando empecé, de hecho, lo que hacía era salir de gira durante mucho tiempo antes de registrar la música”, explica. “Esta vez decidí que iba a buscar músicos que sabía que me podían acompañar en un territorio que no había pisado hasta ahora: quería ver adónde nos podía llevar. Escribí un montón de música nueva para ellos, pero también tocamos temas de distintas etapas de mi carrera”, describe. Los integrantes del seleccionado jazzero que dirige son el baterista de origen mexicano Antonio Sánchez, la bajista australiano-malaya Linda May Han Oh y el pianista galés Gwilym Simcock. La base con la que, además de compartir decenas de conciertos en los últimos tiempos, registró From This Place, su nuevo disco de estudio, que tiene fecha de salida el próximo 21 de febrero.

De todas, la relación con Sánchez es la más longeva. “Antonio ha sido mi colaborador más importante de los últimos quince años. Siento que puede aportar lo suyo a casi cualquier proyecto mío”, precisa. “Es uno de los mejores músicos que conozco y es uno de los más grandes de todos los tiempos con su instrumento”, agrega. En el caso de Simcock, cuenta que ya había puesto el ojo en él hace unos diez años. “Gwilym tiene una capacidad muy profunda para entender el tipo de sensibilidad que invoca y requiere lo que yo hago. El piano es un instrumento ocasional para mí: siempre preferí un ambiente más abierto, donde las melodías expresen la armonía de una manera intrínseca. Pero con el músico indicado, la guitarra y el piano pueden ser una combinación fantástica”, explica. La última en sumarse, recuerda, fue May Han Oh: “Reúne todos los requisitos: tiene un gran tempo, un profundo conocimiento armónico y un sonido increíble. Pero hay algo más, porque la profundidad narrativa de los solos y las líneas que suelta Linda invitan a quienes la escuchan a seguir cada detalle de lo que toca”.

LA SED VERDADERA

Metheny creció en una familia de trompetistas de Lee’s Summit, Missouri, un pueblito ubicado a unos treinta kilómetros de Kansas City. Y al igual que su abuelo, su padre y su hermano mayor, él también dio sus primeros pasos con el instrumento de viento. Todo cambió cuando vio a los Beatles en The Ed Sullivan Show: ese día decidió que iba a ser guitarrista. El niño prodigio tenía entonces poco más de diez años y no tardaría mucho tiempo en llamar la atención entre los aficionados a la música de la región. “Empecé a tocar en los alrededores de Kansas City cuando tenía catorce años, a menudo lo hacía con los mejores músicos que había en mi pueblo en esa época”, recuerda. “Había una escena musical muy activa en Kansas y yo tuve la suerte de poder aprender muchas cosas mientras crecía. No se trataba de algo académico para mí, sino que fui adquiriendo conocimientos por el hecho de estar con músicos que eran mayores que yo y tenían mucha más experiencia. Suelo decir que lo más importante es estar rodeado de músicos que son mejores que uno y creer que de esa forma te vas a beneficiar mucho”.

Mucho antes de convertirse en uno de los guitarristas de jazz más reconocidos de las últimas décadas, de grabar discos que vendieron millones de copias y de salir de gira por el mundo, el joven Patrick aprendió los fundamentos del oficio en la periferia de la escena jazzera estadounidense. “Tuve la suerte de que a los diecisiete o dieciocho ya había tocado profesionalmente en cientos de fechas por todo el medio-oeste. Y esa experiencia en el mundo real fue una enseñanza enorme para mí. Mi meta principal por entonces era la misma que ahora: dar lo mejor de mí para comprender la música de la forma más profunda que me sea posible”. Lo particular del caso fue que, al poco tiempo, él mismo daba sus primeros pasos en la docencia. “A los dieciocho años me invitaron a enseñar en la universidad de Miami, algo que hice durante 1973. Y al año siguiente empecé como profesor en Berklee, donde estuve hasta 1975, en la época en la que comencé a tocar en el grupo de Gary Burton . Mi foco principal estaba en lograr que los estudiantes alcanzaran un nivel profesional a la hora de tocar e improvisar”, explica.

Metheny se curtió en la práctica, en el lugar de los hechos, pero también bebió en las fuentes del género y armó su propio Olimpo, con Miles Davies y Wes Montgomery a la cabeza. “No soy muy fan de la idea de los géneros o de dividir a la música en estilos. Para mí la música es un universo gigante y siempre trato de representar eso. Los tipos a los que más admiré, incluso a los que descubrí bien al principio como Miles o Wes, tenían una profunda reserva de conocimientos y una visión que iba más allá de la música, porque abarcaba a la vida en general y les permitía iluminar las cosas que amaban con su sonido. Mi clase favorita de músico es la de los que son capaces de hacer eso en el escenario, mientras improvisan”, dice. “Espero ser músico en ese amplio sentido, primero. Los elementos secundarios de la música, la forma en la que es entendida por la gente, los términos que se suelen usar para hablar de ella, básicamente forman parte de una discusión cultural y política que, me di cuenta, no me interesa de la misma forma que el espíritu y el sonido de la música en sí misma”, agrega.

Sus lecciones sobre el arte de la composición y la interpretación seguramente incluyen un capítulo importante dedicado a la espontaneidad, la naturalidad o la hermana mayor de ambas, la libertad. “Siempre trato de dejar que la música que tengo entre manos decida qué dirección tomar en términos de orquestación. Soy feliz tocando de una forma realmente liviana o densa, con mucho volumen o suave o abarcando todos los rincones del rango dinámico, entre los acordes o por afuera de ellos. No me importa tanto eso, sino encontrar lo que parece sonar mejor en medio de lo que está pasando en un momento particular”, dice. En esa búsqueda personal que lo llevó a explorar distintos caminos, ¿en algún momento sintió que había encontrado su propia voz? “Excepto en los primeros días, cuando empecé a tocar, nunca pasé mucho tiempo ni gasté demasiada energía tratando de imitar el estilo de alguien a quien admiraba. Para mí, la idea siempre fue: ‘Hacé lo que ellos hacían, no lo que ellos hicieron’. En otras palabras, definir el sonido y el espíritu de tu propia voz. Ese es el punto esencial de la cuestión para mí”.

¿Qué importancia le das a la guitarra en lo que hacés?

–La guitarra es más o menos el noveno ítem de la lista cuando se trata de ver qué es lo que está pasando. Es nada más que una especie de dispositivo de traducción. La analogía que uso en este caso es que empecé a tocar con la trompeta cuando era muy chico y todavía lo hago, pero compongo la mayor parte del tiempo sentado al piano. Y después, por supuesto, toco la guitarra. Pero si tengo una idea musical, aparece antes de pensar en cualquiera de estos instrumentos. Y para el nivel que manejo al obtener un sonido de la trompeta o del piano, la idea que se me ocurre es exactamente la misma que podría tocar con la guitarra. O sea, no tocaría algo diferente con un instrumento porque se trata de ese instrumento en particular: la idea siempre viene antes. Quizás lo podría explicar mejor con este ejemplo: supongamos que podés hablar en francés, en alemán y en español. Y querés una Coca. Como sos capaz de comunicarte varias lenguas, la podés pedir en cualquiera de las tres. Pero el punto es que tenés sed y querés una Coca.

Pat Metheny

SOLISTA EN BANDA

La historia del ingreso del flamante ex Seru Giran Pedro Aznar en el Pat Metheny Group fue muchas veces narrada esta parte del mundo. El relato del protagonista es menos conocido: “Después de los primeros tiempos con la banda, estaba buscando la forma de expandirla un poco. Había contado con el percusionista Naná Vasconcelos como invitado especial y él era capaz de cantar un poco, aunque en un rango bastante limitado. Me encantaba tener ese ‘aliento’ en la banda. Un instrumento de viento podría haberme ofrecido la misma clase de aliento, pero cuando incluís una trompeta o un saxo aparecen muchos punto de referencia en áreas que yo estaba decidido a evitar. Justo por esa época, con este tema en mente, me llegó el famoso casete con el demo de Pedro. Al día de hoy, después de haber recibido cientos de demos, nunca encontré nada que se pueda comparar a lo que él me había mandado”, asegura. “Tenerlo en mi banda por unos pocos años fue increíble. Pedro es un músico absolutamente único y uno de los mejores cantantes que escuché, además de ser un músico sorprendente en casi todos los instrumentos”, completa.

El bajista argentino integró una de las tantas alineaciones del Pat Metheny Group, una de las firmas que más se repiten a lo largo de su discografía, junto con la de sus trabajos solistas a secas. A la lista habría que sumar el Pat Metheny Trío, la Unity Band y las sociedades que compartió con figuras como Ornette Coleman, Charlie Haden, Jim Hall, John Scofield y Brad Mehldau, entre otros. El guitarrista se ríe si le preguntan cuál es el denominador común de ese abanico de proyectos. “Cuando empecé con The Pat Metheny Group, lo hice como solista”, dice. “Fue en 1975 o incluso antes de dejar la banda de Gary Burton, que empecé a hacer música bajo mi propio nombre. Pero fue ciertamente oficial en 1977, cuando decidí formar mi propio grupo y dedicarme a eso full time. Y es lo que lo vengo haciendo desde entonces. Los elementos básicos fueron dispuestos desde Bright Size Life hasta ahora: forman parte de una sola historia continua, que se puede escuchar como una larga canción o también leer como un libro dividido en capítulos, pero para mí no hay ninguna diferencia entre las distintas partes”.

“A pesar de que se pueden hacer distinciones en términos de dirección y orquestación y de que les haya dado diferentes nombres a las distintas formaciones, todo lo que hice es The Pat Metheny Group, no importa a quiénes haya elegido para que me acompañen en cada etapa del recorrido. Todo forma parte de lo mismo y cada formación que dispongo como líder funciona de la misma manera”, explica. “Quizás fui muy bueno poniéndoles marcas con sus nombres distintivos a cada una”, bromea. “Y entonces se generaron mini-culturas a lo largo del camino. Pero supongo que cada vez siento menos la necesidad de volver a hacerlo. Ahora veo todo lo que hice como una totalidad en la que nada es mutuamente excluyente, siempre con músicos que se pueden hacer cargo de los distintos matices. El único factor decisivo es responder a lo que demanda mi sensibilidad musical. Y a partir de ahí apelar la fuerza de los músicos que encontré para ir en busca de ese sonido. Mi trabajo principal es el de ser el líder de la banda, que significa encontrar a la combinación correcta de gente para llegar a un lugar determinado”.

–Y en ese viaje, ¿qué significa la música para vos?

–Solía pensar que la música tenía que ver con el destino, pero cada vez la veo más como un síntoma o una manifestación de muchas cualidades que no fueron del todo descubiertas, que por ahora permanecen como un misterio para nosotros.

Pat Metheny estará tocando el viernes 13 y sábado 14 de marzo en el Teatro Gran Rex, Av Corrientes 857. A las 20:30.

ADIÓS A LYLE

El tecladista y compositor Lyle Mays, pieza clave del Pat Metheny Group desde el momento de su fundación en 1977, falleció el pasado 10 de febrero después de años de luchar contra una grave enfermedad. Además de su participación en los conciertos y los discos del grupo a lo largo de treinta años, también había trabajado con Joni Mitchell, Rickie Lee Jones, Bobby McFerrin y Earth, Wind & Fire, entre otros. En el sitio web de Metheny se publicó un comunicado con la triste noticia, en el que el propio guitarrista expresaba sus condolencias: “Desde las primeras notas que tocamos juntos, se creó un lazo inmediato. Su amplia inteligencia y su sabiduría musical iluminó cada aspecto de lo que él fue, en todo sentido. Lo voy a extrañar con todo mi corazón”.

Escueto y sentido, el mensaje fue seguido unos días más tarde por un texto en el que Metheny se explaya acerca de la naturaleza del vínculo que construyeron a lo largo de los años. “Mi atracción inicial por el talento de Lyle se debió principalmente a sus sensacionales habilidades como pianista. Y me di cuenta desde la primera vez que lo escuché que su manera de tocar el teclado reflejaba un profundo y personal sentido de la orquestación. A partir de ahí, las cosas lo llevaron a desarrollar un tipo de orquestación y de arreglos que no tenían precedentes (solo Joe Zawinul había explorado esos aspectos en un grupo). Como un mandato que se desprendía orgánicamente de las posibilidades tecnológicas de la época, hizo posible un nuevo sonido con el instrumento”, escribe. “Estoy muy agradecido por el tiempo y la música que compartimos, a la vez que feliz y orgulloso de que mucho de eso haya quedado documentado”.

CONEXIÓN TUCUMANA

El campo y los árboles de Balderrama, Tucumán, aportan la escenografía de fondo. Manu Sija aparece en primer plano, sobre un escenario improvisado en la tierra de su pueblo natal, tocando alternativamente la guitarra, el teclado, la batería, el bajo y el violín. El multi-instrumentista entrega una versión con acento local de “First Circle”, el tema incluido en el disco homónimo del Pat Metheny Group. El registro fechado en diciembre de 2012, YouTube mediante, llegó a manos de su autor. Tres años más tarde, Sija estaba en Nueva York, listo para dar comienzo a una seguidilla de fechas por el circuito de clubes de la ciudad. Y en la primera de esas noches, Metheny fue a escucharlo y lo esperó a la salida del concierto para contarle que le había gustado el video.

La historia podría terminar con la invitación de uno de sus héroes musicales a su departamento de Manhattan, para juntarse a tocar el tema de marras, cosa que finalmente ocurrió. Pero el destino le tenía reservada a Sija una sorpresa mayor, porque a fines de enero se confirmó que será el encargado de abrir los shows de Metheny en el Gran Rex. El músico y compositor tucumano lo describe, claro, como un “sueño cumplido”. Autodidacta de formación, a los 11 años ya había grabado su primer disco, en el que se hizo cargo del violín, la guitarra y el bombo. Tocó con Divididos, León Gieco, Liliana Herrero y Carlos Vives, entre otros. Después de años de trabajar como sesionista, en 2014 se lanzó como solista y comenzó a explorar un lenguaje musical en el que confluyen el folclore argentino y el latinoamericano.

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