Aislamiento (4)

Imagen: AFP

Yo estaba haciendo un ayuno de medios, no sé si sabés de qué trata… pero bueno te podés imaginar… (risas). Lo hacía para evitar todas esas informaciones que me saturan de estímulos y desvían mi pletórico caudal creativo en pos de los intereses del mercado editorial.

De manera, que me encontraba haciendo el anuncio, perdón el ayuno, y si la memoria no me echa una mala pasada fue recién a las nueve, cuando mi mujer volvió del curro, que me puso al tanto. Abrió la puerta con una cara de velorio.

–¡Patricio, tu país! –dijo. A mí enseguida se me ocurrió un chiste. Levanté la vista del libro.

–Plebeyo mi país –dije. Pero ella no se rió–. ¿Qué ha pasado cariño?

–Coño, no entiendo nada. Tu madre ha escrito pero se ha interrumpido la conversación. He intentado hablar con tu hermana y el audio no le ha llegado nunca. Fíjate, mira, todos los celulares de Argentina han sido vistos por última vez a las diez de la mañana.

–¿Y qué dice El País?

–Los medios españoles no sé porqué coño no dicen nada y en la tele no paran de pasar al estúpido de Cristiano Ronaldo. Pero me temo que ha pasado algo muy chungo. Encima tú con esa manía de no contestar el móvil, cabrón.

–Estoy en el ayuno, amor, ya lo sabes.

–¡Ayuno mis cojones, Patricio por dios! Tu país ha desaparecido y tu aquí jugando al asceta decimonónico. Ni siquiera. Ya tenían periódicos en tiempos de Verne.

–¿Qué quieres que haga, mi cielo?

–Pues que al menos enciendas el móvil. Estoy segura que tu madre te debe haber dicho algo –dijo abriendo el cajón del móvil.

Cuando mi mujer quiere algo, no para hasta conseguirlo. Eso fue así desde el primer momento. Yo estaba en pareja con mi joven traductora al sueco, cuando ella, una periodista madrileña, treintañera y con aire de perpetua resaca me conquistó. Los españoles siempre conquistándonos... la española en mi caso (risas).

Al poco tiempo se mudó a mi piso, nos casamos. Ahora entraba y me decía cómo tenía que reaccionar en situaciones extraordinarias. Y lo peor es que yo obedecía palabra por palabra.

Prendí el celular. Había unos mensajes del grupo de amigos: 84 mensajes y ningún partido de fútbol.

Un presentador de Cadena 3 que me quería entrevistar a las 9.11. El mismo periodista a las 20.43, por el tono se notaba que llevaba un par de pintas encima. “Patricio, me he enterado que algo sucede en Argentina. Si te apetece pronunciarte al respecto, las puertas del canal están abiertas para ti, para lo que precises”. Que manera educada de pedir morbo, pensé. Y me saqué los lentes. Mi mujer estaba mirando el celular a mi lado.

Mamá: tres audios de 6 minutos. Mi madre desesperaba, se despedía, me hablaba de unos dólares escondidos, no se entendía bien dónde. Y en eso ¡Tin! Entra un mail: embajada argentina en Madrid. Importante aviso. Compatriotas en el exterior.

Con mi mujer nos miramos. Estábamos en la cocina. Ella cayó desplomada sobre la silla. No te olvides que yo venía de unos días de ayuno mediático y todo eso ya era un montón para mí: el conductor de Cadena 3, mi madre y ahora la embajada argentina paranoiqueando a mi mujer.

–Lo leo en un ratito, vale?.

–Leelo ahora Patricio, por favor.

–Acaso no me ves que estoy colmado, estoy hasta los cojones, estoy saturado. Mi país sos vos.

Se hizo un silencio, ella extendió su mano abierta y sentenció:

–Patricio, dame el puto móvil o te extradito de mi piel.

Mi mujer tiene un buen manejo del imperativo. Así que con mi celular en la mano siguió leyendo mientras yo preparaba el café.

Compatriotas: este es un mensaje de la Cancillería de la República Argentina a los ciudadanos y ciudadanas, residentes, miembros de delegaciones, turistas y otros.

Yo debía pertenecer a esta última categoría, pensé. El mail seguía.

En virtud de los sucesos en nuestro territorio son de público conocimiento y trascenderán en el exterior una hora después de las 24 de la noche, les informamos que nuestro país, el suyo, el de todos y todas, se encuentra ante la mayor amenaza de su historia. ¡Tin!

Mientras estaba leyendo todavía, entró aquel mail del Ministerio de Cultura.

Estimado Patricio, como intelectual argentino de renombre, el país te necesita. Durante los próximos días los convoy de repatriamiento partirán en vuelo Barajas–Buenos Aires. Desde el Ministerio de Cultura queremos expresarte... ¡Tin!

Looking for young beauties in your city?. Aquel mail hizo que mi mujer se atragantara con el café.

–Después te explico –dije– seguí leyendo mi cielo.

–Me volvés a decir mi cielo y te cierro las fronteras, youngbeauty.

...la intención de que vuelvas para ayudarnos con tu enorme talento en este flagelo que vive nuestra patria. Los intelectuales tienen una labor esencial en esta situación extrema.

Desde el Ministerio de Cultura les invitamos a volver. Sin embargo, si no optan por el plan “La Vuelta de Fierro" no podemos asegurar que vayan a ser admitidos en el futuro.

¿"La Vuelta de Fierro"? ¿Esto es en serio?, pensé. ¿Y con este heroísmo sorianesco piensan enfrentar un virus letal? Si optaba por la vuelta, había un formulario adjunto que había que completar. Ni les contesté.

Yo estaba habituado a recibir lamentables sorpresas desde Argentina. Había visto pasar varias crisis, 2001 y 2019 incluidas.

Pero al sexto día, movido más por el deseo de mi mujer que por el mío, llevé el minúsculo equipaje que estaba permitido, todo cargado de libros, y me metí en un vuelo del plan "La Vuelta de Fierro".

Y lo cierto es que para ir a Trenque Lauquen llegué tarde. Cuando aterricé, ya Trenque estaba cercada. Pero me puse a trabajar en las juveniles de la selección nacional de escritores, y aquí me tienen, diez años después, al compás de la vigüela (risas).

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