La cantante editó un nuevo disco, "Corazonada"

Isabel de Sebastián: "El liderazgo de Trump es corrosivo y tóxico"

La dueña de una de las grandes voces del rock argentino vive en New York pero nunca dejó de estar unida a Buenos Aires. Y la emoción por su nuevo disco se mezcla con el horror de lo que vive Estados Unidos hoy.
"Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo.""Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo.""Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo.""Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo.""Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo."
"Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo." 

Bien temprano, con el terror azul aún en acción, Isabel de Sebastián primereaba la impronta liberadora y glamurosa de los ochenta. Como parte de una intrépida agrupación femenina (las Bay Biscuits) solía aparecer coreándole temas a Seru Giran o a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Por esa senda avanzó cuando, en simultáneo al retorno a la democracia, formó parte de un hito pop, junto a Ulises Butrón, Richard Coleman y Celsa Mel Gowland: Metrópoli. Fue su voz la que eternizó la inoxidable “Héroes anónimos”. Y la que –también— tuvo el privilegio de ser una de las pocas que Luis Alberto Spinetta invitó a participar de Privé, tremendo disco de la era. “Recuerdo esa época como un huracán inagotable de ideas”, viaja ella hasta tal mojón ocurrido 34 años atrás. “Ulises y yo estábamos muy activos con Metrópoli, además. El cielo era el límite. Pasábamos días y noches pensando juntos, y escribiendo canciones. Y Luis pasaba horas dibujando y 'desenroscando': lo llamábamos Osram por el movimiento de desenroscar lamparitas cuando explicaba algo, desde la teoría cuántica a una progresión armónica de Ivan Lins”, recuerda ella, y sonríe, desde algún lugar de Brooklyn.

Datitos a tener en cuenta para desplegar devenir y presente de esta mujer de seis décadas que acaba de publicar Corazonada, disco cuya impronta vincula aquel espíritu indomable con la experiencia de haber trascendido buena parte de sus años posteriores en Nueva York, junto al pianista y compositor Bob Telson. “Mi disco anterior es ecléctico, inclasificable, va de una cumbia peruana a una canción que Spinetta había compuesto para mí”, señala Isabel, que obtuvo un Gardel al mejor álbum pop femenino, por su disco anterior, titulado con su nombre. “Definiría Corazonada como una síntesis de las influencias musicales de los dos mundos en los que vivo, el anglo y el latinoamericano, más un recorrido sobre mi universo sensible, claro. Creo que al escucharlo deja la idea de que en ésta estamos juntos… que vale apostar al vínculo, al registro del otro”.

Fraguado bajo los arreglos de David Bensimón y Mauro Cambarieri, y con la participación de su hijo David Telson; Guillermo Pesoa (Pequeña Orquesta Reincidentes), Lautaro Cottet y el mismo Bob, Corazonada es el tercer disco de una espaciada saga solista que arrancó con Trip, publicado en 2007. “En los audios de Corazonada se puede escuchar sirenas de Nueva York y pajaritos de La Plata”, se ríe De Sebastián, refiriéndose a las dos locaciones de grabación. Luego vuelve sobre al contenido: “La mayoría de las canciones están inspiradas en mi mapa afectivo: el amor presente, el amor pasado, el amor filial, y el amor a los que estamos juntos en este barco. No es fácil, el amor nunca lo es, pero puede crecer en el lugar más insospechado… es como esa flor que rompe la piedra. Sin ser sentimental, es intensamente romántico, y tiene como un humo existencial que lo atraviesa, una melancolía que guarda una sonrisa”.

-Cae de maduro constatar por qué le pusiste Corazonada, entonces.

-(risas) Es un impulso vital, un sentimiento que te lleva a la acción. Me gusta también la idea de "corazonar", de darle un corazón a las cosas, o a las situaciones. Poner el cuerpo, y el deseo.

El disco mezcla temas propios y ajenos apropiados. De la primera tanda, ella opta por posarse en “El muro”, y contar sobre él: “En este tema hablo de esa pared que a veces parece infranqueable entre nosotros y el mundo, pero que 'con ese corazón que está detrás de la mirada del amor' logra que podamos 'levantarnos y mirar a través de esa pared' para encontrar nuestro lugar en el mundo, más allá del muro del dolor. Se lo escribí a un adolescente que estaba pasando por una depresión”, detalla ella, mientras los líos pandemico-raciales le pican cerca (ver aparte). “'Todo baila', en cambio, es un tema de pertenencia a mi país. Lo escribí el último año de Mauricio Macri, cuando todo era nubarrones y desesperanza. 'Como los pájaros que cantan a la noche, y que esperan a la luz que volverá, bailamos porque el agua busca al río y tu cuerpo roza el mío al caminar', dice esta canción que habla de no desesperar. Se trata de una esperanza activa, no pasiva… de una esperanza que no deja que las dificultades le tuerzan la vitalidad”.

-Entre las propias también figura “Milonga del Adiós”, que cantás a dúo con Melingo… otra conexión cósmica.

-"Tal vez si el amor es sincero tendrá algún lugar sagrado en el ayer, y así, aunque no estemos juntos, nos queda esta canción". Escribí esto porque hay como una necesidad de rescatar algo valioso de todo lo que lo tengo. Era la canción que tenía que escribir para dejar un amor en el pasado. Fue una manera de concluir un largo adiós.

-De las ajenas, te apropiaste de “Paloma”, antigua poesía de Rafael Alberti que alguna vez musicalizó Carlos Guastavino, y popularizó Serrat. No es fácil meterse ahí…

-La hizo mi hijo David, que no conocía la versión de Guastavino… nunca la había escuchado. Por eso, su versión es completamente diferente. No tiene una sola nota en común, y considero que es la canción armónicamente más rica del disco.

-¿Qué criterios te guiaron al momento de elegir las versiones?

-Elijo hacer una versión cuando me enamoro de una canción, y me gusta mucho cantarla. También cuando entra en una temática que se emparenta con la que vengo sintiendo y desarrollando. Hay algo en común en el tema de Federico García Lorca y Leonard Cohen (“Pequeño vals vienés”), en la versión de "Anda" (de Daniel Melingo y María Celeste Torre) y en "Si no hay nada más", originalmente cantada por Peggy Lee, a la cual le escribí una versión en español. A los tres los une una dulce melancolía, y cierta espesura de la experiencia humana.

-Respecto de los puentes que unen historia y presente ¿Qué asociación hacés entre "Héroes anónimos” y los tiempos que corren? La pregunta es por aquello de “Todos somos héroes anónimos / guerreros en este lugar / peleando con el corazón / combatiendo tanta soledad”.

-Conecta directamente con "Todo Baila" (algo así como el “hit” de Corazonada), porque apunta al vínculo como manera de poder vivir esta vida, que no es fácil, y de ahí el heroísmo, el vivir con la conciencia de la muerte, y aún así encontrar fuerza y alegría. En estos tiempos nos damos cuenta más que nunca que es juntos, o no es. Creo que la empatía es el gran antídoto contra los males del mundo. Hoy somos más conscientes de que sin esos tremendos héroes anónimos en las trincheras, no habría salida, y ahí hay otra acepción del término "héroes" que hoy resuena.

-Hablás de los héroes de la pandemia, desde su epicentro ¿cómo se vive el caos allí, en el día a día?

-Aquí la posibilidad de contagio es aún altísima. Hay una gran cantidad de gente exponiéndose para que la mayoría pueda sobrevivir, comer y guardarse. Igual pasa en la Argentina, aunque en una escala mucho menor, porque, entre otras cosas, hay un presidente como Alberto. Vengo escribiendo en mi blog sobre la situación de la pandemia en Estados Unidos, y es realmente problemático lo que pasa. Se podrían haber prevenido miles de muertes, pero el liderazgo de Trump es corrosivo y tóxico. El individualismo y el desmantelamiento progresivo de la salud han causado estragos.

-¿Cómo fue y cómo es la situación cerca de tu casa?

-El principio de la pandemia fue brutal. Brooklyn es uno de los lugares más golpeados en Nueva York, el estado con más casos. Las sirenas de las ambulancias no paraban. Saber que están montando hospitales de campaña, que hay miles y miles de muertos por semana, y que hay cuerpos amontonándose cerca de tu casa es muy alarmante y doloroso, y también es muy extraño, como si el tiempo estuviera suspendido adentro mientras afuera todo pasa muy rápido. Las calles estaban totalmente desiertas. Hoy es distinto. Hay muchos menos casos pero igualmente, si entro a un supermercado, la posibilidad de que haya alguien infectado es muy alta. Es increíble pero es así… somos animales de costumbre, se normalizan las situaciones y aquí estamos viviendo "el nuevo normal".

-¿Y vos como la piloteás en el día a día?

-Igual que siempre. Con o sin pandemia, canto, bailo, camino, cocino, limpio mi casa, leo y paso horas en la compu. Me gusta la soledad, aunque hasta hace poco he vivido rodeada de gente.

De Sebastián se fue a vivir a Nueva York, en momentos de “Isabel y los Milagros”, banda con la que había encarado un par de de shows, y grabado un disco que jamás salió. Como contrapartida positiva, fue el momento en que conoció a Telson, también autor de la música del film Bagdad Café, con quien formó pareja y tuvo dos hijos. “Había encontrado a la persona con la que quería formar una familia, pero lo duro de vivir allá pasó por la cuestión de la identidad. Durante los primeros catorce años que pasé en Nueva York, sentí como si esta se estuviera diluyendo. Canté tango y estudié al peronismo, porque eran formas de decodificar ese lugar, siempre tan lejano y siempre tan cerca. Al volver a la Argentina en 2003, recuperé la posibilidad de hacer mi música que de alguna manera es inspirada por esa pertenencia. Ahora, esté donde esté, mi identidad ya no se diluye, aunque realmente no veo la hora de volver otra vez”, confiesa la cantante, reviviendo el rato del retorno, cuando se la pudo ver en acción cantando en recitales de un viejo amigos como don Melingo, además de con Lidia Borda y Divididos. “En realidad, vivo repartida en distintos lugares el mundo… pertenezco a diferentes tribus, pero a la vez estoy totalmente conectada a Buenos Aires, en todos los sentidos posibles. Fue muy fuerte, como decía, volver a vivir varios años en la Argentina cuando retorné para cuidar a mis padres, en ese doloroso proceso que casi todos vivimos. Estoy sumamente agradecida de poder haber vivido ese tiempo allí, porque además fue la raíz de una época que viví con mucha alegría… se respiraba esperanza y se lograban cambios largamente esperados. Mis hijos pueden sentirse argentinos, y están orgullosos de eso.”

-Entre otros avances en derechos, durante la época del peronismo kirchnerista vivenciaste el de los logros de las luchas feministas. ¿Cómo se te viene en este sentido el recuerdo de las Bay Biscuits? ¿Ssufrieron mucho el “patriarcado rockero” de aquellos momentos?

-En general, en aquella época no sentí el tema del machismo, porque estaba completamente naturalizado. También, las Baybis eran sobre todo un grupo performático que excedía la idea de rock, y los Redondos o Charly, quienes las convocaban, no eran particularmente machistas. Fue más difícil ser la líder mujer de una banda, un poco más tarde. En general, en todos los ámbitos, las mujeres comprendimos la jerarquía "inferior" que habíamos sufrido, cuando comenzó a cambiar el marco.

-¿Qué más conservás hoy de tu experiencia en los ochenta?

-El espíritu aventurero y una búsqueda estética más allá de la música. En esa época comenzamos a hacernos vestuarios, a diseñar luces, a imaginar escenografías. Y aún tengo esa necesidad de ocuparme de agregar una dimensión visual a lo musical, tanto en los videos como en el vivo.


La pandemia y la rebelión

-Justo te toca estar en el país de la rebelión contra el racismo, que se reavivó tras la muerte de George Floyd. ¿Qué podrías contar, describir, reflexionar respecto de la situación?

-Estamos en toque de queda en el medio de una crisis social y política histórica, lo que suma un estrés y una incertidumbre tremenda a una situación ya impensable como es la pandemia. La herida siempre abierta del racismo está al rojo vivo. Brooklyn es un barrio predominantemente afroamericano, por lo que esta herida no me es ajena… más allá de la alarma por el estallido social, me causa un dolor profundo por los millones de personas que han vivido y viven bajo una mayor sensación de fragilidad ante los abusos de la fuerza represiva.

-Allá, acá y en todas partes…

-Claro. Allá he vivido la dictadura, y he sufrido la frase "cabecita negra" desde siempre... es una lucha de todos, en todas partes. Aquí en Brooklyn, y a lo largo de todo el país, el aire que no pudo inhalar George Floyd se ha vuelto irrespirable. A los más de 110.000 muertos y 40 millones de desempleados que dejó hasta ahora la crisis del coronavirus, se le ha sumado una gangrena en la herida más profunda en esta sociedad: la violencia racista. Aquí la historia de manifestaciones por brutalidad policial es larga y compleja, pero esta muerte ha sido la gota que rebasó un vaso que nunca paró de llenarse. La naturaleza irascible y prepotente del presidente, con su propio historial racista, y sus guiños al orgullo de la "América blanca" y a los manifestantes supremacistas, ha sido otro factor en la creación de la "tormenta perfecta" que hoy nos sacude.

-¿Cuáles son los efectos de las manifestaciones?

-El país está dividido: están los que se indignan más por los destrozos realizados por algunos que por la violencia desatada por las fuerzas de seguridad, y los que comprendemos que no hay que perder el foco: el problema es el racismo, la discriminación y la desigualdad, y todo el resto es tan sólo una distracción. La nueva normalidad se ha vuelto muy anormal y no es fácil dormir en este estado de cosas, pero lo que no perdemos son las esperanzas. Hoy hay multitudes de ciudadanos de muchas razas que se han unido en las calles por una causa muy necesaria. Y esto es siempre una buena noticia. 

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