En la Sala II del Tribunal de Juicio de Orán comenzó ayer el juicio oral a cinco hombres y dos mujeres acusados por atentados a tiros a dos hombres de esa localidad, cometidos el 1 y el 6 de mayo de 2017. El del primer atentado sobrevivió, a pesar de que recibió seis impactos de bala; el otro, falleció. 

Los imputados son Ricardo Raúl Rojas, José Martín Castillo, Norberto Roque Mendoza, Matías Francisco Sarmiento, Enzo Javier Quiroga, Daniela Fernanda Liborio y Alejandra Beatriz Núñez

El 1 de mayo de 2017, pasada la 1 de la madrugada, cuando abría el portón de su casa en la calle Las Tipas de la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán, Ricardo Adrián Gerónimo fue interceptado por un hombre que le disparó a una distancia de 3 metros. Recibió seis heridas de bala, aún así logró subir al auto y llegar al hospital, donde fue asistido y salvó su vida. 

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La noche del 6 de mayo, minutos después de las 21.30, en la avenida Esquiú de la misma ciudad, un motociclista atacó a tiros a Raúl Fernando Martínez, mientras estaba sentado en la vereda, junto a su mujer, Zulema Aramayo. Martínez falleció casi en el acto, el atacante y un acompañante que conducía la moto, huyeron. 

El "Coya" Rojas, Castillo y ambas víctimas tenían como actividad más o menos legal el bagayeo, el contrabando de ropas desde Bolivia, como tantos otros habitantes de esta zona de frontera. Martínez también introducía al país hojas de coca. Y dicen que Rojas estaba dedicado además al contrabando de estupefacientes. 

Para cuando Martínez fue asesinado, ya la investigación del ataque a Gerónimo estaba avanzada y enseguida los investigadores establecieron nexos entre ambos hechos y protagonistas. 

A Rojas, que está detenido en el Complejo Penitenciario Federal III de General Güemes porque también tienen acusaciones por narcotráfico, se le atribuye ser el autor intelectual de ambos atentados, aparentemente enojado porque consideraba que Martínez y Gerónimo le habían quitado drogas. 

Desde la cárcel Rojas organizó los ataques a través de otro detenido, "El Jujeño" Quiroga, que contactó a Mendoza, un chofer de colectivos urbanos nacido en Tartagal pero que residía en Salta Capital, para que asesinara en primer lugar a Gerónimo, a cambio del pago de 4 mil dólares.

Pero como Gerónimo sobrevivió, se generaron diferencias entre Rojas y Mendoza. Y finalmente, Rojas terminó contratando a Castillo, que era de Tucumán, para llevar adelante el segundo ataque. 

En relación a Gerónimo Rojas está imputado por tentativa de homicidio doblemente calificada "por promesa remuneratoria y por el número de partícipes" y "agravado por la utilización de arma de fuego". Comparte esta acusación con Mendoza. Mientras que Sarmiento, Quiroga y Liborio, que es su mujer, están acusados en calidad de partícipes necesarios.  

Por el ataque a Martínez, Rojas y Castillo están imputados por "homicidio doblemente calificado por promesa remuneratoria y por el uso de arma de fuego". Y Núñez, que era empleada en la casa de Rojas, esta acusada de ser partícipe necesaria de este hecho.

Ayer, en la primera jornada, que se realizó vía videconferencia respecto de seis de los siete imputados y tuvo algunos inconvenientes técnicos, se escuchó solamente el requerimiento de elevación a juicio realizado por el Ministerio Público Fiscal. Luego de eso el tribunal, integrado por la jueza María Laura Toledo Zamora y los jueces Héctor Fabián Fayos y Raúl Fernando López, decidió pasar a un cuarto intermedio hasta el próximo lunes, 22 de junio, y dispuso que todos los acusados deberán estar en la sala de manera presencial. 

Una vieja enemistad 

La acusación de la fiscala Mariana Torres cuando requirió que se realizara el juicio da cuenta de una trama de contrabando de ropa, drogas, robos y relaciones personales que derivaron en hechos de violencia culminados con los ataques contra Gerónimo y Martínez. 

Gerónimo es bagayero, vende ropas y realiza viajes como taxista. Conocía a Martínez desde hacía tiempo, quien ya hacía un mes le había contado que lo querían matar y le había recomendado que se cuidara. Había "problemas" con el Coya Rojas, que los acusaba de dedicarse a quitar droga. Tres o cuatro semanas antes de su muerte Martínez había sido sorprendido por unos jóvenes que lo apuntaron con una escopeta, al parecer, la falta de experiencia de los atacantes jugó a su favor y los hizo huir con un cuchillo. Luego de eso andaba armado y, según su mujer, su carácter cambió y vivió esos últimos días temeroso de sufrir un atentado. 

Las broncas venían de arrastre. Gerónimo había sido cómplice de Rojas en robos cometidos hace años. En 2014 fue detenido, hasta 2016. Cuando recuperó la libertad, volvió a juntarse con Rojas, pero ya las cosas habían cambiado: el Coya se dedicaba ahora al narcotráfico y Gerónimo buscó apartarse. Una versión habla de que también tuvieron diferencias por una mujer y que incluso Rojas acuchilló a Gerónimo. 

Por otro lado, Rojas había denunciado en 2016 que dos hombres en una camioneta habían intentado secuestrarlo. La Policía detuvo a Martínez (y al otro hombre), quien trató de deshacerse de una pistola Browning arrojándola debajo de un banco en la plaza Santa Marta. También en este caso se habló de una bronca por una mujer. 

En la investigación del ataque a Gerónimo, se incorporaron escuchas telefónicas que había realizado la División Drogas Peligrosas de la ciudad de Salta sobre un teléfono de Quiroga, en otra investigación. En esas desgrabaciones estaba todo el intercambio preparatorio de este hecho. Y hasta se supo que los atacantes llamaron al hospital para saber si Gerónimo seguía vivo, y que Rojas no consideraba terminado el "trabajo" porque la víctima no había muerto, y Mendoza quería cobrar igual.  

Esta diferencia, en la que terció el que parece ser un socio de Rojas, Cristian Gabriel "Gringo" Palavecino, motivó que para el segundo ataque se contratara a otro, el tucumano "Pájaro" Castillo, taxista y también pasante de ropa desde Bolivia que revendía dentro del país. El sindicado sicario niega la acusación y sostiene que el 6 de mayo fue a Orán para terminar una venta de un vehículo y pasar a la ciudad de Bermejo a comprar ropa. 

Palavecino, que para la investigación colaboró con la logística para el ataque a Martínez, está prófugo, igual que un amigo de Mendoza, Nicolás López