Bitácora Museo, una reflexión colectiva con diversidad de voces

Mensaje al público desde un museo cerrado

La coedición de Ediciones Castagnino/Macro y Bitácora-REA indaga sobre el presente en relación al trabajo de los artistas.
Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.  Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.  Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.  Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.  Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.  
Mariana Telleria: Urbi et orbi virtual, 2020. Episodio: Domingo de Pascua.   

La foto de una sala del Museo Contemporáneo de Rosario con las paredes peladas ilustra la tapa de Bitácora Museo, un archivo en PDF de descarga gratuita que, como coedición de Ediciones Castagnino/Macro, Museo Municipal de Bellas Artes J. B. Castagnino y Bitácora-REA y financiada por la empresa Fundar, intenta interrogar las condiciones del presente en relación con los museos de arte y la cultura en general.  

Para eso, un equipo editorial integrado por Pablo Makovsky, Virginia Giacosa, Lila Siegrist, Leandro Comba, Georgina Ricci, Patricia Oliva, Lucía Alemandi, Lucía Bartolini, Mariana Lafuente, Daniela Quintero, Luciano Ominetti, Mónica Bernard, Nadia Insaurralde y Yanina Bossus convocó a una diversidad de escritores y artistas para aportar textos y piezas visuales. Entre todos arman un mosaico sobre este tiempo, donde la superficie de la publicación funciona como portal a otros puntos de la web gracias a los oportunos hipervínculos que tejen una maraña de conexiones virtuales.

Una voz colectiva que se impone es la de AAR, Asociación de Artistas de Rosario, que produce su manifiesto propio y reverbera en las reflexiones de la videasta Leticia Obeid, del artista, curador y docente Hernán Camoletto, y en la excelente investigación de la cronista de artes plásticas María Paula Zacharías. "Después de cuatro meses sin nadar en el circuito del arte, los artistas han podido ver el mar de abusos que implican las cosas tal y como estaban", escribe Zacharías. "¿Por qué producimos muestras para instituciones donde no nos pagan?", pregunta AAR. "¿Cómo hice tantas cosas siempre sintiendo que no hacía nada?", se pregunta Leticia Obeid, disparando sobre el entorno, y acertando: "El contexto me ha ido convenciendo una y otra vez de que esto que yo hago no es un trabajo, no es ni supone un esfuerzo y tampoco vale mucho". "El contexto actual refleja, entre otras inequidades, la precarización laboral que padece un gran número de ciudadanxs. En nuestro caso, como trabajadorxs del arte, revela el escaso valor que se da a nuestra función social como productorxs de acciones reales que influyen en un imaginario y generan efectos simbólicos", escribe Camoletto. "Paradójicamente la demanda externa no cesa nunca", observa Leticia Obeid.

 C. Romero y M. Peralta Rodríguez: Registros de experiencias en San José del Rincón (fragmento).

La cuarentena por el coronavirus desnudó una situación de precariedad que desde el backstage se vive aún peor que en estas declaraciones públicas, ya que los alambres que mantienen unidas las chapas del precario cobijo que da trabajar produciendo contenidos culturales (de eso se trata hacer arte, no menos) son frágiles simpatías que cualquier vendaval de ira narcisista puede arrasar. Es la famosa "mafia del amor" que denunciaba Rodrigo Cañete (no invitado a esta sobremesa textual). Se subsiste por la seducción, como une niñe en una familia perversa. Y a nadie le molesta que las vidas de los artistas sean trágicas; se supone que la tragedia está en su naturaleza. Ese supuesto naturaliza una precariedad laboral insoportable sobre la que recién ahora se animan a hablar, pensándose como trabajadores, sin copa de champagne rosado en la mano. 

Pauline Fondevila es artista plástica, escritora, letrista y cantante de Perro Fantasma; gestora cultural, tallerista y rosarina por adopción. En una carta de amor al museo Macro cerrado, le cuenta que vio por primera vez las islas desde sus ventanas y que esa vista le inspiró en 2010 una obra que el Castagnino+Macro adquirió, adquisición que le dio la sensación de tener acá un lugar y la inspiró a quedarse. La carta no se presenta como texto escrito, sino como dibujo animado en video, con la voz en off de su autora leyéndola sobre una sonata de Scarlatti. Los ojos del museo dibujado lloran por las islas quemadas delante suyo. "Acá los artistas lo quieren al río, lo cuidan y lo celebran, lo hacen entrar en sus obras", dice Fondevila con acento francés. Es sintomático que cada uno de estos emisores se sienta obligado a presentarse, a contar su propia historia; no es "ego" sino justificada desconfianza en que pueda venir de afuera el reconocimiento. 

Adentrándose en los caminos de los links de la publicación, o en los que se abren a partir de ellos, puede accederse a un video de Claudia del Río y a una performance de Nancy Rojas (https://www.instagram.com/tv/CAv8gPlgMvE/?igshid=8l61vc7trcp8) no linkeada desde la publicación pero sí comentada por Fede Baeza (director del Palacio Nacional de las Artes, que patrocinó el evento) y continuada por su autora en su texto. Nancy fue una actora social clave en la fundación de la colección del Macro, pero el síntoma insiste y se ve obligada a contarlo ella (tanto en su texto como en su obra). Es peor que endogamia: esta familia arroja al mar del olvido todo lo que expulsa de sí. Las obligadas autorreferencias copan una agenda que debería más bien estar abocada a comunicar claramente al público el valor de los contenidos que se resguardan y la necesidad de implementarles nuevas vías de acceso educativas, en un país cuyas rígidas leyes de propiedad intelectual criminalizan la reproducción de contenidos culturales.

"De pronto, nos encontramos diseñando exposiciones que no explicamos para públicos que no conocemos, escritas en lenguajes que no comprenden", escribe el director del Castagnino+Macro, Raúl D'Amelio, y linkea una película rusa sin subtítulos. Aporta una solución brillante ante el encierro la escritora y periodista María Moreno, directora del Museo del Libro y de la Lengua, entrevistada por Pablo Makovsky y quien "ejerce desde el aislamiento" (Makovsky) una función pública dedicada a desarrollar un programa políglota comprometido "con los reclamos políticos de aquellos a quienes convoca y sus proyectos emancipatorios", como dice Moreno. Acá el link a una serie de propuestas del MLL: https://www.youtube.com/playlist?list=PLZFywf-9AMzwuZr6qGICCAtRZna5lTnf9

La publicación incluye una "sala central" con obras de Carlos Herrera, Clara Esborraz, Mariana Telleria, Andrea Ostera, Homs, Topacio Fresh, Andrés Yeah, Cintia Clara Romero y Maximiliano Peralta Rodríguez. Escriben además Ezequiel Gatto, Rafael Cippolini, Daniel García, Javier Gasparri, Ticio Escobar, Clarisa Appendino, Leticia Kabusacki, Carlos Stia, Leo Estol, Gerardo Caballero, Andrés Duprat, Norma Rojas, Nicolás Testoni y quien suscribe. http://www.castagninomacro.org/uploadsarchivos/bitacora/bitacora_museo_web.pdf es el link de descarga de la publicación. 

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