Mane y Karime de Acapulco Shore
Las comadres
Estas picantes mexicanas son la marca registrada del reality fiestero latino de MTV, que arrancó cuarta temporada: acá revelan mitos y verdades del show, y hablan de una vida sobreexpuesta.
Imagen: Cecilia Salas

Manelyk “Mane” González y Karime Pindter, estrellas de Acapulco Shore, son conocidas como “las comadres” por ser las únicas que permanecen desde la primera temporada del reality que es la versión mexicana de la franquicia de MTV iniciada con la yanqui Jersey Shore, y que consiste en un grupo de jóvenes cuya única obligación es enfiestarse todo lo posible. Estas megaestrellas de la TV de su país volvieron con la cuarta temporada, que ya está al aire con nuevos participantes elegidos –en Acapulco Shore: Nueva Generación– por Karime y su intermitente novio del show, Potro.

La nueva temporada viene más polémica, caliente e histérica. “Mejor”, dice Karime: “Elegimos tres chicos y dos chicas divertidos, dispuestos a todo y que nos hicieron reír. Y la convivencia con los viejos fue complicada, así que el show está súper bueno”. Otras novedades: Mane finalmente está de novia y enamoradísima con Jawi, y las comadres van más unidas que nunca, en un equilibrio aparentemente reestablecido, pero nunca del todo.

El público adora el descaro y exceso de Karime, bisexual y “perrísima”, como ella dice (su frase de cabecera es “Hagas lo que hagas, quítate las bragas”), y el bicheo de Mane, celosa, manipuladora y con un carácter terrible. Su magnetismo y química hicieron de su amistad una marca registrada que les valió el protagonismo del show, al punto de que se habló de que Mane no estaría en la cuarta ya que un acercamiento entre Jawi y Karime habría desatado una fortísima pelea. No hay realidad o ficción: lo que ves es lo que hay y lo que hay se ve, aseguran. “La amistad es verdadera, no somos un personaje. Por eso la gente se identifica con nosotras. Las peleas son reales, típicas de la convivencia, pero siempre pudimos arreglarlas. Ya somos familia”, explica Mane.

Paradójicamente, en el reality es cuando más relajadas y menos expuestas están. Karime: “Nos quitan los celulares, es una detox de un mes. Descansamos mucho. Me vuelvo loca cuando lo prendo de nuevo, uso muchísimo Snapchat, Instagram, Twitter, tengo un blog en YouTube, un programa de radio y una tienda online de remeras”. Y su comadre amplía: “Me encantaría poder irme tanto de fiesta como en el show cuando estoy fuera, ¡por eso disfruto tanto de las grabaciones, son mis vacaciones! Afuera tengo mi spa, un programa en MTV Play, un showcase… ¡no tenemos tiempo de enfiestarnos!”

La exposición 24/7 es la clave para convertir el tiempo libre en rentable. Al revés de la mayoría, en el oficio de celebrity la fiesta habilita el trabajo duro. La clave del éxito es que sus vidas están en una superplataforma medial: en 2014 eran simplemente dos chicas mexicanas que se consideraban atractivas y estaban dispuestas a todo (requisitos del casting). Hoy son empresarias que administran todos sus proyectos, aunque el principal es la marca que son sus nombres y cuerpos.

Guarras, sexualmente liberadas y súper frescas, tienen legiones de fans y se sienten cómodas como referentes. Como la gran mayoría de las sociedades latinoamericanas, la mexicana es conservadora y tiene al catolicismo y el machismo arraigados. En ese aspecto, están convencidas de que predican el buen ejemplo a través del entretenimiento. Mane afirma orgullosa: “Siento que rompemos con ese esquema tan machista latinoamericano. Y eso me gusta… está bien visibilizar que las mujeres ahora somos mucho más independientes, y es algo bueno. Soy mil por ciento feminista”.