Cuarenteñeros; yavacunaited and prontovacunés; seres y seras que a la cacerola la usan para hacer un guiso; distanciadérrimos; transbarbijes; autopercibientes cansados ya de estar cansados; trabajadores, oras y oros en su/nuestro día: es con todos nosotros y tudos ustedos.

No sé cómo andará vuestra percepción, pero la mía anda bastante extraña. Porque decir que lo que está pasando es absurdo es respetar poco el sentido de la palabra "absurdo", y decir que es criminal es como quedarse corto. No les alcanza con que la Covid cause la pérdida del olfato y del gusto: están haciendo o planeando cosas para que perdamos todos los sentidos, incluso algunos que ni siquiera tenemos.

¿O seré yo?

Un juez local dice que las escuelas no contagian, que pueden quedar abiertas a pesar de la pandemia. Mirá vos. Yo no sabía que los temas de salud los decidían los jueces. La próxima vez que me engripe, llamaré a alguien del fuero civil. Y quizás sea adecuado tratarme la diarrea con alguien del fuero contencioso (por lo de contener) administrativo. Pero si uno tiene fiebre, corresponde un per saltum e ir directamente a la Corte Suprema. Aunque mucho me temo que en la cartilla de mi prepaga no figura ningún juez. Capaz que les tendría que hacer un juicio, para lo cual, seguramente, consultaré a un proctólogo.

Una alta exfuncionaria de la que se sospechan muchas cosas, todas horribles, devenida profetisa del Apocalipsis infodémico, propone “darle las Malvinas” a un laboratorio a cambio de la promesa de mandarnos algunas vacunas, cosa que luego el laboratorio podría hacer o no, según se le canten los astros. La idea fue rechazadísima a nivel popular, por cuestiones de soberanía y amor patriótico, pero los de su propio partido la recriminaron diciéndole que no podría... darles a otros lo que no es suyo. Ella los miró sorprendida, ya que durante cuatro años (es un decir, en verdad fueron muchos más) su propio partido se la pasó dándoles a otros lo que no era suyo sino nuestro.

Quizás en algún nacionalismo trasnochado terminen reivindicando a esta ex, ya que el mismo acto vendepatriótico de regalar las Malvinas implica que son nuestras. Pero, conociéndola, cualquier día sale a decir que los mapuches son ingleses.

Un partido que se la pasó cerrando escuelas cuando hubiera podido abrirlas pide ahora que estén abiertas, para que niños, padres y docentes --digamos, la comunidad toda-- no pierda una de las más importantes libertades que el neoliberalismo nos legó: “la libertad de contagio”. Seguramente explicarán que "la escuela no contagia, los que contagian son los/las que concurren a ella” y algún juez epidemiota les dará la razón.

Otra ex de triste pasado recorre cámaras gritando que “los padres militantes secuestran a los niños que lloran porque quieren ir a la escuela”. Ningún juez especialista en psiquiatría la llamó aún.

Una de las que ya nombramos llevó a un grupo de niños a llorar en la quinta de Olivos, seguramente lo pudo hacer gracias a que, con sus altos conocimientos en seguridad, pudo liberarlos de sus padres, que los tenían secuestrados, explicó su co-lega, tan lega como ella.

Hoy es el Día del Trabajador y de la Trabajadora, no del Trabajo ni de la Trabaja. Hubo tiempos en que los trabajadores luchaban por el poder, otros en los que luchaban por el salario y las condiciones laborales, otros en que la lucha era por mantener los puestos existentes. Últimamente, la lucha de los trabajadores es por no extinguirse como especie.

¿Cuánto tiempo faltará hasta que un juez declare inconstitucional el 25 de mayo y el 9 de julio, de modo que volvamos a formar parte de España? El fallo tendría dos justificativos. Primero, mitigar la angustia de los próceres; segundo y principal: como en España en mayo es verano, tendríamos automáticamente un aumento de la temperatura, que ya sabemos que destruye al virus.

Los terroristas mediáticos insisten en estos días en comparar la pandemia con la dictadura, en cuanto al número de muertos. Se olvidan de… todo. Primero, se olvidan de que, en la dictadura, las víctimas no “se murieron”, sino que “los hicieron desaparecer”. Segundo, se olvidan de que los descendientes ideológicos de la dictadura están hoy codo a codo con los que denuncian la “infectadura”. Tercero, se olvidan de que quien hoy los priva de sus libertades ¡es un virus!

Por todo lo antedicho, podría yo creer, con un poquito de merecida malicia, que estamos en el Titanic y nos quieren vender paracaídas. ¡Ojalá pronto esté la vacuna antititánica!

Etceteréxit.

Sugiero acompañar esta columna con el video “Tapaditos”, exclusiva producción vintage-tanguero-epidemiológica del grupo RS Positivo, con la entrañable colaboración de Víctor Testani y la dudosa presencia de “El bisnieto de Gardel”.