Agresiones en Floresta
 

nHace tantos años, cuando existía el Concejo Deliberante y la capital no era autónoma, a algún genio se le ocurrió crear un polo textil entre Flores y Floresta. La idea era reemplazar o complementar al barrio de Once, creando un Distrito C3 entre Gaona, Emilio Lamarca, Venancio Flores y Emilio Lamarca. Era una zona de las que los urbanistas y sobre todo los especuladores ven como “muertas”, de casas bajas, calles arboladas y comercio barrial. El plan surgió efecto y la zona cambió, con avenidas como Nazca y Avellaneda, y calles como Cuenca, Aranguren y Bogotá llenándose de comercios minoristas, mientras Bacacay concentraba a los mayoristas. Las casas viejas y lindas fueron barridas por edificios que eran cuatro paredes mal revocadas de ladrillo hueco, tinglado de metal en el techo y vidriera, baratito y rápido para bajar la inversión. Las casas más grandes renacieron en esa tipología novedosa, el taller de esclavos que cada tanto se incendia y deja a la vista el comercio de inmigrantes encerrados para trabajar. 

Por algunos años, la frontera de la calle Emilio Lamarca se mantuvo más o menos estable, pero un día alguien se cargó una linda casona en Bacacay y San Nicolás, lo que despertó al barrio. Los vecinos se pusieron en pie de guerra y comenzaron a denunciar sistemáticamente los abusos, las obras ilegales, las “distracciones” municipales. En 2010 lograron un Area de Protección Histórica que preservó varios edificios patrimoniales e identitarios, y que limitó drásticamente los usos permitidos en Floresta. El APH se transformó desde entonces en un verdadero campo de batalla entre chantas y vivos versus vecinos, un laboratorio de qué se consigue con coimas e indiferencia.

Una cosa llamativa es la evidente diferencia en la suerte que tienen proyectos idénticos, con usos idénticos, en la misma cuadra: algunos son permitidos, otros no, siempre con la misma prosa burocrática de la disposición oficial. Este “peaje” abierto tiene una tendencia alarmante a repetir el mismo truco, el de autorizar viviendas multifamiliares “con consultorio” -por alguna razón, eso del consultorio es común- que luego terminan siendo evidentes locales. Las fotos muestran tres casos en Bacacay, Bahía Blanca y Joaquín V. González, direcciones donde está prohibido hacer locales porque caen en el APH pero donde lucen las persianas metálicas que los inspectores parecen no poder ver.

Un nuevo caso que fascina a los vecinos se está dando en Bacacay 3840, donde el expediente de obra es realmente creativo. Sin ponerse muy técnico, el cartel de obra anuncia una zonificación que no existe en las normas y una superficie total absurda. Es más, si el FOT del cartel es correcto, se podrían construir 857 metros cuadrados, pero el chapón dice que se pueden hacer 958 y se van a construir 1282... ni a ellos les cierra la cuenta. 

Este tipo de cosas parecen hasta divertidas, pero resulta que los vecinos están siendo agredidos por denunciarlas. La semana pasada uno de estos vecinos fue atacado en Aranguren y Segurola por una patota que le cruzó dos autos. El vecino fue herido en el cuerpo y la cara, tuvo traumatismo de cabeza, y le gritaron “dejate de joder, hace años que nos venís jodiendo el negocio”. También le avisaron que lo iban a matar y a su familia. Y esta semana, otro vecino fue atacado en la calle Yerbal cuando sacaba fotos de obras sin cartel alguno. Le pegaron y le sacaron el celular.

Los dos casos están en la justicia, mientras se revisan las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona.