Febrero es un mes corto, espinoso y cuesta arriba. Viene difícil, piensan funcionarios nacionales. La sequía damnifica a las producciones agropecuarias. Las arcas del Banco Central están vacías. Pocos dólares para defenderse de los embates especulativos y devaluacionistas, pues.

La renuncia del diputado Máximo Kirchner a la presidencia del bloque del Frente de Todos (FdT) detonó la mayor crisis de la coalición desde que gobierna.

El entendimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) avanza aunque no está cerrado. Resta atravesar el tratamiento legislativo que será peliagudo, inédito.

Marzo, suponen en la Casa Rosada y arrabales, tendría que ser mejor. El acuerdo con el FMI podría firmarse, entrar dólares, oxígeno imprescindible en la actual contingencia.

El ciclo natural dará una mano: las retenciones a la soja comenzarán a ingresar. Los altos precios garantizan que los productores vendan pronto, minga de acopios especulativos.

Luego del Acuerdo con el FMI, confían en Economía y en Olivos, habrá meses de relativa tranquilidad (medida con los peculiares parámetros argentinos).

La temporada veraniega record y el crecimiento de la industria estimulan el optimismo del Gobierno. La recuperación, suponen, llegó para quedarse. La obra pública sumará otro motorcito, intuyen y propugnan.

El comienzo de las clases servirá para encauzar la cotidianeidad de las familias. Si la pandemia aminora puede arrancar en los hogares argentinos un año menos estresante, más normal que 2020 y 2021.

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Jubilaciones y paritarias: Para compensar algo las dificultades, las jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Asignación por Embarazo aumentaron el 12,8 ciento. El aumento de la recaudación impositiva, un dato auspicioso de 2021, impacta en el porcentaje alcanzado.

Despuntan las negociaciones por convenciones colectivas.

Sin reforma jubilatoria ni laboral, la política social discurre como años atrás. Las tratativas entre empresarios y sindicalistas se despliegan “como siempre” (apodando “siempre” al período inaugurado en 2003 por el presidente Néstor Kirchner). Arranque de una buena nueva, que lo será del todo si esas rutinas redundan para mejorar los ingresos de los trabajadores activos o jubilados.

Las negociaciones por la Paritaria Nacional Docente (PND) arrancan (claro) antes del comienzo del ciclo lectivo. La PND fija el piso del ingreso de los trabajadores de la educación para todas las provincias. Es simultáneamente un galimatías (se acodan a la mesa, las 24 provincias, la Nación y cinco centrales sindicales) y una garantía para maestros de los distritos con menos recursos. Primera gran convención colectiva de cada año, su porcentaje de cierre funge como referencia para los reclamos de otros empleados públicos, en las provincias y en la Nación. No está escrito en ningún lado, pero funciona así.

El Gobierno nacional pretende llegar a una cifra decorosa, los gobiernos provinciales también pero como son ellos los que pagarán reclaman cautela.

El Consejo Nacional del Salario se congregará el mes que viene, determinará el salario mínimo vital y móvil. No impacta en los convenios colectivos (cuyos mínimos lo superan, de ordinario). Sí vale como base para el cálculo de salario inicial docente o para la mensualidad de beneficiarios de programas sociales.

La vastedad de la clase trabajadora se deja describir así: hay quienes rondan el salario mínimo vital y móvil; hay quienes se preocupan por el mínimo no imponible a las ganancias.

La desigualdad en la Argentina es la más grande de la historia. Los trabajadores con empleo registrado la pasan mejor que otros hermanos de clase… pero el abanico salarial entre ellos hoy en día supera cualquier precedente. La mayor parte llega con la lengua afuera a fin de mes, hay compañeros que viven mejor.

Un ejemplo (atípico al mango, irrepetible) resalta la tendencia. Los empleados de la fábrica de neumáticos Bridgestone terminarán de cobrar en mayo un premio de $730.000 cada uno. Corresponde como participación en las ganancias de la empresa. Surge de un acuerdo convencional firmado en plena malaria económica, en 2001. La conducción del Sindicato de Trabajadores del Neumático de la Argentina (SUTNA) aceptó una reducción de derechos contra una serie de contrapartidas. Algunas inmediatas. Otra deferida a acontecimientos futuros, inciertos, dudosos: la aludida participación en las ganancias de la empresa, cuando mejorara la economía… si mejoraba. En el momento parecía ilusión pero la reserva de derechos se tornó aplicable. Un ejemplo asombroso de conciencia sindical, de muñeca para pulsear incluso en una etapa de gran debilidad.

La participación en las ganancias está reconocida como derecho por el artículo 14 bis de la Constitución pero son contados los ejemplos en que deja de ser mera enunciación.

La Bancaria, una asociación con dirigencia combativa y lúcida, lo obtuvo en ciertos casos. Existen convenios de empresa que la admiten y en determinadas ramas de actividad se conciertan pactos contractuales en igual sentido. Hablamos de minorías ínfimas dentro del conjunto, las que cruzan a empresas rentables con representantes gremiales (o hasta trabajadores individuales) batalladores e inteligentes.

Hasta esas excepciones necesitan pulsear para hacerse valer. El sector financiero se la lleva con pala desde buen tiempo atrás. La Bancaria consigue sueldos dignos superiores a la inflación y condiciones de trabajo dignas. Pero necesita pelearlas año tras año, sea durante el macrismo, sea ahora. Con paros, movilizaciones, concretados o anunciados. Todo derecho es una conquista, siempre se consigue a expensas del otro. El promedio de las convenciones colectivas será distinto al de la Bancaria, se sabe.

El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, explicó en un reportaje a radio La Red que el Gobierno pretende que las negociaciones discurran estimando un 40 por ciento de inflación anual como techo para los aumentos anuales. Queda la posibilidad, concretada el año pasado, de reabrirlas si los índices de precios superan esa cifra. Habrá que ver cómo reaccionan las cúpulas sindicales y sus bases. La dirigencia cegetista lleva buenas relaciones o de transigencia con el Gobierno pero hay dos datos de contexto que pueden complejizar el cuadro.

El acuerdo con el FMI dinamiza a cuadros, delegados o seccionales combativas, a luchar “contra el ajuste”. Por otra parte, la recesión de 2020 y los primeros meses flojitos de 2021 quedaron atrás. Circunstancias así disciplinan a los trabajadores, las reactivaciones (con total lógica y derecho) estimulan que busquen mejorar su posición relativa. El crecimiento del Producto Bruto (PBI) que destaca el Gobierno incita a pretender mejoras significativas tras varios años (no menos de seis) de vacas flacas.

Ni en los mejores años del kirchnerismo el Gobierno pudo imponer una pauta, un techo (o como quiera llamárselo) logrando acompañamiento unánime de los gremios y los trabajadores. La deuda interna debe achicarse durante 2022…Habrá que ver.

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El crecimiento prometido: El ministro de Economía, Martín Guzmán, y el Presidente prometen que el crecimiento dará para cumplir las metas pactadas con el FMI, crecer, aumentar el PBI y (en menor proporción) el gasto social. No dispone de margen para vetar la puja distributiva sin contradecirse.

Integrantes del equipo económico imaginan una suba del PBI superior a la que predice el FMI: cuatro por ciento, dice algún ministro en voz alta. No parece tanto tras el envión de 2021 que implica de entrada 3 puntos del PBI de “arrastre estadístico”. En voz baja, en el trajinado “off the record”, el optimismo oficial de la voluntad proyecta 6 puntos… Shhh.

Una reforma impositiva escapa a las previsiones del Gobierno, por varias causas. La más ostensible es que sería imposible con la actual integración del Congreso. Juntos por el Cambio capacita para trabar reformas. Peor aún, imaginan cuadros oficialistas: “En 2023 van a promover proyectos de supresión o bajas de impuestos. Habrá que colgarse del travesaño para frenarlos”.

Sostener la recaudación impositiva, objetivo irrenunciable. La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) va en busca del tiempo perdido. Suspendió ejecuciones de deudas durante 19 meses para aliviar las consecuencias de la pandemia. Ahora las activa, identifica morosos, procura mejorar la base para impuestos progresivos, busca bienes en el exterior. Desde ahora, podrá trabar embargos sobre “billeteras virtuales”, que entre tantas funciones cumplen la de esconder patrimonios.

La mejora de la administración tributaria, antes que la creación de nuevos tributos, es parte de la caja de herramientas de la AFIP.

Obtener apoyo de las administraciones provinciales… un incordio o una quimera. Cuando se firmó el Pacto Federal, las provincias ya se manifestaron reacias a crear impuestos a la herencia rehusando una propuesta progresiva del Gobierno nacional.

Más aún, las autoridades de los territorios corcovean cuando se les sugiere actualizar las valuaciones fiscales de bienes (inmuebles en especial) sobre las cuales se perciben tributos. El federalismo argentino es agrisado y mistongo. Los territorios se quejan del centralismo nacional y de su voracidad fiscal pero (en general) no aplican a aumentar gabelas. Casi todos ofrecen una suerte de competitividad espuria, mini paraísos con baja carga impositiva.

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Marzo, Congreso, su ruta: El primero de marzo Alberto Fernández abrirá las sesiones ordinarias. Las extraordinarias quedarán en veremos, no hay plafón. Al cierre de esta nota, en la tarde del sábado, cuesta imaginar qué escenas se verán en el recinto. Las divisiones del FdT lo tornan impredecible, hay pocos precedentes comparables.

La clave en el corto plazo será el debate sobre el Acuerdo con el FMI. Ahorita mismo, JpC parece inclinarse a facilitar la aprobación sin renunciar a denuncias, acusaciones o macartismos variados.

El nuevo presidente del bloque del FdT, Germán Martínez, conversa con sus distintas “tribus”, por separado. No hay reuniones plenarias, de momento: mejor ir pispeando el clima interno.

Martínez insiste en el optimismo de la voluntad (no da por perdido ningún voto) pero el cuadro de situación indica que la mejor performance posible es asumir que habrá abstenciones y precaver que las divergencias no deriven en agravios ni en divisiones desde cualquier sector de las bancadas del FdT.

Desde la renuncia de Máximo Kirchner las figuras más relevantes del oficialismo se han cuidado de no escalar públicamente las polémicas pero cunden los malestares y los reproches en voz baja.

Tras perder las elecciones de medio término, tras una crisis posterior a las Primarias Abiertas (PASO), el oficialismo en su conjunto afronta el básico desafío de defender la “unidad hasta que duela”, aquella que determinó que hubiera 2019. Todo depende, básicamente, del autocontrol y de la voluntad constructiva de sus dirigentes.

Si se evitan errores, si se gambetean provocaciones de los adversarios, si se encarrilan las divergencias internas, si se cumplen las promesas de AF y Guzmán, puede haber 2023 evitándose el default, la ingobernabilidad y también la amenaza del regreso electoral del macrismo.

En marzo se empezarán a despejar incógnitas, el oficialismo siempre cuenta con más herramientas que sus adversarios. Claro que tiene que saber usarlas... Estas historias continuarán.

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