Fito Páez tenía un amigo que padecía una “enfermedad incurable”. Y le escribió una canción de aliento, con cierta mirada esperanzadora sobre esos días que quedaban… Esa fue la idea original de la letra de "Las cosas tienen movimiento":

Muchas veces me pregunto / qué estamos haciendo acá / dejo de pensar y veo que al final siempre estarás, / siempre estarás / en mí.

He llegado a no escucharte tocar fondo / tanta inmensidad / perdidos de verdad /

Pero siempre estarás / siempre estarás / en mí.

Una voz / como un sentimiento / o una canción / algo más / que me ayuda a despertar.

A seguir / a no bajar la guardia / siempre a seguir / no esperés / no te enseñaré a vivir.

Movimiento / las cosas tienen movimiento / la oportunidad / de estar en libertad /

es que siempre estarás / siempre estarás / en mí.

Como un soplo, como la lluvia, / como un rayo de luna / oxigenarás mi vida hasta estallar / pero siempre estarás / siempre estarás / en mí.

Fito tenía pensado incluir el tema en su disco Giros y aunque le entusiasmaban los comienzos con acordes a lo McCartney no le terminaban de convencer sus aires “épicos”. Llegó a la conclusión entonces de que era una canción de “otro palo” y quedó fuera del álbum. Quedó huérfana por un tiempo hasta que la escuchó Juan Carlos Baglietto y se la pidió para su futuro disco Modelo para armar. Y Juan le puso voz, se apropió de ella y la revivió con su notable interpretación.

–Siempre me gustó la frase “como un rayo de luna / oxigenarás mi vida hasta estallar”, era exótica para una letra de la música popular recordó su autor.

A Páez le volvió a gustar la canción cuando la cantó Luis Alberto Spinetta. “Siempre estará en mí, Luis Alberto”, agregó Páez cuando la cantaron juntos.

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En la infancia uno vive. Entonces el recuerdo de esa etapa siempre es maravilloso. Lo dice pensando que hay palabras que lo acompañarán para siempre: muerte, amor y locura; los temas de todo el mundo; los clásicos. El miércoles 13 de marzo de 1963, Margarita Zulema Avalos —pianista, concertista y profesora de álgebra— llegó al Sanatorio Británico de Rosario con una urgencia inocultable: estaba a punto de parir a su primer hijo. Tenía 33 años y esta vez confiaba en que no hubiera complicaciones en el parto. Su cuñado, el obstetra Eduardo Carrizo, la asistió en el parto. Y cuando el vástago pegó el primer alarido, Margarita lo cobijó en su pecho. Llevaría el nombre del padre, Rodolfo. Rodolfo Páez. El pequeño llegó a una casa llena de sonidos de música clásica, con su madre tocando Brahms y Liszt en el piano de concierto, colocado en el living de Balcarce 861 (el hijo se inclinaría en la adolescencia por autores más audaces, vinculados con lo contemporáneo: Debussy, Ravel, Varése; se aburriría con Chopin y Mozart; le fascinaban los autores audaces, la locura de la lucidez, la locura que no se apoya en la moral). El proceso de crianza tendría un corte inesperado. La madre debió convivir con un cáncer de hígado -la familia pensaba en un principio que se trataba de un embarazo más-, y se murió cuando el niño tenía apenas ocho meses. De ella, quedan el recuerdo de una foto vestida de blanco tocando el piano; un disco de pasta grabado en una radio. El niño se ubicó en un plano distinto a los demás, lamentaba su ausencia justo cuando había que acceder a la llave para accionar el mundo.

-¿Cómo recordás a tu madre?- le pregunté hace miles de años.

-Yo creo que ella está todo el tiempo en la manera en cómo toco el piano. Mi vieja fue la generadora de todo lo que me pasó. Fue la primera ausencia, en el primer sentido de que la cosa no andaba bien y que el mundo ha vivido equivocado.

-También confesaste que una vez encontraste un agujero y por ahí hiciste pasar tu música.

-Siempre me acuerdo de eso. Ese agujero me lo hizo mi vieja. Y eso está en lo que hago- respondió Páez.

Horacio Vargas es el compilador del libro Las cosas tienen movimiento: 40 años de la Trova Rosarina (Santa Fe Ediciones). Lo presenta junto a los periodistas rosarinos Sebastián Riestra y Pedro Squillaci, el subsecretario del Ministerio de Cultura de Santa Fe, Felix Fiore, y los músicos Adrián Abonizio y Pichi de Benedictis. El 14 de mayo a las 16.30 en sala Tulio Halperín Donghi de la Feria del Libro.