“La revista de la Patria” regresa más democrática, pluralista y progresista para debatir en profundidad sobre las zonas más lúgubres del pasado, las urgencias del presente y las complejidades de cara al futuro. Caras y Caretas, inscripta en la memoria de los argentinos desde su aparición en 1898, cuando la dirigía Fray Mocho, acompañó la fundación de la Argentina moderna. En tres siglos supo ser liberal oligárquica, después liberal a secas hasta 1939, también tuvo su versión peronista de 1951 hasta 1955, y desplegó una perspectiva antidictatorial y peronista de izquierda entre 1982 y 1984. El primer renacimiento de la revista sucedió durante el gobierno de Néstor Kirchner en 2005, de la mano del grupo Octubre, con la dirección del historiador Felipe Pigna y María Seoane. Caras y Caretas, con esas caricaturas vintage que son como su insignia estética, vuelve a partir de mañana con PáginaI12, siempre el último domingo de cada mes, con la compra opcional de la revista por 50 pesos. “De Roca a Macri, la oligarquía argentina” es un relanzamiento para coleccionar, con artículos de Mario Rapoport, Leandro Losada, Victoria Gessaghi, Néstor Restivo y Marcelo Conti, entre otros.

Las grandes fortunas


“Una cuestión central es que la oligarquía se constituye desde el Estado y es fuertemente estatista –subraya Pigna–. No hay una gran fortuna argentina que no se haya hecho a partir del Estado. Las grandes fortunas se hicieron desde el Estado, con la apropiación de tierras o con los negocios en la obra pública, que suena contemporáneo pero tiene muchísimos años: las obras del ferrocarril, las obras del puerto, las cloacas. Todo eso se hacía con contratistas privados, y siempre eran beneficiadas las familias cercanas al poder o que integraban el poder”. El director de Caras y Caretas cuenta que la oligarquía necesita tener el control del aparato del Estado. “Podían perder el gobierno, pero el Estado no –compara Pigna–. En los momentos de pérdida de control del aparato del Estado, que ocurrió con el peronismo, hubo una aspiración por tomar ese control de manera violenta, como ocurrió en el ‘55 y en el ‘76”.
“Este es un dato que a veces se escapa: se los considera privatistas y no es así; son enormes agrandadores del Estado, contrariamente a esas calcomanías que lamentablemente no pocos argentinos pegaban con entusiasmo: ‘achicar el Estado es agrandar la nación’ –continúa el historiador–. Por el contrario, agrandaron siempre el Estado, no en el sentido que nos gusta a los que somos partidarios de la distribución del ingreso, de la salud pública y la educación pública, sino que la oligarquía deja a esos rubros con poco presupuesto para destinar la parte más sustanciosa de la torta a subsidios, prebendas, negocios, que hacen siempre desde y a partir del Estado”. Nada mejor que el tiempo presente para ilustrar el asunto. “Al principio de la gestión de Macri, hemos visto cómo se le quitaron cientos de miles de millones de pesos en impuestos a los grandes capitales agropecuarios y mineros. Eso es dinero que el Estado debe obtener de otra parte, a través de deuda y déficit fiscal, que es una forma de agrandar el Estado”.

La estirpe del saqueo


En una de las notas editoriales, “De oligarcas a plutócratas”, Seoane repasa la historia política de la oligarquía desde la construcción del Estado nacional, asentado con el roquismo, “un estado laico basado en la educación pública con un desarrollo importante, pero también con sus aspectos brutales de la acumulación originaria de la élite, que consistió en la persecución a los obreros”, recuerda la directora de contenidos editoriales de la revista. “La inmigración venía con obreros ideologizados, anarquistas y socialistas, por lo cual se importaba mano de obra, pero también ideología. El genocidio a los pueblos originarios contribuyó a repartir 30 millones de hectáreas en pocas manos. La oligarquía perdió representación política a partir del triunfo de la república democrática que se inició con el voto universal secreto y obligatorio. Hasta los años ‘30, a los tumbos, logró mantener una representación política que terminó con (Agustín P.) Justo y la gran crisis internacional, pero nunca se recuperó desde el punto de vista de una formación política como el Partido Autonomista Nacional de Roca, que hizo el Estado moderno a principios del siglo XX. En el período que va de los años ‘30 hasta el ‘76, la oligarquía terrateniente mutada a gran burguesía agroexportadora, en alianza con el capital inglés primero y después el capital norteamericano, cedió su representación a los militares, dio los golpes de Estado y no logró recuperar una formación política que le permitiera ganar en las urnas”.
“Pero con Macri cambió”, plantea Seoane. “La república democrática está en peligro de liquidación, en el sentido de que esta burguesía ascendió por el voto a través de la mentira del marketing, que es comparable también a lo que está pasando en Estados Unidos. En el nivel más alto de concentración del capitalismo, las oligarquías, la gran burguesía financiera, eligen una forma de representación a través de partidos que usan el marketing y el poder de los medios para la dominación simbólica: lo que hacían antes con los militares, lo hacen en la cabeza de la gente a través de la mentira. Me parece que estamos ante el peligro de que termine la república democrática tal como la conocíamos. Y lo que ha derivado, tanto en el caso de (Donald) Trump como en el caso de Macri, es la construcción de un gobierno en manos de plutócratas, en manos de los ricos con sus gerentes”.

El empate táctico


Pigna precisa que es la primera vez que un partido de la derecha llega al poder por el voto popular. “Esto no había pasado nunca en la Argentina. Había pasado a través del fraude o través del engaño, como el caso de (Carlos) Menem, que llegó con una promesa de revolución productiva y terminó siendo voluntariamente cooptado por la derecha liberal. La derecha tiene el mismo libreto siempre, no modifica mucho sus objetivos ni su discurso. La derecha se va dando cada vez más permisos en la medida que la sociedad se lo permite –advierte el historiador–. Uno mira con horror cómo se van habilitando discursos que hasta hace tres o cuatro años estaban inhabilitados: discursos xenófobos, racistas, homofóbicos, misóginos, que van apareciendo no casualmente en los medios de comunicación con cierta autorización desde el oficialismo que está en poder y en el gobierno”. El director de Caras y Caretas agrega que “un Estado que se define como liberal en torno a la libre oferta y demanda interviene violentamente a favor de las fuerzas del mercado al usar la represión contra todo aquel que quiera molestar a esas fuerzas, como cuando reprimió fuertemente al movimiento obrero”. Los momentos represivos emergen cuando está en juego el tema central, que es la distribución del ingreso. “Ahí hay una necesidad de barajar y dar de nuevo. El momento más dramático es lo que Juan Carlos Portantiero llamaba ‘el empate táctico’, que se produjo en el año ‘74, ‘75, cuando se llegó al 49 por ciento del reparto de la renta a favor de los trabajadores. Ese fue el motivo central el golpe, usando como excusa a la guerrilla, pero la cuestión principal era reformatear la sociedad para bajar esa distribución a los niveles históricos previos al peronismo”, explica Pigna.
“El problema es el retroceso en la adquisición de derechos de las mayorías –dice Seoane–. Si se establece una especie de estafa electoral como se vio en el debate entre Macri y (Daniel) Scioli, cuando Macri dijo que iba a hacer nada de lo que luego hizo, entonces lo que está sucediendo es una suerte de golpe simbólico sobre la credibilidad de la política, una manipulación que hiere profundamente a la democracia. Los ricos que toman el gobierno y asaltan el Estado ganan tiempo y plata por una brutal transferencia de ingresos de los sectores populares a los sectores más concentrados. Se llama transferencia de ingresos quedarse con la torta de la producción de cada país. Esto se dio a lo largo del siglo, lo explico en la nota editorial. El nivel de participación en el ingreso nacional de los trabajadores antes de cada golpe de Estado era alto, había que intervenir”, coincide Seoane con el diagnóstico trazado por Pigna. “La oligarquía y la gran burguesía no lo va a admitir nunca, pero no quieren pagar impuestos. Y los impuestos sirven para mantener el reparto equitativo de la riqueza en una sociedad, por lo cual esa ecuación está en discusión. Fue la base de todos los golpes de Estado y es la base también de la furia gerencial que se da ahora con el gobierno de Macri. En 2015, en el último año de Cristina, el porcentaje de participación de los trabajadores en el ingreso nacional a través del salario era de 50, 5 por ciento, uno de los más altos de la historia, incluso más alto que en la época del primer y segundo peronismo”.
Las alarmas se extreman a la hora de poner sobre la mesa la cuestión del endeudamiento. “El gobierno que asciende con Macri es un gobierno de plutócratas que lo primero que hace es transferir ingresos. Este saqueo siempre se basa en genocidios y en deuda externa. Entre 2016 y 2017 habrá cerca de 90 mil millones de dólares de deuda externa. Como dijo (Roberto) Lavagna, es sólo comparable con la dictadura y los ‘90. Y ni siquiera porque la velocidad, en menos de un año, indica una voracidad del capital concentrado en la Argentina sólo posible cuando los militares están en el poder o cuando los ricos están en el poder sin contrapeso político. Esta es la continuidad de Roca a Macri en cuanto a las bases que sostienen los modelos de exclusión, que son deuda y genocidio”. La periodista y escritora anuncia que el número de diciembre de Caras y Caretas tendrá como tema “Mundo Trump”. “La vulneración de derechos está en la base de los gobiernos de derecha. Yo diría que la novedad es la manera de llegar y de mantenerse en el poder. Los aparatos de dominación cambian, los grandes medios de comunicación al servicio de estos cambios son un tema a observar; es imposible que estas transformaciones se den sin esos cambios en la comunicación. El nivel de concentración del capitalismo en su etapa financiera es cada vez más feroz: que 80 personas concentren la riqueza de 3.500 millones de habitantes es algo increíble desde el punto de vista de la historia de la humanidad –cuestiona Seoane–. A eso se corresponden este tipo de diseños políticos como los de Macri o Trump. La revista Caras y Caretas trata de analizar esos cambios; por eso empezamos este relanzamiento con la historia de la oligarquía, porque de Roca a Macri hay rupturas y continuidades”.

El fin de la verdad


Seoane reflexiona sobre el rol de los medios de comunicación y sus vínculos con las oligarquías. “Si uno piensa en la constitución del Estado nacional después de Caseros y después de Pavón, cuando (Bartolomé) Mitre se transformó definitivamente en el líder, lo primero que hizo Mitre fue crear el diario La Nación. También los revolucionarios de Mayo lo hicieron, Mariano Moreno creó la Gazeta de Buenos Ayres. El problema no son los medios, el problema es la concentración de los medios de comunicación en grandes corporaciones con negocios en distintas áreas de la producción –advierte la directora de contenidos editoriales de Caras y Caretas–. Este es uno de los temas que el mundo va a tener que abordar porque no pasa sólo en la Argentina. Esas empresas se transforman en sirvientes de sus propios intereses económicos, no siempre ligados a la comunicación, pero sí respecto a los pactos con el poder que tiene que ver con el beneficio económico. Eso pone en discusión el tema de la veracidad. (Ryszard) Kapuscinski decía que cuando se descubrió que la información es un negocio, se terminó la verdad. Creo que hay una transformación acelerada de ese proceso en el mundo. La mayor parte de los diarios son grandes corporaciones de negocios y el oficio periodístico está muy limitado a los intereses de la corporación en todas las áreas. Lo que se ve en la Argentina y en el resto del mundo es que los medios se alinean para sostener candidatos que representan la defensa de sus negocios, con lo cual la verdad está en discusión y en peligro, como la república democrática, que debe ser sostenida sobre la verdad. Si un ciudadano es reprimido por un golpe militar, pierde su libertad y la república democrática está herida. Si un ciudadano es manipulado por los grandes medios de comunicación, también pierde su ciudadanía. La república democrática de cualquier manera está en peligro, porque la base del pacto de veracidad con los ciudadanos está en peligro”.