Un amparo para el patrimonio del Colón

El tratamiento del Teatro Colón fue una película de terror coproducida por tres gobiernos porteños sucesivos y dejó un tendal, de funcionarios avergonzados y de héroes como Fabio Grementieri, juzgado por un tribunal de “ética” compuesto especialmente por los primos bobos del CPAU y exonerado con honores por la justicia. Los catrascas que se lucieron con nuestro mayor teatro serán recordados por cosas como el desastroso piso nuevo del escenario, por la absoluta grasada que dejaron en la plaza adjunta y, ahora, por la emergencia patrimonial en que dejaron el Teatro. Ya se veía venir y ahora lo confirmó la justicia: nadie cuidó ni catalogó el patrimonio mueble de nuestra mayor institución musical.

Se veía venir porque los que recorrieron la obra se encontraban cosas como paquetes de programas antiguos o de partituras tirados por los rincones, manchados de cemento, atados con piolines. Los empleados del Colón acaban de conseguir un formidable amparo de ese amigo del patrimonio que es el juez Guillermo Scheibler, autor en este caso de un fallo de 47 páginas de sentido común. El juzgado 13 porteño en lo Contencioso, Administrativo y Tributario ordenó que se haga un inventario “pormenorizado” de los bienes culturales, históricos y artísticos del Teatro. El ejecutivo porteño, cuando termine este catálogo, tendrá que presentarlo a la justicia y protegerlo bajo la ley de Patrimonio Cultural, la 1227. Y también tendrá que presentar un plan de conservación, de exhibición al público y de acceso a artistas e investigadores. 

Schleiber destaca que tener que decirle esto a un gobierno es... algo que”conspira contra la conservación de importantes bienes culturales”, ya que “al no estar categorizados como bienes culturales es más factible que no se encuentren sujetos a los cuidados específicos que su preservación pudiese requerir”. Todo esto, por supuesto, lo saben en el gobierno porteño, pero no parece importarles que la situación “constituye un peligro para su preservación por cuanto al no estar determinados o incluidos en un listado específico, se encuentran sujetos al régimen general de administración de los bienes muebles públicos y por lo tanto, mayormente expuestos a su posible pérdida”, ya sea por “sustracción, por falta de adecuados cuidados o por simple inercia burocrática”.

Todo esto es de una exactitud quirúrgica, porque una y otra vez se pierden cosas porque se las roban, no las cuidan o quedan abandonadas de la mano de los funcionarios a cargo. Por dolo, por indiferencia o por incompetencia, se va perdiendo lo que es nuestro. Gracias a los trabajadores del Colón y a un juez cuerdo, el proceso puede detenerse ahora.