El lema feminista "mi cuerpo, mi decisión" convertido en razón para vender órganos, el canto en vacío del que se vayan todos sonando en el bunker de LLA; el mito del dólar circulante, libre, como moneda de pago del trabajo cotidiano, incluso el informal y la necesidad de encontrar lo común también con quienes votaron desde la furia y el enojo contra el Estado sin advertir que ese voto puede volverse en contra. Son tres aproximaciones para leer en conjunto el resultado del domingo pasado, también para salir del estupor y seguir insistiendo en detener el avance de la ultraderecha.
Frente al estupor de un voto mayoritario a un candidato que ofrece ilusiones ultraderechistas, urgen las conversaciones políticas amplias.