Desde Brasilia

Un culebrón sobre la postdemocracia. La semana pasada comenzó  con la publicación de un decreto a través del cual Michel Temer promulgó la ley que prohibió a la justicia ordinaria procesar a los militares acusados de asesinar o torturar civiles en las favelas por considerar que tales crímenes son efectos colaterales de esta guerra de baja intensidad aliada al avance tanto político como simbólico de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Al determinar que los efectivos del Ejército, la Marina y la Aeronáutica sean juzgados por sus pares la nueva ley institucionalizó una suerte de segundo foro especial. El primero había sido impuesto por la amnistía de la dictadura,  ratificada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal, que impidió procesar a ningún militar por violación de los derechos humanos. Así Brasil garantizó la impunidad de los represores y borró de la memoria colectiva uno de los gobiernos de facto más prolongados de América latina, que fue de 1964 a 1985.

Hubo pocas voces contra esta ley. Amnistía Internacional dijo que fue un “retroceso” capaz de recrear un clima parecido a de la dictadura. El rapero Gabriel el Pensador, relanzó un clip donde canta “estoy feliz, maté al presidente”, mientras camina por una favela.

El decreto presidencial del lunes pasado confirmó la degradación autoritaria del régimen surgido tras el golpe contra Dilma Rousseff  pese a lo cual el hecho no ocupó un espacio destacado en los diaros del martes.

En cambio los medios cerraron la semana el viernes dedicando una cobertura extensa  al último capítulo de una telenovela ambientada en la favela Rocinha, en el sur carioca, próxima a los barrios de clase media alta como San Conrado y Leblon.

El melodrama La Fuerza del Querer, de la oligopólica TV Globo, fue el programa diario con el rating más alto durante meses.   La industria del entretenimiento y la información de Brasil es tan concentrada, o más, que la de otros  países importantes de la región como México y Argentina. Pero el caso brasileño presenta dos particularidades que lo distinguen del resto.

Por un lado este es uno de los pocos países donde aún no hubo un debate parlamentario sobre la propiedad de los medios lo que favorece directamente al latifundio de Globo. Paralelamente los canales de aire prácticamente carecen de programación que trate sobre la actualidad política, una aberración que es más pronunciada en el caso de Globo donde no hay ningún a dedicado esa temática (que sí está presente en la señal de cable) . Es la proscripción de la política. A este déficit de realidad se lo compensa con superproducciones como el melodrama La Fuerza del Querer, en las que se tratan asuntos de la agenda noticiosa como la corrupción, las elecciones o la violencia estatal contra la población civil.

A través de la espectacularización de una contienda entre “buenos y malos” la autora de La Fuerza del Querer, Gloria Pérez, exaltó el arrojo de las tropas regulares cuando se exponían a  las emboscadas tendidas por el ejército de “bandidos” oculto en las calles angostas que atraviesan esa barriada pobre de más de 80 mil habitantes, extendida sobre un cerro pegado a una región de vegetación selvática, impenetrable, llamada Floresta da Tijuca. La  escenografía perfecta para ambientar  esta “guerra en el paraíso” que, en rigor de verdad, opera como un biombo para disimular la represión del Estado.

Por cierto la ficción ha sido una herramienta para orientar-ilusionar a la opinión pública en momentos claves de la historia reciente: como en las elecciones de 1989 cuando se puso en el aire una novela que glamurizó a un personaje de rasgos similares a los del entonces postulante presidencial Fernando Collor de Mello mientras el relato  desfavorecía a otro con características parecidas a las del también candidato Luiz Inácio Lula da Silva.

La victoria de Collor sobre Lula en 1989 contó con el sustrato imaginario aportado por la novela, pero también con la tergiversación informativa orquestada a través del informativo Jornal Nacional. Esos trucos siguen vigentes. Ahora, casi un año y medio después de la salida de la ex prsidenta Dilma, cuando las confesiones de lso arrepentidos demuestra que el golpe fue comprado “los medios siguen ocultando esa noticia”, dijo el jueves el ex ministro de Justicia del gobierno democrático José Eduardo Cardozo.

Recientemente surgieron sospechas sobre alguna complicidad entre la guionista de La Fuerza del Querer, Gloria Perez, y las oficinas de prensa de la Policía y las Fuerzas Armadas. Uno de los casos que justificaron esa suposición fue el capítulo del viernes 4 de agosto sobre un gran operativo en el imaginario “Morro do Beco”, el cual concretaría, de hecho,  al día siguiente con el despliegue de más de 6 mil tropas militares y policiales en favelas  de la zona norte de Rio de Janeiro. El secretario de seguridad carioca, Roberto Sa, aseguró ese mismo sábado, que no se filtró ninguna información antes de realizar semejante movilización de efectivos que, por cierto, pareció una acción de propaganda armada. Una combinación del “poder duro” de las tanquetas cercando las casas precarias donde se esconde el “enemigo” interno y el “poder blando” de la exaltación mediática.

El caso es que luego de aquellas maniobras en las barriadas cariocas de principio de agosto  la policía divulgó una nota oficial de “agradecimiento” a la contribución de la serie, que por su parte dedicó  un capítulo a los agentes “caidos en el combate” al crimen organizado.

Una encuesta del instituto Ipsos mostró el viernes pasado la eficacia de esta apología mediática de las Fuerzas Armadas en tiempos de democracia de baja intensidad: el 66 por ciento de los entrevistados declaró tener confianza en los militares y el 93 por ciento dijo desconfiar de los políticos.