“Milei, payaso, la brecha está en los datos” se lee en uno de los carteles. La referencia alude a todas las veces que el Presidente, en campaña o en funciones, hizo gala de su negacionismo (de la diferencia salarial, de la existencia de los femicidios, en definitiva, de la violencia como problema sistémico y la desigualdad estructural entre los géneros). Esa frase y luego otras (“A Milei no le tenemos miedo”, “A nuestra libertad no la maneja el mercado”, “A la motosierra, resistencia”, “Aborto legal en el hospital”, “No al DNU”, “No somos musas, somos artistas”) se van volviendo cántico al ritmo de la batucada. Improvisan sobre los tambores: niñas pequeñas sobre los hombros de sus mamás, estudiantes, mujeres taxistas, aeronavegantes que vinieron, como dice la pancarta, en defensa de Aerolíneas Argentinas, fotógrafas paradas sobre autos para obtener mejores tomas. Una ronda se forma alrededor de una mujer en silla de ruedas, después, otra, alrededor de una travesti que vino vestida de comparsa. Desde el balcón de un edificio en la intersección entre Solís e Hipólito Yrigoyen, un grupo de cuatro mujeres mayores y un señor, acompañan, cantan y bailan, agitan un pañuelo verde.

A pesar de la vigencia del protocolo de Patricia Bullrich, la gran presencia policial, las vallas que impedían acercarse al Congreso (y que aseguraron durante casi toda la tarde la circulación sobre la Avenida Callao) y la prohibición oficial de toda comunicación pública acerca del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, el primero en la era Milei, la movilización copó la Plaza del Congreso en la ciudad de Buenos Aires y se replicó en distintos puntos del país. 

La asistencia porteña fue masiva y multisectorial. Los feminismos volvieron a demostrar su capacidad de convocatoria transversal: se vieron banderas de todos los colores y sectores. Consignas del Nunca Más, el activismo antiespecista, las diversidades sexuales (sexuales, funcionales), luchas antirracistas, el movimiento villero, sectores sindicales, como la CGT, la CTA, ATE, SUTEBA, CONADU, entre otros, y movimientos sociales como La Poderosa, el MTE, el Frente Patria Grande, entre muchos más.

Dispersas entre la multitud, podían verse insignias por la legalización del uso del cannabis, la bandera naranja que aboga por la separación de la Iglesia del Estado, carteles en defensa de la educación pública, por la concientización sobre el autismo.

Cuesta trabajo encontrar en la historia argentina otro caso de un mandatario que señale explícitamente al movimiento de mujeres como un enemigo directo. Difícil es también dar con algún otro antecedente como la provocación que el viernes por la mañana anunció el vocero Manuel Adorni, que eligió el 8 de marzo para comunicar que el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada sería rebautizado como Salón de los próceres. 

En ese clima se empezó a activar 8M. Y en ese sentido las asambleas en las que a lo largo del mes de febrero se organizó la manifestación -con presencia de colectivos artísticos, sindicatos, asambleas vecinales, organizaciones sociales y partidos políticos-, por su masividad, ya funcionaban como termómetro de las multitudes que este viernes acompañaron en la Plaza Congreso. Muchos de esos sectores concentraron desde las 16 en la plaza. Y además de la concentración, distintas columnas confluyeron hacia ese mismo punto en una marcha que partió desde la Avenida de Mayo y 9 de Julio. 

“Estamos en un 8M histórico contra la ultraderecha que hoy está encarnada en el gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel”, leyó la periodista y voz emblemática de las luchas por los derechos humanos Liliana Daunes, después de la presentación a cargo de Taty Almeida, quien llamó a resistir las políticas ultraliberales y antiderechos de La Libertad Avanza, y fue ovacionada al llegar, en auto un rodeado por un cordón humano, y luego, nuevamente, sobre el escenario.

“Estamos frente a un gobierno autoritario que representa la reacción patriarcal, que habla de la motosierra para festejar un plan sistemático de saqueo y hambre y para destruir los derechos de la clase trabajadora y el pueblo, porque está al servicio de los capitales internacionales que vienen por nuestros bienes comunes y nuestra vida, y para poder hacerlo necesita un pueblo con hambre, sin trabajo, sin vivienda, sin educación y sin salud públicas. Repudiamos el desguace del estado: la desregulación, privatización y vaciamiento de políticas públicas”, leyó Daunes.

La precariedad de la vida cotidiana encierra cada vez más a las mujeres en los círculos de la violencia. Es tanto más difícil salir de ellos si se destruyen, como se hizo, programas como Acompañar, que funcionaba en la órbita del desmantelado Ministerio de las Mujeres Géneros y Diversidad y que tenía el objetivo de fortalecer económicamente a mujeres y personas lgbti en situación de violencia de género. 

A eso se refirió en medio de la marcha Clarisa Gamberra de ATE: “Milei viene a ajustar, achicar, desregular y privatizar el Estado y eso para nosotras es muy grave porque no hay forma de promover una sociedad menos violenta, más igualitaria sin la intervención del Estado, sin políticas públicas”. 


Graciela Morgade, vicedecana de la Facultad de Filosofía y letras de la UBA en conversación con este diario se refirió al ataque a los feminismos y a la educación pública y a la inversión en ciencia que es una constante del gobierno libertario. “Esta investigación científica en el campo educativo es la que justamente ha venido ampliando el horizonte de políticas y acciones para la inclusión en una pedagogía de la igualdad. La comunidad académica y la comunidad educativa en general está no solamente preocupada, sino también organizándose para defender aquello que es irrenunciable. Aquello que, en caso de desaparecer, como son las escuelas públicas, las universidades nacionales y el sistema científico y tecnológico, produciría daños irreparables en el corto y mediano plazo y pondría a nuestro país en un grado de desarrollo del siglo XIX”, analizó Morgade, desde la columna de docentes universitarias de la CONADU.

Por su parte, Claudia Albornoz, referente de La Poderosa, resaltó en lugar en la marcha y en este contexto político de los feminismos populares, y en particular, el lugar del feminismo villero, que hoy tiene un rol de resistencia. “Resistimos para sobrevivir, para sobrevivir. Porque está en juego la comida, la educación, el trabajo, que son derechos básicos, y desde ahí también ponemos en discusión qué es la libertad. Se grita mucho ‘libertad’ desde el gobierno nacional, mientras nosotras vamos perdiendo cada vez más derechos”.

Además de resistir, indicó Albornoz en diálogo con Página12, movimientos como La Poderosa tienen el objetivo de desarmar los estereotipos que “este gobierno fomenta” sobre los barrios populares y sobre las mujeres de esos sectores. “Se la pasan demonizándonos… ¡Cómo si nosotras fuéramos los precios! Nosotras no somos las que inciden en el precio del dólar. Nosotras, con nuestras cocineras al frente de los comedores en los barrios, que ahora dejaron de recibir insumos básicos, somos las que sostenemos y con triple jornada laboral (el trabajo remunerado, el doméstico y el comunitario) hacemos malabares que para que haya un plato de comida en los territorios”, dice Albornoz.

Y agregó: “Nosotras no ponemos los ministros de economía. No tomamos el tipo de decisiones políticas que influyen en el país. No generamos esta inflación en los alimentos. Ni dejamos en dos meses 6 millones de nuevos pobres”. Albornoz se refiere a que la devaluación y la disparada inflacionaria del gobierno de Javier Milei llevó en apenas dos meses el nivel de pobreza al 57,4 por ciento, contra el 44,7 alcanzado en el tercer trimestre de 2023. De acuerdo al análisis del Observatorio Social de la Universidad Católica, 27 millones de personas son pobres. La pobreza subió en los dos meses que lleva gobernando Milei un 12,7 por ciento.

Este viernes casi todas las demandas giraron en torno a denunciar el corrimiento del Estado y el sello de crueldad que le imprime el libertarismo. Todos los sectores que llamaron a marchar coinciden en que se está acelerando la feminización de la pobreza “¿Cómo puede una trabajadora a cargo de su hogar sostener ese gasto con salarios que se licuan?”, se pregunta Clarisa Gamberra de ATE. 

“Por eso este 8M es tan importante porque no estamos dispuestas a retroceder en derechos y tenemos que organizar la fuerza necesaria es tiempo de generar procesos de encuentro, de volver a tejer redes, comunidad y los feminismos sabemos de eso. Frente a la crueldad, nos cuidamos, nos tenemos paciencia, nos reconocemos y creamos las condiciones para resistir y también para imaginar el tiempo que viene”.