Homo Soñador

Desde Barcelona

UNO Rodríguez en la primera semana de normalidad anormal luego de tantos meses de anormal normalidad. Días en los que uno va y viene sin saber de qué va lo que iba o a dónde se irá a dar con lo que vendrá. Días como versión expandida de ese instante liminar en el que se despierta y no se sabe muy bien dónde se está, aunque sabiendo que sólo se puede estar en un sólo lugar: éste. Y ahí se entiende algo terrible: que el sueño no se hizo realidad sino que la realidad se impuso al sueño. Y que ni uno ni otra son en absoluto como se había vivido o soñado. 

DOS ¿Y qué soñó Rodríguez? Un sueño elíptico –la elipsis es el idioma de los sueños– en el que todo sucedía en espasmos y comprimido y fast-forward: irreconocible república que no llega a 24 horas de vida, autoexilio donde se es acogido por nacionalistas al día siguiente, y más o menos una semana después el regreso a la patria del desterrado prócer ya envejecido y crepuscular pero refulgente.

La vida despierta no es mucho más pausada o coherente. ¿Cómo se llama todo luego de la DUI, de la Declaración Unilateral de Independencia? Se llama DUImensíon Desconocida, pero sin un Rod Serling como sabio guía. Aunque, hay que decirlo, Rodríguez no se siente tan afectado por el hágase/préndase la luz. Nunca se creyó eso de cerrar los ojos y pedir ese deseo. Peor –mucho peor, para Rodríguez– están su hija adolescente de veintipico y su esposa infantil de cuarenta y algo. Ambas bailaron la versión sardana de “Despacito” envueltas en banderas esteladas y no se perdieron ni una marcha y hasta se hicieron unos moretones a lucir como medallas tropezando y huyendo de guardias civiles (a su hijo de once años –por fortuna y más allá de lo que adoctrinan sus maestros– sólo le preocupa si la Apple Store y Messi decidirán irse lejos cansados de tanta incertidumbre). La esposa y la hija de Rodríguez ahora se pasean como desanimojis sonámbulos en camisón sin fuerza, yendo de la cama al living, comiendo microondas y sin ganas de ir a la “butifarrada por la dignidad” y a beneficio de los aprisionados Jordis tan criticadas por vege/veganos. Así es la Independencia Alka-Seltzer: furioso burbujeo, todo se disuelve, y quedan, apenas, globitos de esos que hacen glub-glub en tribunales con el Procés Independentista acaso virando en exceso a carcelario Proceso Judicial en el Día de los Muertos (Políticos). Y todo se hunde después de bailar en el Titanic y comprender que no hay botes salvavidas para todos. El iceberg de peleas y discusiones entre la gente “normal” de una sociedad dividida permanece a flote. Y va a llevar mucho tiempo romper el hielo en casas y calles y bares que desbordan del más ahogante y atronador de los silencios y de ciegas miradas a un suelo que no deja de moverse e inclinarse. 

TRES Rubén Amón diagnosticó ejemplarmente el síntoma en El País: “Más allá de haber atracado la democracia a cara descubierta, el error de Puigdemont consiste en haber destruido el sueño prometido a su ‘poble’. Ha proclamado la independencia en el contubernio parlamentario. Y por esa razón ha desfigurado la ilusión que suponía aspirar a ella. No se ha dado cuenta Puigdemont de que ser independiente representa una degradación respecto al fervor de ser independentista. Y no sólo por la frustración que conlleva toda realización y la consecución de cualquier meta, sino porque los catalanes que se han conmovido en los vaivenes de esta farsa de la tierra prometida se percatarán de que han llegado, aleluya, al lugar en el que ya se encontraban”. Juguete roto, sí. Y sumarle a lo anterior el estar peor de lo que se estaba: autogobierno suspendido, elecciones navideñas que alterarán el dibujo de mayorías hechas de minorías, paro en aumento, y la sombra de la recesión económica para fin de año por fuga de capitales y suspensión de planes. Y para colmo –agotada ya la carta por las cargas policiales del 1 de octubre– ser motivo de burla en todo un continente que comienza a fabricar/reescribir en serie chistes de catalanes que antes se reían de otras regiones. Todo esto y mucho más mientras Podemos se autodestruye en luchas intestinas y gruesas; la CUP propone una “paella masiva insumisa” para el votante 21 de diciembre; y Junqueras se queja de que Europa no alzase su voz sin comprender que Europa (siempre crujiente, eternamente medieval, un juego de tronados con espadas y brujerías por debajo de toda cosmética regional y democrática) le pide que, por favor, cierre la boca y deje de alucinar de una buena vez por todas. Sí: el sueño de la sinrazón de Puigdemont (& Co.) produce monstruos y President en el limbo /bardo de Bruselas (Rodríguez le recomienda visita al museo del gran pintor belga René Magritte y aprender de la parte noble del surrealismo) jugando a mezcla de sentencioso Dalai Lama con nómade Tintín. Y ahí, cesado pero incesante, Puigdemont sigue con sus victimistas piruetas al vacío mal envasadas: dar calabazas y trucos y/o tretas en Halloween con pinchadas ruedas de prensa. Y la falsa épica de la cómoda clandestinidad. Y el embobado romanticismo del gobierno en el autoexilio. Y el disimulo lejos del cercano fuera de la ley y la fuga después de tanta tocata y toqueteo. Y modo Go to Jail (¿de verdad no imaginaban que iban a caer en esa casilla?) mientras continúa la partida en versión política del Monopoly donde la ciudadanía es la que siempre acaba quebrada. 

CUATRO Lo más pesadillesco es que sobre ensueños así –en embrujados castells de vértigo por cuyas almenas vuelan perdices mareadas– se hayan alzado las ilusiones de gente buena. Personas con ganas de estar en un lugar mejor sin moverse de su casa y fantaseando durante años con un volver a empezar que, de pronto y en cuestión de horas, ya pasó. Y el artículo 155 y la convocatoria a comicios casi inmediatos –a cargo de un Rajoy por una vez alerta y veloz y fulminante– han sido un despertador social de esos que hacen Historia y deshacen historietas. Y, claro, ahora la cosa está más complicada que antes: porque ya no se puede prometerle a ningún soñador el sueño realizado de la independencia. Según los estupefacientes independentistas –aunque no se note ninguna de las mejoras prometidas– Catalunya ya es independiente y orgánica. Pero por algún extraño motivo parece más desestructurada y dependiente que nunca. La declaración no era el real punto de partida sino la meta y la ficción; y después ya veremos que no hay nada que ver. Y los que cantaban en manifestaciones ese ambiguo y opiáceo himno que es el “Imagine” de John “Puedes Decir Que Soy un Soñador” Lennon ahora tienen que aprenderse la mucho más desilusionada letra y música de otra de sus canciones: “God”. Allí –antes de su hit-jingle– el ex-beatle acababa admitiendo, sin sedantes, que ya no creía en nada con un “¿Qué puedo decir? / El sueño terminó / Así, queridos amigos, / Sólo les quedará seguir”. Los que se burlan de quienes se lo creyeron, en cambio, ahora les cantan a los ilusos aquella irritante y juguetona “Dreamer” de Supertamp con vocecitas agudas: “Soñador, pequeño y estúpido soñador / Ahora te agarras la cabeza con las manos / Ya sabías lo que se te venía encima / Ahora ya no hay mucho que se pueda hacer”. 

Rodríguez le desea a unos que dejen descansar en paz y a otros que despierten bien. O lo mejor posible. Sin caerse de la cama y en la mejor compañía con la que contar, ahora que ya no les van a contar más cuentos para tener dulces sueños. Sueños de esos que no se recuerdan muy bien al despertar: cuando muchos festejan el que los problemáticos trogloditas abandonasen la cueva, sí; mientras que otros, como Rodríguez, saben que el problema del dinosaurio todavía está allí.