Las restricciones se vuelven procedimientos y el teatro parece un dispositivo invisible en Mi parte es todo, una salida para la ficción.
Diez crónicas teatrales sobre este año extraño e inolvidable, con la curaduría de Mauricio Kartún y actrices de la talla de María Onetto.
De le serie Modos híbridos, a medio camino entre el cine y el teatro, El Barco experimenta los límites de la narración y el lenguaje del colonialismo.
Los arrepentidos narra el diálogo entre dos personas que se sometieron a una cirugía de reasignación de sexo. Veronese construye una dirección que asume tanto la entidad documental del texto como las particularidades técnicas por las que hoy debe que atravesar el teatro.
Sofía Medici y Luz Algranti crean un dispositivo entre la disertación y la conferencia para tematizar la última etapa de la vida con espíritu rockero.
20 estrategias para negar la realidad es una experiencia en vivo en la que 13 performers proponen un recorrido sensible y vertiginoso para apropiarse poéticamente del escenario digital.
Crítica impactante del fascismo en esta época de protocolos, Otro trabajo, de la dupla Lisandro Rodríguez-Elisa Carricajo, destripa sin piedad la coyuntura.
En A Miami, de Ignacio Torres, la geografía de un baño se convierte en universo de fiebre, deseo y caída descarnada del amor.
Laboratorio humano donde los sueños y los cuerpos sobreviven gracias a la palabra pero también a pesar de ella: de eso se trata 65 sueños sobre Kafka.
Una idea de duelo que se vuelve cuerpo y movimiento se explaya en Los hijos de Isadora, inspirada en la trágica muerte de dos de los hijos de la bailarina y coreógrafa que revolucionó la danza moderna.