Carne de chancho indaga en la identidad y el deseo; un hombre solo se aleja de su mundo para amar a otro hombre y ser, definitivamente, fiel a si mismo.
Siete performers transmiten desde sus hogares una dramaturgia coreográfica con diseños sonoros, visuales y multimediales propios.
Dieciocho cuerpos que ponen en crisis la idea de ensamble, en La noche devora a sus hijos, una de Veronese en esta era virtual.
Amor en cuarentena ofrece un recorrido por el pasado de un vínculo amoroso que se quiere revivir y fracasa, una y otra vez, con lo irremediable del presente.
Una fábula sobre la muerte y una reflexión sobre los modos de escribir y de celebrar la amistad toman cuerpo en Acaricio perros de Consuelo Iturraspe.
Cuatro actrices solas en una habitación: una estética de la intimidad se genera en Todo lo que está a mi lado, de Fernando Rubio.
Dos geólogos hablan a los gritos y se preguntan que estará pasando allá afuera. Tragedia y comedia se juntan para construir una parodia del presente.
¿Cómo se baila el encierro desde los límites domésticos? Algo de esto intenta respondar con su cuerpo la nueva obra de esta artista, Danser como Bonard.
Como golpe y caída, El amor es un bateador de baseball canadiense estalla en la dramaturgia de Agustina Gatti a través del cuerpo de Gastón Frías.
La pasión y la psicodelia en el encierro se recrean en Silente y sutil, una performance de Juan Gabriel Miño.