La dramaturga Mariana Obersztern se pone al hombro la reconstrucción de una obra de Tadeuz Cantor, y en esa tarea se encuentra con su espíritu.
La angustia de una mujer del siglo XIX por verse atrapada en esa tarea infinita que es la vida doméstica y sus trampas.
La periodista Soledad Barruti adaptó al lenguaje performático el contenido de su libro Malcomidos, sobre las mentiras de la industria alimentaria.
En Ring, los personajes permanecen encerrados en un deseo que no contempla al otro y se desmorona en su propia necesidad.
Mis tres hermanas exhibe una versión más desolada y emocional del clásico de Chéjov en el que se inspira. La incapacidad de los personajes chejovianos para enfrentar y resolver sus conflictos tiene aquí una dimensión política porque el autor sitúa a las mujeres en un escenario provinciano de los 70 en nuestro país con la dictadura como telón de fondo.
Cuatro actrices se enlazan en un diálogo brillante y original que consiste en proponer preguntas que se superponen a la interrogación de la intérprete anterior.
Con adaptaciones de relatos de Raymond Carver, en Parte de este mundo se respira una idea ritual del teatro traducida a las posibilidades de esta época.
Con elementos del dadaísmo y de la sátira, la dramaturga, directora y actriz Mariana Chaud lleva adelante una puesta de Ubú Rey, el clásico de Alfred Jarry.
En La música, una ex pareja vuelve a reunirse para arreglar sus papeles de divorcio y se reencuentran con un otro que lxs interpela.
Las orquestas de señoritas de principios de siglo XX muestran, en La suerte de la fea, el mandato hacia las mujeres que nunca se satisface.